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Germán Febres

Mucha paja y poca paz

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Hace tiempo que en Venezuela diferentes crisis se fusionaron en una sola. Que lo importante y lo urgente se entremezclaron. Que lo excepcional y lo cotidiano son lo mismo.

Por eso es bastante difícil establecer un orden de prioridades que mayoritariamente se comparta, con el que estemos casi todos de acuerdo, para la atención y solución de los numerosos problemas graves que aquí se padecen.

Asuntos y situaciones que no caracterizan o identifican una democracia plena, una buena administración pública y tampoco una nación que pueda ser actualmente ejemplo o modelo político regional y mundial, como algunos han pretendido.

 

¿Cómo rectificar o corregir? Comparto con todos mi firme convicción sobre que no existe espacio más adecuado para materializar una efectiva, permanente y verdadera conferencia para el diálogo, la paz y el desarrollo que la Asamblea Nacional (Capitolio, Congreso o Parlamento). No ese reciente invento del gobierno al que llaman Conferencia de Paz.

Mas –lamentablemente– la representación de diputados oficialistas en la Asamblea Nacional, guiados por su directiva, la convirtieron en algo muy distinto. La imposición, el no reconocimiento de otros actores y sectores legítimamente elegidos, la ilegal represión violenta de la protesta interna de parlamentarios en el propio hemiciclo produjo como saldo una inaceptable censura (micrófonos apagados, cámaras de TV que apuntaban hacia el techo para burlar lo evidente o distraer) y una cobarde agresión física de diputados y diputadas con resultado de ojos rotos, cuellos dislocados, cabezas sangrantes e incluso intentos de linchamientos a cargo de turbas en las calles adyacentes.

La misma fórmula intolerante y extremista que se ha aplicado ahora en un ámbito mucho más amplio, que es todo el territorio nacional, a los estudiantes y ciudadanos que protestan, pero con asesinados, detenidos y torturados. Casos en proceso de investigación que demandan un categórico castigo y que la comunidad internacional observa con atención.

 

Respeto por los estudiantes. Por cierto, excelente y oportuno pronunciamiento el llevado a cabo por los parlamentarios de Chile, que muestra respeto por los derechos humanos, los estudiantes y ciudadanos que protestan apegados a la ley, que llama la atención sobre los obstáculos al desempeño de los medios de comunicación y periodistas, que invita a desarmar a los grupos violentos. Además de agradecerlo, me motivó a recordar afectos personales y reconocimientos profesionales a compañeros chilenos, especialmente a Carlos “el Negro” Jorquera, quien ejerció digna y libremente el periodismo en Venezuela.

Retomando el tema de la idoneidad de la Asamblea Nacional (respecto al debate, logro de acuerdos, acción contralora y de seguimiento, formación de leyes y políticas públicas, asignación y aprobación de recursos, designación de magistrados, rectores electorales y otros altos funcionarios), la misma cuenta con suficientes comisiones permanentes específicas como para ser seno de un gran y trascendente trabajo.

Lograr condiciones favorables para el diálogo, la paz y el desarrollo pasa por devolver la confianza a las instituciones e independencia a los poderes públicos, pasa por respetar la Constitución y dejar de impulsar interpretaciones torcidas. Pasa porque la justicia sea justa.

La economía no espera y el documento-propuesta presentado por Empresas Polar es una valiosa contribución en ese ámbito. No obstante, nuestra nación atraviesa momentos mucho más complejos y retos multitemáticos. Su desarrollo y fortalecimiento, su reconciliación y estabilidad, exigen además de la plena vigencia de las garantías constitucionales, la inmediata escogencia y designación de una nueva directiva del Consejo Nacional Electoral. En 2015, o antes, si hubiera revocatoria del mandato de los parlamentarios, elegiremos una nueva Asamblea Nacional y es indispensable contar con un árbitro electoral de diferente talante. Algo positivo para todas las partes.

 

Rescatar el parlamentarismo. Lo contrario –discúlpenme– es pura paja, es más de lo mismo. La Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (Copre) ni el Pacto para la Reforma, serios intentos del pasado para la renovación institucional, aun con buenos resultados parciales, no convencieron ni constituyeron respuesta a las exigencias populares y malestar de aquel momento, que derivaron en esto, lo que hoy vivimos. Esa historia no se debe repetir.

Venezuela necesita sobremanera una Asamblea Nacional plural y democrática que funcione, vigorosa, que no delegue en el Ejecutivo sus responsabilidades y su trabajo. No es una idea tan original, pero sí un camino válido y muchísimo más efectivo que el de la tristemente célebre Conferencia de Paz de estos días.

Creo necesario y útil en esta hora invitar a reflexionar sobre el asunto, no podemos continuar pasando de una crisis a otra y de allí a la anarquía.