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Demetrio Boersner

Con Pérez Guerrero en el NOAL

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En septiembre de 1979 participé en la VI Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, en La Habana, como integrante de la delegación de Venezuela, de la cual también formaba parte el doctor Manuel Pérez Guerrero, venezolano de prestigio universal, a la sazón asesor presidencial para asuntos económicos internacionales, con quien me unía una sólida amistad.

El NOAL se encontraba en crisis después de casi dos décadas de logros positivos. Había surgido en 1961 de la confluencia entre el "Tercer Mundo" liberado del colonialismo, y la Yugoslavia del mariscal Tito, rebelde contra la hegemonía soviética y protagonista del socialismo autogestor. Fue un movimiento independiente de ambos polos de la Guerra Fría, promotor de la paz y la justicia internacionales, con el cual Venezuela tuvo vínculos desde sus inicios, aun antes de formalizar su adhesión. Luego se desarrollaron dentro del NOAL dos corrientes antagónicas: la de Tito, que defendía el principio de la equidistancia entre los bloques, y la de Fidel Castro (apoyada desde Moscú con generosas dádivas a países pobres), a favor de un sesgo pro soviético. En la Cumbre de La Habana, el bando fidelista ejecutó una arremetida contra los moderados, y desde entonces el NOAL perdió prestigio e influencia.

Tito, visiblemente debilitado (le quedaban sólo siete meses de vida), habló el primer día, en defensa del no-alineamiento auténtico y equidistante. Se le escuchó con respeto, pero ya Fidel dominaba el terreno, y la batalla final se dio en una sesión maratónica, a puertas cerradas, que comenzó a las 5:00 pm del 8 de septiembre y se prolongó hasta las 9:00 am del día siguiente, bajo la batuta del incansable Fidel. Por el carácter cerrado de la sesión, se habló con toda la crudeza imaginable.

El representante de Senegal defendió la posición crítica hacia ambos bloques, y no uno solo, y por ello fue calificado por Carlos Rafael Rodríguez, quien presidía la delegación cubana, de "pequeño roedor", "pequeño miserable" y "gusano". El mariscal Tito sólo reapareció en el acto de clausura, donde exhortó a todos los presentes a la "unidad" y la "tolerancia", pese a diferencias de opinión.

Pérez Guerrero y yo atendimos juntos toda la interminable sesión nocturna. Al final, él me dijo: "A pesar de todo, estos son los nuestros, ¿tú no crees?". Y le respondí con convicción: "Sí lo creo". Lo sigo creyendo. En el actual mundo globalizado, los países en desarrollo continuarán defendiendo sus intereses específicos, tal vez ya no por el NOAL sino por mecanismos más idóneos. Sus iniciativas siempre merecerán la activa solidaridad de la futura Venezuela poschavista y libre.