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Daniel Lansberg Rodríguez

Música para ahogarse

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En 1912, el año del naufragio del Titanic, el gobierno británico realizó una investigación oficial del asunto. Según sus conclusiones, la ilustre nave se estrelló con el famoso témpano de hielo a las 11:40 pm del 11 de abril, y ya hacia las 2:20 am del siguiente día estaba completamente debajo del agua. Es decir, todo el drama humano que ocurrió a bordo de ese buque condenado –esas historias que posteriormente han capturado la imaginación de múltiples generaciones, sirviendo como inspiración para un montón de películas y libros– se llevó a cabo en tan solo dos horas y cuarenta minutos.

Casualmente, dos horas y cuarenta minutos también resulta ser la misma cantidad de tiempo que le tomó a Nicolás Maduro el pasado martes informarnos de nada en particular. Una multitud de incoherencias, excusas y prolijas analogías históricas, liberalmente condimentadas con no menos de setenta invocaciones de “guerra económica”, un detallado listado de sus favoritos salones en Miraflores, y docenas de referencias a “pelucones” –por lo visto un nuevo insulto oficial du jour que nuestro mandatario busca popularizar en Venezuela.

Restándole las boberías, el mensaje del gobierno, en su totalidad, fue ese conocido y breve refrán: “Esto no es culpa nuestra, manténganse tranquilos, reformas vienen en camino, se las explicamos luego”.

Los economistas “pelucones” (de nada, Nicolás) nos informan que el venezolano no entiende plenamente el concepto de los costos de oportunidad –y que es por eso que le regalamos nuestro petróleo a los panas del vecindario geopolítico y nos enojamos tanto cuando un gobierno deja de regalarnos gasolina para uso personal.

Miremos entonces el costo de oportunidad para todos nosotros, que nos calamos el interminable discurso de Maduro en su totalidad, esperando en vano que llegara a compartir con nosotros algo tangible. Esas mismas dos horas y cuarenta minutos, utilizados de otra manera, me habrían alcanzado para correr el maratón de Caracas –y, suponiendo que yo igualara el tiempo del ganador del 2014, Juan Carlos Cardona, de 2 horas, 18 minutos, me hubieran sobrado suficientes minutos para ver un episodio entero de Big Bang Theory (siempre que no tenga propagandas).

Pero regresemos al tema de la investigación británica con el cual comencé esta contemplación. Cuando los investigadores entrevistaron a los sobrevivientes del naufragado Titanic, descubrieron algo curioso. Casi nadie podía recordar las acciones del capitán durante esas 2 horas y 40 minutos, entre el impacto y el hundimiento. Lo que la gente más recordaba era que la orquesta continuó tocando música cuando ya era seguro que el buque se hundiría y no se salvarían.

Ayer por la noche, viendo a Maduro esforzarse para seguir llenando el silencio con incoherencias, llegué a la siguiente realización: yo no estaba viendo un capitán, ni siquiera a un humilde marinero. Lo que veía era un “hombre orquesta” tocando en la cubierta de un buque casi sumergido.

A mis lectores, les deseo todo lo mejor para el año 2015. Que sus propios botes salvavidas sean amplios, accesible y lo más cómodos posible dada las circunstancias.

@Dlansberg