• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Diómedes Cordero

Montaje: La pasión médica

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

     De José León Tapia (1928-2007), médico cirujano, escritor, narrador, memorialista y cronista barinés, autor de Por aquí pasó Zamora; Maisanta el último hombre a caballo; El tigre de Guaitó; Tierra de Marqueses; La música de la charnelas; La heredad; Viento de huracán; Los años del olvido; Cuando se alarga la esperanza; Los vencidos; Ezequiel Zamora a la espera del amanecer; En el país de la memoria; El embrujo de los Palacio; Tiempo de Arévalo Cedeño; Domingo López Matute. Muerte al amanecer, de Boves a Facundo Quiroga; y, Vencido por la nostalgia, libros de los que ha señalado Alexis Márquez Rodríguez, “«son abigarrados y heterogéneos, como las propias historia que narran. Ante esa escritura, trabajo ha de pasar el crítico tradicionalista y retórico, cuando pretenda fijar etiquetas y cartabones a sus libros. Algunos dirán: esto no es novela. Otros: esto no es historia. Otros más: esto no es crónica. Pero el lector, ajeno a tales quisquillosidades y especulaciones, sentirá, afortunadamente sin poder ni tener que decirlo, que es todo eso y mucho más…»”, el escritor, ensayista y cronista Édinson Pérez Cantor, en Barinas en la mirada de José León Tapia, (Barinas: Universidad Ezequiel Zamora, 2012) ha seleccionado, “a manera de homenaje a José León Tapia”  “las crónicas que este publica entre 2002-2007, en El Diario La Prensa de Barinas”. Como dice Pérez Cantor, en correspondencia con la cita que hace de Márquez Rodríguez, en “A manera de presentación” , prólogo de su investigación y selección de los artículos periodísticos de Léon Tapia: “Aproximarse a la obra escrita de José León Tapia, es seguir a un baquiano angustiado por la memoria de un pueblo y sus gentes. Memorialista, hijo de tierra plana y blasonada, rastreador de lejuras y ayeres en incansable peregrinar por el vasto espacio de sus ancestros y de su generosa imaginación”. Ficción, historia y memoria se contaminan, se cruzan, se solapan, se traslapan, en la escritura de León Tapia, indistintamente del género, sea novela, historia o crónica  periodística; estrategia narrativa en la que pareciera radicar el efecto de sentido moral que dimana de la reconstrucción del paisaje natural (el llano) y humano (la historia menor de héroes llaneros) que León Tapia, con una escucha atenta y leal, recuperó para la historia y la cultura de la región del llano barinés, y las del llano venezolano.

