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Antonio Ecarri Bolívar

Mrs Roberta, speak now!...or…

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La señora Roberta Jacobson, quien funge como subsecretaria de Estado para asuntos del hemisferio occidental en Estados Unidos, ha señalado que “algunos factores de la sociedad civil venezolana” habrían solicitado a la nación estadounidense no tomar acciones en contra del gobierno venezolano “todavía” porque estorbaría al diálogo actual.

Como la alta funcionaria estadounidense no señala a nadie en particular, hace presumir una de dos cosas: la señora miente para poder justificar la inacción de su gobierno frente a un Congreso lleno de parlamentarios críticos a la gestión de Obama frente a Venezuela o, ciertamente, algunos opositores venezolanos salieron de “bocas aguadas” a pedir diferimiento de sanciones contra capitostes del régimen de Maduro. La primera hipótesis es criticable a ese gobierno, pero comprensible; aunque la segunda, de no aclararse, va a constituir un serio problema a la alternativa democrática venezolana, pues hace presumir la existencia, en su seno, de gente de doblez cercana a la traición. Nos referimos, obviamente, a sanciones personales contra corruptos y nunca a sanciones contra nuestro país, que sería ya no una traición a los opositores sino a la patria misma.

No es que uno ande metiendo las manos en el fuego por nadie en la Venezuela actual, la cual pareciera, mutatis mutandi, una especie de Florencia del tiempo de los Médici –sin el talento de un Maquiavelo, of course– debido a la corrupción que  impregna a la sociedad entera. Sin embargo, el “Corto y Profundo” de Rafael Poleo de la semana pasada dando cuenta de que el supuesto pedimento de “diferimiento de sanciones” contra corruptos venezolanos no provino de la MUD, sino de un “financiero de aspiraciones nobiliarias” parece retratar a alguien que no está en el mundo de la política, sino de los negocios. Esto es un alivio para el mundo opositor aunque una desgracia para los empresarios venezolanos. Sin embargo, sinceramente hablando, este último sector, sobre todo el de las finanzas, ya nos tiene acostumbrados a su proverbial indignidad frente al régimen actual, pero le saca las castañas del fuego a la MUD y eso es muy importante por las consecuencias políticas consiguientes. Principalmente, porque le quita el hueso de la boca a la perruna y rabiosa competencia radical que le ha aparecido a la MUD, por su derecha, quienes parecen más enemigos de la oposición que del régimen de Maduro.

El editorial de Poleo le saca las castañas del fuego a la MUD –al menos a los dirigentes de los partidos, que ya se sabe ninguno anda en eso– pero enreda a la señora Jacobson en una sospechosísima entente con el mundo de las finanzas venezolanas, lo que la obliga ahora, mucho más, a aclarar el sentido y alcance de sus palabras. La señora Roberta va a tener que dar explicaciones y decir, con nombre y apellido, quién fue el “boca aguada”, porque el senador demócrata por Nueva Jersey –quien no se traga el cuento de Roberta– autor del proyecto de ley que sancionaría a funcionarios corruptos de Venezuela, respondió: “Me gustaría escuchar directamente de líderes opositores en Venezuela por qué se oponen a sancionar con revocación de visas y congelamiento de activos”. 

Señora Roberta, no nos crea tan lerdos para no entender lo que ya decía a mediados del siglo pasado Hanna Arendt de los gobernantes norteamericanos: “Ningún estadista norteamericano puede permitirse pasar por alto el hecho de que la población de ese país ha venido de las cuatro esquinas del mundo, lo que no le hace la vida más fácil al gobierno, pues adoptar decisiones políticas  es aquí mucho más complicado y llevar adelante los compromisos, más difícil que en caso de cualquier gobierno con una población enteramente homogénea, pues cada decisión de política exterior es susceptible de convertirse en un asunto doméstico de importancia inmediata”. En consecuencia, nosotros sí la entendemos, señora Roberta, pero, por eso mismo, por el temor que su gobierno le debe tener a las lenguas de nuestros compatriotas en su terruño –a las que nosotros sí respetamos muchísimo– le exigimos, por el amor de Dios, Speak now or... hold your tongue!