• Caracas (Venezuela)

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Demetrio Boersner

Nacionalismo liberador

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Venezuela se encuentra en un momento ultracrítico de su historia porque, aparte de su crisis constitucional y política, y de las graves dificultades económicas que afronta, corre el serio peligro de perder su independencia nacional.

Coincidimos con el pensador político y ex líder revolucionario nicaragüense Sergio Ramírez en que el chavismo hasta ahora no ha sido una forma de “socialismo” ni de “comunismo”, sino una versión del reaccionario caudillismo militarista cuyo prototipo es el peronismo. Tanto el peronismo como el chavismo son regímenes que no cambian las estructuras sociales (como sí lo hizo el castrismo en Cuba, con todas sus fallas), sino se limitan a ser “regalones”, a aportar alivios superficiales a los problemas de los pobres y crear, de esta manera, lazos de afecto y gratitud entre el carismático benefactor y los beneficiados.  Lazos que incluso se pueden transferir a los sucesores del caudillo si éste desaparece físicamente.  Por el otro lado, el peronismo-chavismo se caracteriza por sus fuertes contradicciones internas, entre tendencias de derecha y de izquierda, entre militares y civiles, y entre sectores populares y neooligárquicos, y por ello es vulnerable una vez que desaparezca el líder original. Por ello, un sector de su dirigencia se esfuerza por darle al movimiento un carácter más radical y monolítico.

Venezuela se encuentra obviamente en urgente necesidad de que la oposición democrática –necesariamente orientada por la MUD porque no hay alternativa y lo está haciendo relativamente bien– logre frenar los intentos del ala pro cubana del régimen, de superar la etapa “peronista” y enrumbar el proceso político venezolano hacia el castrismo.  Para contrarrestar estos intentos se requiere, además de la acentuada prédica de soluciones democráticas y sociales a los problemas del país, una fuerte campaña de contenido patriótico o nacionalista.

Todos los sectores oficialistas que no son fanáticos adherentes del colectivismo burocrático cubano –los sectores sociales, profesionales e institucionales que opinan que no nos hemos liberado de la hegemonía estadounidense para entregarnos a una humillante dependencia antillana, y que conservan claros criterios de seguridad, defensa e interés nacional– deben ser objeto de un gran esfuerzo de diálogo persuasivo por parte de los opositores democráticos. Debemos romper la barrera de mutismo, de desconfianza y de odio que el régimen ha erigido entre las dos mitades de la población venezolana, y emprender la tarea de crear un vasto movimiento de opinión y de acción no violenta, integrado por patriotas tanto antichavistas como chavistas, en defensa de la independencia y autoafirmación nacional.