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Sergio Antillano

Mujeres museos

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Por décadas, guardó con celo los escarpines y la ropa con que vistieron al bebé para salir del hospital y entrar por vez primera a casa. Repitió esa costumbre con cada uno de sus hijos de quienes además, conservaba mechones de los primeros cortes de pelo. Ordenó en álbumes las fotos que tomaron parientes y amigos que tenían cámara, con momentos resaltantes de la familia. Guardó los mejores cuadernos escolares de sus hermanos e hijos y las cartas que llegaban con noticias desde lejos.

Acopió objetos de significación en el transcurrir del tiempo familiar. Con paciencia y goce conformó hermosos cuadernos con recortes de prensa y revistas de asuntos de su interés; letras de canciones, recetas, consejos de salud o de aseo del hogar, noticias que la impresionaron, obituarios de familiares y reseñas de algo que involucrara a un pariente; junto a hojas y flores prensadas entre esas páginas elocuentes.

No dejó que el tiempo borrara objetos, documentos, libros y hasta algunas prendas de vestir que fueron de sus antepasados. La madre documentó el transcurrir de la vida familiar a través de los años y eso le permitió contar, más visualmente. Ella facilitó y enriqueció la narración y reflexión sobre el pasado y ayudó a dar contexto, trascendencia y sentido a esa comunidad que era su familia.

Muchas bisabuelas, abuelas y madres asumen, en el seno de la familia, el rol que suelen tener los museos y bibliotecas en una sociedad. Son quienes identifican y acopian aquellos objetos relevantes para la comprensión y narrativa de la vida e Historia del colectivo. Ellas conforman colecciones de cosas que reflejan, recuerdan y explican lo que ocurrió en el pasado familiar. Ayudadas por fotos, películas, videos, grabaciones y otras técnicas, las familias suelen registrar los momentos y acontecimientos significativos del grupo familiar, como los museos buscan hacer con su entorno social local o nacional.

En ambos ámbitos, familia o país, objetos y formas de registro de imágenes y sonidos son organizadas en colecciones de inmenso valor patrimonial que testimonian el devenir de esa comunidad.
Guardianes del patrimonio cultural de un colectivo, los museos facilitan con sus colecciones la búsqueda de sentidos que está presente y determina cada expresión cultural.

Son quienes reúnen y conservan aquello que contienen información y valores relevantes para una narrativa de lo que nos ocurre y para la reflexión sobre lo que somos. Conservar y contar historias. Eso que hacen los museos, y en cierta manera lo han hecho muchas mujeres en el seno de su familia, desde tiempos inmemoriales, para dar trascendencia y sentido al grupo humano al que sirven.

El concepto moderno de museos, la práctica de conformar colecciones, la necesidad de proteger el patrimonio colectivo que permite contar historias y desarrollar capacidades sensoriales y cognitivas, puede estar presente en cualquier entorno humano, la familia, el vecindario, la ciudad, o la nación. Y es deseable que así sea.

Así como nuestras abuelas conservan la memoria colectiva de la familia y en ocasiones resguardan los objetos de significación que muestran a los más jóvenes para narrar historias que nos definen, así mismo un condominio o una empresa puede (y debiera) acopiar y conservar aquello que le permita narrar su camino recorrido para encontrar en ello el sentido del presente.

Esa actividad asumida de forma natural y espontánea por mujeres en el seno familiar, puede llevarse a cabo en cualquier nivel de la escala de grupos sociales. La trascendente labor de búsqueda y acopio del patrimonio cultural de un colectivo; el registro en fotos, videos, testimonios u otros medios de la memoria de un grupo social, y la construcción de narrativas que lo fortalezcan, le den trascendencia y significación, pueden organizarse en una empresa, un edificio, un vecindario o una escuela.

Las actividades que ello requiere son las mismas, aunque a diferente escala, que desarrolla un Museo nacional, cuando hace lo que le corresponde hacer.

Ello fortalece el tramado social y une a ciudadanos que comparten espacio cotidianamente, incentivando su noción de colectivo, y resaltando la importancia del talento e iniciativa individual en esa historia menuda. Museologizar un edificio, o el vecindario, ayudaría a unir a sus habitantes, dar sentido y propósitos al hecho de compartir ese pequeño territorio que co-habitamos, y poner en valor el paisaje urbano con sus particularidades locales que muchas veces no percibimos.

En diversos lugares hay experiencia en este tipo de iniciativas que hacen de cada edificación, de cada vecindario y cada pueblo o ciudad, un escenario propicio para contar su historia y poner en escena sus valores. Eso que mujeres, abuelas y madres, han hecho por la familia, es necesario realizarlo en esas otras “familias” que son nuestro entorno de trabajo, el vecindario que nos aloja, la ciudad que habitamos. Conservar su patrimonio, narrar su acontecer, ayudar a encontrar sentido y significación; trascender.

*Curador. Ingeniero. Planificador ambiental