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Diómedes Cordero

Montaje: Sobre la libertad

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La potencia poética y la inteligencia crítica de la prosa del poeta y ensayista y crítico literario Guillermo Sucre que da forma a la introducción, selección y notas de La libertad, Sancho. De Montaigne a nuestros días (Fundación Valle de San Francisco Ediciones y Lugar Común, Cooperativa Editorial, 2013), no sólo configura el estilo y el procedimiento y los criterios y modos de la escritura de Sucre, sino que, al mismo tiempo, revela la conciencia democrática y el compromiso moral del poeta y el ciudadano con los principios y prácticas de la libertad y la democracia, al reunir, bajo el consejo “que daba Michael Montaigne en uno de sus famosos ensayos sobre la Educación: –De la artes liberales, comencemos por el arte que nos hace libres–”, fragmentos, pasajes, de obras de Etienne de La Boètie, Michel de Montaigne, Baruj Spinoza, Albert Camus, Mariano Picón-Salas, Isaiah Berlin, Leszek Kolakowski y Amos Oz, sobre “La libertad; a todo lo que ella evoca como formas propicias de trato social: democracia, pluralismo, tolerancia, dignidad; o sus formas contrarias que van de la autocracia al despotismo, de la idolatría al Jefe como al fanatismo social”. Con el mismo propósito de los cursos que, durante los últimos ocho años, Sucre ha dictado en el Certificado de Estudios Liberales de la Fundación Valle de San Francisco, “este primer cuaderno”  se inscribe en “el ideal de los hombres y de los pueblos desde el principio mismo de la Cultura Occidental”, esto es, el de “hacerse libres, saber conquistar y saber ejercer la libertad”, para advertir, como Etienne de La Boètie, en “su Discurso sobre (y contra) la servidumbre de los pueblos, en el cual reclamaba: –Estad dispuestos a no servir y seréis libres–”, como ilustración práctica del arte liberal de la libertad de Montaigne. Estudiados  en los cursos de Sucre o usados como referencias, todos los textos seleccionados son de “escritores que vivieron tiempos de intransigencia religiosa y guerras civiles, o guerras mundiales devastadoras, amenazas de destrucción nuclear, las dictaduras militares latinoamericanas que no cesan, o los actuales y ya viejos conflictos territoriales, también religiosos y políticos, como los que ha enfrentado uno de los sobrevivientes, el novelista Amos Oz. El otro sobreviviente, el filósofo polaco Leszek Kolakowski, que luchó por la liberación de su patria del dominio militar soviético, en un discurso de 1997 habló de la –educación para la dignidad– que, en esencia, es la educación democrática”, y, que “defendieron y defienden en sus obras la libertad y la tolerancia, la convivencia pacífica”.