   León Tapia, según Pérez Cantor, advierte en una página de Por aquí pasó Zamora: “Quiero dejar constancia que no soy historiador. Soy cirujano y aficionado a rememorar el acontecer de mi pueblo. Por eso deberá perdonárseme el estilo, que es el de las narraciones populares y cualquier dato que no esté dentro de la rigurosidad histórica, de la cual son tan celosos los historiadores”, con lo que manifestaría, posiblemente, más que su recelo ante la crítica historiográfica, el relieve de su condición de médico cirujano en el ejercicio de intentar por medio de la operación de la escritura la “curación” de las “enfermedades” de la sociedad, en el entendido de la metáfora clínica. Especie de cirugía moral que León Tapia ejercería en sus crónicas de La Prensa de Barinas: “Ahogado en este ambiente, que no ha sido nunca el mío, escribo como una catarsis espiritual, refugiándome en mi mundo interior”, para hacer frente a un contexto urbano en el que: “Vivimos en una ciudad donde el nivel humanístico es muy bajo en todos sus estratos porque sencillamente, no tenemos intelectualidad de razonamiento lógico y por consiguiente predomina la improvisación, la demagogia evidente, el consumismo, el desprecio a la austeridad, basado en el degradante pensamiento de que se vale por lo que se tiene y se ostenta y no por la condición humana donde predomine el talento, la honestidad y la cultura; más allá de los conocimientos tecnológicos de tantos profesionales, en diferentes ramas del saber”. Crisis moral  que tendrá en Barinas en la mirada de José León Tapia la centralidad referencial, en el conjunto de las crónicas seleccionadas por Pérez Cantor, de la ética  médica como centro radiactivo del que derivan los apuntes de carácter biográfico de relevantes médicos venezolanos y extranjeros que fundaron la medicina y la cirugía moderna en Barinas, así como de reconocidos médicos venezolanos: José Ignacio Baldó, José Octavio Henríquez Andueza, Juan Manuel Carmona Perera; Rinaldo Aroldi Fontana, Luis Benedetti, Efisio Giordaneli Ferrari, Rodolfo Hadfy, Alexis Sokoloff, Vittorio Calanchi, Francisco Vitanza, Jan Stocio, Eberhard Sauwerteing; y, Miguel Pérez Carreño, Carlos Gutiérrez, María Abad, Augusto Diez Tirado, Armando Márquez Reverón; respectivamente. Figuras médicas ejemplares que para León Tapia  representan el ideal del médico cirujano: “La insistencia en el mismo trato humanitario para el paciente humilde como para el de mayor condición social y económica. Para ser cirujano se necesita, por consiguiente, una alta vocación de servicio, espíritu de sacrificio, sensibilidad social, paciencia y vocación docente para con los subalternos. La observancia del trato deferente y sin honorarios para con los colegas o sus familiares que requieran de nuestro servicio. El repaso oportuno de la técnica ante cualquier operación electiva de categoría. Algo indispensable para nuestra mayor confianza y seguridad, evitándose así, las improvisaciones audaces. Y una de mis máximas de a diario era que quien no sienta la pasión de ser cirujano como una realización personal, ante el acto operatorio y la práctica de la cirugía comience a ser un trabajo tedioso, deben abandonarla. Además de culturizarse a diario en los ratos  de ocio, para salir  de ese coto terrible de los médicos que sólo hablan de medicina y nada más, en un mundo cada vez más necesitado de un basamento cultural”, y que funcionarían como modelos de imitación en un tiempo presente,  en el que: “En mis cincuenta años de médico y cirujano no pensé jamás ver en mi profesión lo que actualmente estoy presenciando. La deshumanización avanzada del ejercicio de la medicina, dedicado al utilitarismo más procaz. Olvidando que por encima de su formación científica y tecnológica, el médico debe tener un basamento cultural y ético que lo mantenga firme en el cumplimiento de su juramento de servir al prójimo, por sobre toda otra conveniencia. Claro que tenemos una profesión liberal de ejercicio privado pagante, pero esto tiene un límite que establece la condición económica del paciente y la conciencia ética del profesional”, por lo que León Tapia propone, siguiendo las recomendaciones de Carlos Gutiérrez y María Abad, en un trabajo de investigación sobre la Bioética en cirugía, publicado en la revista de la Sociedad Venezolana de Cirugía, “la creación de una comisión de ética en toda clínica privada u hospital público, que sirva de docente y reguladora de tantos procedimientos que se quedan en el olvido”.

   Entre el conjunto de crónicas de referencias urbanas y rurales, de personajes históricos y ordinarios, de historias y leyendas, sobresalen, por la potencia literaria y política e histórica de la historia de vida de los personajes, las crónicas homenajes a José Esteban Ruíz Guevara y Humberto Febres, reconocidos escritores, historiadores e intelectuales barineses; y la crónica sobre la llegada de las compañía petroleras a Barinas, “el progreso y la civilización”, encarnado en “Pola Navarro, caleña, blanca, de cabellos cobrizos y mirada insinuante [que] llegó de pronto y a los pocos mese abrió su famoso bar. […] Pola Navarro cuando bailaba sola, vestida con su largo traje de satén, los senos redondos, blancos, erectos bajo su escote concupiscente, los cabellos sueltos batidos de brisa y sus ojos de brasa encendidos de pasión, gritaba enardecida mientras elevaba su copa de champán «Viuda Cliquot». ¡Carajo! Ustedes no se pueden quejar, ¡Pola Navarro trajo la civilización! Y continuaba danzando, con sus caderas de real hembra enredadas en la cumbia y el bolero son”. José León Tapia, el cirujano moral que mira y escribe con pasión médica la cultura de Barinas y del llano total no escapa a la fuerza triunfante y festiva de la carnavalización petrolera de las tradiciones culturales llaneras. Cuestión de otra moral de escritura. Y, quizás, de otro tipo de pasión.