• Caracas (Venezuela)

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Ramón Hernández

Morcillas vacías

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Un sector del país aparece sorprendido y escandalizado con el vocabulario del militar en condición de retiro que soltó sus demonios y sus miedos en la sesión plenaria de la Asamblea Nacional que aprobó la Ley Orgánica de la Cultura. Algunos han puesto el grito en el cielo ante tamaña contradicción, que no es tal. Si olvidamos momentáneamente la desazón y, con frialdad, comparamos el vocabulario del milico y el espíritu y composición formal del instrumento jurídico se constatará que ambos son complementarios, que uno y otro pertenecen al mismo combo: el abuso, la arbitrariedad y el autoritarismo.

El momio y su secuaz tendrán que resolver con su psiquiatra esos fantasmones que se les aparecen y les agrietan la virilidad, pero los otros, los agredidos y los insultados deben revisarse y renovar su kit de estrategias y su arsenal de respuestas. Entendemos que esa retahíla de insultos, descalificaciones, mentiras, injurias, agravios, ofensas y demás bajezas no se pueden responder con las dos opciones que se usan en la escuela del barrio –“nos vemos a la salida” o “más plasta será tu madre”–, pero de ninguna manera con el comodín “nosotros somos la Venezuela decente” y similares. Sacúdete, Julián.

Después de 14 años de jerigonza procaz y generalizada en las alturas del poder, la grosería es parte consustancial del lenguaje oficioso y poco puede escandalizarnos. Ahí están la cuenta de Twitter de la funcionaria que está al frente de los servicios carcelarios y las “definiciones” que en su momento más estelar recibió el Poder Judicial de boca del jefe del Poder Ejecutivo. A los dos militarotes sólo les falta aliviar vejiga en el hemiciclo; lo harán en cualquier momento y encontrarán la excusa para que les rían la gracia y los aplaudan; que nadie se ruborice. La vulgaridad y la ordinariez es el mínimo común denominador de quienes han convertido el país en su botín, además de la chaqueta roja que los embute, como morcillas vacías, con forro a prueba de porquerías.

En la recién aprobada Ley Orgánica de la Cultura se prohíbe taxativamente que el Estado fomente el rock, sin importar quién lo cante o lo componga. Los legisladores que aplauden la vulgaridad de esta versión criolla de Melitón Manzanas consideran que ese ritmo daña la mente de los venezolanos, especialmente de los jóvenes, y que no se deben emplear los recursos públicos para su promoción. Una pésima noticia para los integrantes de la banda oficialista Dame pa’ matala, que cantan en clave de sub-rock que “los niños de hoy en día dicen grosería y les falta jabón en la jeta, insulta a la mujeres y después les dice que las quiere”. El propio espejo. Vendo doble moral, con índice onomástico de ejemplos para uso impecable.