• Caracas (Venezuela)

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Nelson Rivera

Libros: Byung-Chul Han

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A la extendida e intensa prédica a favor de la transparencia, Han, filósofo coreano formado en Alemania, responde: la transparencia ha adquirido tal poder de coacción que tiene un carácter totalitario. El auge de la transparencia supone el destierro de la negatividad en favor del establecimiento de una sociedad positiva, donde todo sea conocido, exhibido, puesto en evidencia. “Las cosas se hacen transparentes cuando abandonan cualquier negatividad, cuando se alisan y allanan, cuando se insertan sin resistencia en el torrente liso del capital, la comunicación y la información”.

En un mundo donde todo debe ser expuesto, donde todo debe ser despojado de sus secretos, se produce la liberación de las imágenes: desprovistas de profundidad, de elementos opacos, de zonas resguardadas al morboso apetito de los demás, se vuelven transparentes, inmediatas: la sociedad de la transparencia es la sociedad de la pornografía, la sociedad que borra la brecha entre la imagen y el ojo. Al estado de transparencia contribuye el que todo tenga un precio: nada guarda ya su lado oculto, nada alcanza a mantener su singularidad, todo puede ser comparado por su valor monetario. Vivimos la multiplicación, el crecimiento sin fronteras de lo igual.

El arrollador movimiento de la transparencia pasa por encima del derecho a la privacidad, de los límites que deberían proteger lo personalísimo. Una vasta industria, que opera a través de ciertas modalidades del periodismo, se dedica a ventilar, a exhibir en la vitrina pública, lo que hubiese podido permanecer bajo resguardo. De hecho, lo que ahora se entiende como “intimidad” es justo lo contrario: es el mecanismo de conversión para que los asuntos de la vida privada salten a la esfera de lo evidente, se transformen en data desprovista de negatividad, es decir, en material que verter al incalculable torrente de información que circula por el mundo.

Desnudas, arrancadas de su velo, las imágenes han perdido la capacidad que tenían de ser leídas solo hasta un punto. Ahora se exponen sin rubor. La sociedad pornográfica es, a un mismo tiempo, sociedad del espectáculo y la sociedad sin vocación hermenéutica. Sociedad que puede prescindir de la interpretación, pero también de eros, porque donde todo está previamente expuesto ya no es posible la seducción. Advierte Han: que de la amenaza del gran hermano con poder ilimitado de vigilancia, pasemos a un mundo donde todos nos vigilamos unos a otros. Que todos seamos promotores de la liquidación de las fronteras que separan el adentro del afuera, entregados de forma voluntaria, a una sociedad de panóptico ilimitado, del que cada vez más somos promotores y víctimas, a un mismo tiempo (La sociedad de la transparencia, Editorial Herder, España, 2013).