• Caracas (Venezuela)

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Ignacio Ávalos

El Mundial en 11 apuntes

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1.

Este Mundial fue el mejor desde hace unos cuantos. Fue la victoria de Alemania, el más vistoso y efectivo equipo del evento, en versión muy distanciada de la antigua metáfora que antiguamente lo describía, la de panzer (vehículo blindado de combate). Fue Argentina, subcampeona a punta de orgullo y más táctica que habilidad, con Messi jugando por debajo de Messi. Fue Holanda empezando a acabar con la nostalgia por la “naranja mecánica”. Equipos chicos agrandados (Costa Rica, Colombia) y equipos grandes empequeñecidos (Italia, Uruguay, Inglaterra, España). Selecciones modestas que siguieron modestas (las de Asia y África). Equipos que esta vez no, pero que tal vez en el futuro (Bélgica, Canadá, México, Chile, Estados Unidos).

Este Mundial fue, en mucho, el combinado de Brasil caminando desde el comienzo hacia la tragedia del Mineirazo que sentenció el olvido del Maracanazo.

 

2.

Este Mundial fue Klose, graduándose de mayor goleador en toda la historia de la copa. Fue Mascherano, Muller, James Rodríguez, Rafa Márquez y Robben. Fue Joel Campbell, Shaquir, De Bruyne, Alexis Sánchez y Schweinsteiger. Fue un puñado de arqueros (Neuer, Navas, Ochoa). Fue Neymar a medias, lo mismo que Cristiano Ronaldo. Pero no fue Messi a pesar de que la FIFA lo escogió (sospechosamente, dicen muchos) como el mejor futbolista del torneo.

 

3.

Este Mundial fue ver cómo la globalización ha permeado al fútbol. Constatar un proceso acelerado de mestizaje mediante el cual se han entremezclado filosofías, estrategias y tácticas nacidas en diversos sitios. Comprobar que los estilos nacionales se van diluyendo, que gobierna una suerte de sincretismo futbolístico. Verificar que la final entre argentinos y alemanes no fue choque de “civilizaciones futbolísticas”, sino el encuentro entre selecciones integradas por jugadores que en su gran mayoría juegan en clubes europeos, aunque tengan puestas camisetas distintas.

 

4.

Este Mundial fue mirar cómo asoma un debilitamiento de la articulación entre fútbol y nacionalismo. Observar cómo, poco a poco, el fútbol se “desterritorializa”. Cómo hace posible encontrarse con entrenadores brasileños en África, holandeses en Asia o españoles en Inglaterra, inversiones italianas alimentando equipos suramericanos, transnacionales alemanas comerciando con clubes mexicanos, petroleras árabes adueñándose de conjuntos ingleses, jugadores de todos lados que están en todas partes y fanáticos que transnacionalizan sus adhesiones.

Este Mundial fue, pareciera, darle cierto asiento a la idea del fútbol posnacional.

 

5.

Este Mundial fue en buena medida el del protagonismo creciente de los directores técnicos. Verificar cómo gravitan cada vez más en los equipos. Cómo deciden la estrategia del equipo para cada partido a través de un libreto fundamentado en informaciones de todo tipo, pues para ello sobran los dispositivos tecnológicos. Este Mundial dio pie para avizorar futbolistas que llevarán en la oreja un aparatico mediante el que recibirán las instrucciones del cuerpo técnico.

 

6.

Este Mundial fue, como siempre, la gran vitrina comercial para los futbolistas. Fue topar con jugadores absolutamente conscientes de su significado mediático. Que se saben anuncios comerciales. Que en todo momento están pendientes de la cámara. Que posan mientras juegan (o al revés). Que presentan una coreografía a fin de celebrar el gol.

Fue también el Mundial de los jugadores desdoblados en actores, expertos en engañar a los árbitros mediante el arte de la simulación, convertido en habilidad táctica en el marco de una cierta ambigüedad moral que gobierna al balompié.

Y fue, finalmente, el Mundial de las lágrimas. Nunca se vio a sus protagonistas llorar tanto.

  

7.

Este Mundial fue el mordisco propinado por Luis Suárez a un jugador italiano durante un partido de octavos de final. El establecimiento de una jurisprudencia según la cual un mordisco es más severo que una patada o un codazo, por más peligroso que estos sean. La reiteración de que ante la omisión de un árbitro, la FIFA procede de oficio según más o menos le parezca y le convenga. Fue, pues, el castigo justo al jugador uruguayo, envuelto en una sanción desmesurada que demuestra que la FIFA cree que, en materia de justicia, hay unos ombligos más redondos que otros.

 

8.

Este Mundial fue la FIFA eficiente, capaz de organizar un evento imposible de imaginar en otras disciplinas deportivas. La FIFA desenvolviéndose en medio de la oscuridad de sus decisiones y la falta de rendición de cuentas. Actuando a su aire, sin ningún contrapeso a la vista, ni siquiera el de los países afiliados. Atrapada por los recursos tecnológicos que abren la posibilidad de transparentar lo que ocurre en la cancha. Fue la FIFA abierta y severamente criticada, como nunca antes lo fue, motivo, tal vez, para abrigar la esperanza de que se verá obligada a cambiar, extendiendo su concepto de “fair play” más allá la cancha.

 

9.

Este Mundial fue el calvario de Dilma desde antes del inicio del evento. El calvario aliviado durante el evento. El calvario agravado después, debido a la actuación del equipo brasileño, la cual volvió a poner sobre el tapete las irregularidades que rodearon la copa y las demandas sociales de algunos sectores de la sociedad, todo en el marco de unas próximas elecciones.

 

10.

Este Mundial fue Venezuela futbolizada, pero no tanto como en torneos pasados.  Fue luto por la ausencia de la Vinotinto. Fue cierta dificultad anímica para inventarse otras lealtades. Fue alguna vergüenza por el pastelerismo. Fue la politización de las preferencias conforme a los cánones de la polarización que nos apabulla desde hace tres lustros.

 

11.

Este Mundial fuimos muchos venezolanos asumiendo su condición de habitantes de la Aldea Balón. Un gentío consumiendo su ración diaria de partidos y comentarios. Tratando de desentenderse de la porfiada realidad. Olvidándose de su trabajo, como si la situación nacional estuviera para esos lujos.

Después del domingo, este Mundial somos muchos re-encontrándonos con la vida más allá de la cancha. Encarando la grave crisis venezolana. Mirando el despiste político de tirios y troyanos. Y somos muchos abrazando la esperanza de que el campeonato de Moscú nos encuentre viviendo en un país más grato, sosegado y justo que el que ahora tenemos.