• Caracas (Venezuela)

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Alexander Cambero

Muerto el patriarca

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Es el festín en el que Venezuela es el suculento bocado. Los alacranes se devoran entre sí. Una cruenta batalla de supervivencia extrema oscurece su horizonte. El mortal aguijón se oculta en las formas, creando un ambiente ficticio de unidad de grupo. Los intereses han podido horadar el proyecto político de Hugo Chávez Frías.

Muerto el patriarca: hundido en el recuerdo que pierde sintonía con la realidad; sus antiguos compañeros van en la búsqueda de los últimos bolsones del botín. Todos se cuidan de recibir cualquier presente del otro. Al vivir desde siempre juntos conocen de sobra lo que guardan en sus corazones. La crisis del chavismo básicamente es el reparto de cuotas de poder, ninguno desea que los espacios obtenidos lo tome su adversario interno.

Lo que acontece también se asemeja a los viejos asaltantes del western estadounidense. Detrás de la colina los forajidos aguardan el cansino paso de una diligencia tirada por viejos caballos de rasgada piel. La tensión se corta con cuchillo, aguardan el error para abalanzarse en contra de la inadvertida encomienda. De pronto, un ancho tronco bloquea parcialmente al camino. Se bajan los guardias e inmediatamente son reducidos; con pericia toman todo el dinero y se marchan velozmente, huyen por el centro de un bosque de galería con dunas de arena de pequeñas formaciones de piedra. Suenan algunos disparos que se ahogan en la quietud de la indiferencia que arropa. Vuela la impetuosa águila gris hasta el mundo de sus pichones; mientras la nación vuelve a sufrir un robo que la hace cada día más pobre. La nación bolivariana saqueada hasta el último de sus suspiros. Víctima indefensa de bandoleros que perturban sus anchos caminos, lo peor es que no existe una estrategia adecuada que puede evitar nuevas incursiones; no existe duda que estos bribones volverán a operar, para ello cuentan con el apoyo irrestricto de su gobierno revolucionario. La grosera complicidad se disfraza de alacrán o es el sudor del pistolero cuando aprieta el gatillo.

Así que el drama de Venezuela es la simbiosis del mortal escorpión con el artero accionar del pistolero. No existe mejor comparación con el régimen que estos elementos fulminantes de la realidad, hemos padecido de esta trampa durante años de engaños. La revolución pudo manipular las situaciones hasta que la realidad los rebasó. Ahora buscan ganar algo de tiempo para poder terminar de robárselo todo. Saben que la estantería se viene abajo, las antiguas tretas ya no surten el efecto de otrora. La revolución se autodestruye a cada instante; ya no saben cómo contrarrestar el aluvión de descontento que se incrementa con el paso de los días. En el mundo de los hipócritas todo es complot. El suave veneno sabe ocultarse tras la sonrisa fallida. Comienza el final de una historia que nos ha hecho un país con enormes dificultades.

alexandercambero@hotmail.com

twitter @alecambero