Sucre usa con inteligencia, que podría calificarse de benjaminiana, el poder atribuido a la cita para relacionar el contexto histórico de aparición del fragmento, el pasaje, seleccionado de los escritores desaparecidos o de los sobrevivientes, con el contexto del presente de la lectura, creando una nueva potencia de sentido a los conceptos de libertad y democracia. Ilumina el presente con fragmentos, pasajes, del pasado, liberando la intempestiva contemporaneidad del pensamiento creador y diverso de los autores seleccionados. Desde las consecuencias terribles de “la Revolución Rusa la gran panacea del siglo XX” expuestas por Isaiah Berlín: “[…] las tiranías totalitarias de la derecha e izquierda, y las explosiones del nacionalismo, el racismo y, en algunos sitios, de la intolerancia religiosa que, es de notarse, ninguno de los pensadores sociales del siglo XIX predijo”; los fundamentos del Estado democrático asentados por Baruj Spinoza, en su Tratado Teológico Político (1670): “El fin del Estado, repito, no es convertir a los hombres de seres racionales en bestias o autómatas, sino lograr más bien que su alma (mens) y su cuerpo desempeñen sus funciones con seguridad, y que ellos se sirvan de su razón libre y que no se combatan con odios o engaños ni se ataquen con perversas intenciones. El verdadero fin del Estado es, pues, la libertad”, devenido en el engendro de la Historia contemporánea de “un Estado agresor y represor que uniforma y reglamenta las conciencias no sólo de su pueblo sino también de los otros pueblos”; la fe en la democracia, “en tanto no se convirtiera en un sistema aparatoso o de decisiones infalibles”, de Albert Camus, expresada, “después de la liberación de París y ya derrotada la Alemania Nazi, en uno de los editoriales del diario Combat que venía de la resistencia”, al definir al hombre democrático: “Democráta, en definitiva, es aquél que admite que el adversario puede tener razón, que le permite, por consiguiente, expresarse y acepta reflexionar sobre sus argumentos. Cuando los partidos o los hombres están demasiado persuadidos de sus razones como para cerrar la boca de sus oponentes con violencia, la democracia deja de existir. La modestia es saludable para la república en todas las acciones”; la pregunta que Mariano Picón-Salas, “quien como buen lector de Montaigne y Spinoza, practicó la tolerancia y fue uno de los fundadores de nuestra Educación Liberal desde 1936, a la muerte del –gran dragón–”, vale como testimonio en una “América Latina [que] después de las Guerras de Independencia, el caudillismo y las dictaduras militares duraron más de lo que las circunstancias podían prever”, se hace en “Regreso de tres mundos que, en parte, escribe bajo otra dictadura, derrocada hace 50 años, habla de las utopías y las Revoluciones totalitarias, especialmente Rusia, y le da a la libertad un valor consustancial con el hombre: “¿Pero es que la libertad es sólo una dádiva lejana que nos ofrezca un régimen o un momento de la Historia, o más bien terrible aventura afanosa, tan frágil como la vida, que es necesario salir a ganarse  cada día?”, y su afirmación siguiente: “¡Qué grave y espuria una libertad que se nos diera o limitara por decreto!”, y su visión “aún más comprometida y comprometedora”, de “un ensayo de su último libro (Hora y deshora, 1963)”: “La justicia social, meta y aspiración de nuestra época; palabra que a veces se adultera en planes engañosos de políticos y arengas demagógicas comienza con nuestro albedrío ético. Ninguna justicia puede prevalecer contra la primera libertad, insita a la naturaleza humana que es la conciencia. Y sin derecho al análisis, la discusión, la protesta, la inconformidad, la misma Justicia Social sería unilateral y sectaria; instrumento o mito de poder y no impretermitible derecho humano. ¡Cuánta auténtica injusticia se enmascaraba bajo la sedicente justicia de Stalin o la falsa protección a la colectividad que prometían todos los fascismos”; hasta las “sencillas y exaltantes palabras” que “el más grande escritor en nuestra lengua pone en boca de Don Quijote de la Mancha”, en las que “la libertad no es una abstracción para privilegio del poder”: La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”, Sucre constela con esplendor y sabiduría, nobleza y elegancia, a través de las citas, que como pequeñas células radiactivas,  develan el poder previsorio del pensamiento sobre la libertad de cada uno de los autores elegidos, en el contexto actual de la lucha por la libertad que afanosamente libran en el país los estudiantes y los jóvenes, las mujeres y los hombres demócratas que aventuran su vida por cambiar la democratura de Hugo Chávez, “feliz neologismo con el que el escritor polaco Adam Michnik bautizó en los años 1980 al régimen comunista de su país: democracia muy a menos y –benévolamente– dictadura a medias”, utilizado por Sucre en su ensayo: Democratura. Chávez, el camino de la dictadura (Letras libres, septiembre, 2012), convertida por Nicolás Maduro en dictadura, por una democracia en la que impere la libertad y un verdadero Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, como dice la letra de la Constitución vigente.

Guillermo Sucre, en La Libertad, Sancho, sigue fiel a sus principios y prácticas intelectuales, a su inquebrantable ética poética y ciudadana: “Sin libertad no hay moral. El intelectual debe estar contra toda dictadura. Y esto es una forma de dictadura. (…) Un intelectual tiene que estar contra regímenes de fuerza en el que se ve mucho la influencia militar”. (En entrevista de Daniel Fermín. El Universal, julio 13, 2013).    


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