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César Pérez Vivas

Muerte y desolación revolucionaria

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Los días que vivimos en esta Venezuela “revolucionaria y bolivariana”, deberán quedar registrados en nuestra historia como una etapa de “muerte y desolación”.

Algún lector ideologizado, fanatizado o desprevenido podrá afirmar que estoy exagerando en la caracterización del momento histórico. Podrá recurrir al expediente común de descalificar al mensajero, o de justificar esta catástrofe, con otras etapas de nuestra historia republicana, o con lo que acontece en otras regiones del universo.

Pero nuestra reflexión debe ubicarse en el contexto de lo ocurrido en Venezuela en los 16 años transcurridos del presente siglo. Hay que evaluar nuestra cruda realidad actual respecto de un régimen político que ha dispuesto de la más fabulosa suma de recursos financieros, jamás ingresados al fisco nacional, y ha contado con el poder político suficiente para haber construido una sociedad próspera, moderna y equitativa.

La inocultable verdad es que no solo no lo logró, sino que su gestión promovió y consiguió destruir los más significativos avances alcanzados por nuestro país en el pasado siglo XX.

Lo cierto es que hoy asistimos a una masiva, dolorosa y progresiva muerte de venezolanos a manos del hampa desbordada, y otra silenciosa, pero no menos penosa, que ocurre en hospitales y hogares, como consecuencia de la destrucción del sistema de salud pública, y a la carencia de medicinas, insumos, equipos en los sistemas privados y, en general, en todo el ámbito de nuestra enferma sociedad.

Los días que corren han sido especialmente duros en mis vivencias respecto de este drama. Cada vez son más en número y variedad los casos de muertes por falta de atención médica. Entendiendo por tal no solo la ausencia de personal profesional calificado en múltiples pueblos, ciudades medianas, y aun en las principales urbes de nuestro país; sino la falta de medicinas e insumos con los cuales atender a la cada vez más creciente cantidad de enfermos que deambulan por hospitales y farmacias buscando remedio a sus males.

Cada vez son más frecuentes los llamados directos y por redes sociales que recibimos los dirigentes de la sociedad, y en general los ciudadanos, para cooperar con la creciente cantidad de pacientes, que ante el colapso del sistema público de salud, buscan en lo que queda de medicina privada una respuesta. Los costos que tienen los sistemas privados, como consecuencia de la brutal caída del ingreso, la inflación y la escasez, son impagables para la inmensa mayoría de nuestros compatriotas, arruinados como están por los salarios miserables que ha generado “el socialismo bolivariano”. Se echa mano entonces a fórmulas cada vez más recurrentes: potazos, vendimias, rifas, colectas, etc.

Ciertamente nuestro pueblo es solidario, aporta lo que puede, comparte lo poco que tiene, y trata de ayudar a quien requiere un apoyo, sobre todo, cuando se trata de la salud y la vida.

Tengo la convicción de que el problema está por encima de la solidaridad de nuestro pueblo. El problema alcanza la dimensión de una catástrofe humanitaria, y debemos acudir a organizaciones internacionales que puedan apoyar a nuestro pueblo en esta encrucijada.

Hemos contado con la oferta de ayuda humanitaria para afrontar este drama, y lo más doloroso ha sido la perversa negación que la cúpula roja hace tanto del drama que se padece como de la oferta que se nos hace.

Oír en la OEA a la canciller venezolana afirmar que “no tenemos una crisis humanitaria” u oír al presidente Maduro negar la cooperación internacional, nos llena de dolor e irritación.

El “gobierno bolivariano” no tiene excusas, no puede ocultar su inmensa responsabilidad en esta masacre social que padece el pueblo venezolano.

La responsabilidad política que tienen en esta catástrofe la quieren evadir al negar la participación popular que representa el referéndum revocatorio.

Pero el “costo social” de los miles y miles de muertos, que de mengua han fallecido en hospitales y hogares, tendrán que pagarlo, con un severo castigo político y social, sin prejuicio de las responsabilidades penales, que el desfalco económico del ingreso nacional debe producir en los tiempos por venir.

Este holocausto social que la revolución bolivariana ha producido en Venezuela debemos visibilizarlo cada día, documentando y publicitando cada muerte, que por falta de asistencia oportuna, se está produciendo en todos los rincones del país.