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Marcos Tarre

Muertes y responsabilidad

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Detrás del terrible homicidio de la Miss Venezuela Mónica Spear y de su acompañante Henry Thomas Berry, así como detrás de la muerte de las miles de personas menos conocidas que han sido asesinadas en Venezuela existen responsabilidades que van más allá de los simples y depravados autores materiales del hecho. Cada caso de homicidio es particular, y a veces complejo, con causas directas y otras menos visibles que facilitan o estimulan los hechos. La trágica y absurda muerte de Mónica Spear ha causado una lógica conmoción nacional, y perplejidad en los medios de comunicación internacionales. Analicemos este caso en particular.

La autopista que comunica Valencia con Puerto Cabello es una vía montañosa de seis canales, a la cual no se le hace mantenimiento desde hace mucho tiempo, por lo que abundan baches y huecos, y el alumbrado dejó de funcionar años atrás. La iluminación de la vía, a pesar de ser una promesa electoral del gobernador oficialista Francisco Ameliach, no se ha resuelto. En la región todos saben que a la altura del kilometro 28, en la zona de El Tambor, fueron invadidos terrenos adyacentes a la autopista y frecuentemente delincuentes colocan obstáculos o lanzan piedras o bolsas de basura para hacer que los vehículos se detengan para atracar a los pasajeros. Muchos han sido víctimas de ese modus operandi.

Desde mediados de diciembre el Ejecutivo, encabezado por Nicolás Maduro, encomendó al general Miguel Rodríguez Torres, ministro de Relaciones Interiores, la puesta en marcha del Operativo Especial de Navidad que duraría hasta el 7 de enero, con el fin de facilitar y custodiar el regreso de los vacacionistas. Ese operativo generó un enorme despliegue de recursos, vehículos y funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana, de la Guardia Nacional Bolivariana, del Dibise, de la Guardia del Pueblo y de las policías regionales y municipales. El ministro también ha mencionado repetidas veces que instrumenta lo que él llama “patrullaje inteligente”…

Sin embargo, el lunes 6 de enero en la noche el auto en el que regresaban a Caracas la Miss Venezuela 2004, junto con su esposo y su hija de 5 años de edad, tropezó con un objeto colocado en la vía que destrozó un caucho. Tuvieron que detenerse precisamente en esa zona “peligrosa”.  Ya, cuando habían logrado conseguir una grúa, aparecieron cinco personas armadas. Los grueros huyeron y la familia se refugió en su auto, con los seguros puestos y vidrios subidos. Pero los delincuentes, no se sabe por qué, dispararon seis veces, mataron a los adultos, hirieron a la pequeña y se fueron corriendo.

Durante esos terribles minutos no pasó ningún vehículo policial, el supuesto “patrullaje inteligente” que debe desplegarse en zonas y puntos peligrosos ampliamente conocidos, brilló por su ausencia; el despliegue de funcionarios del Operativo Especial de Navidad no apareció, como tampoco vehículos de auxilio vial que, en teoría, forman parte de ese plan.

Dos vidas truncadas, un nuevo hogar enlutado, una niña herida que presenció la muerte de sus padres y seguramente quedará afectada y con graves traumas son el triste resultado de una cadena de hechos que con algo de seriedad, prevención y efectivo trabajo policial hubiera podido evitarse.

Mientras artistas, familiares, amigos y la sociedad civil lloraban la muerte de Mónica Spear en la plaza Alfredo Sadel, en el palacio de Miraflores el presidente Nicolás Maduro se reunía con alcaldes y gobernadores. Ahí dijo que ese asesinato “parecía un sicariato” como dejando entrever que existían otras motivaciones diferentes al desborde del hampa común que él ha sido incapaz de frenar...  

Si realmente el Ejecutivo quiere abrir un diálogo con todos los sectores para buscar soluciones al problema de la inseguridad, deberá comenzar por “bajarle cuatro” a la ligereza, improvisaciones e irresponsabilidad con la que maneja este tema tan doloroso y duro para la mayoría de los venezolanos.


@marcostarre


marcostarre@gmail.com