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Diómedes Cordero

Montaje: La grieta venezolana

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El extraño título: Crisis: dazibaos de la Grieta// www.la_grieta.ve/ ˜ outsider / dazibao.html. (Mérida: Ediciones del Vicerrectorado Académico y Codepre, Universidad de Los Andes, 2003), “delata”, como señala a manera de introducción homónima, Charles Páez Monzón,  ingeniero, “especialista en microelectrónica, teoría de autómatas y sistemas digitales distribuidos y paralelos”, y profesor universitario, escritor y ensayista, un fuera de campo, “que mi oficio no es el de sociólogo, pero exhibe la fuerza ilustrativa de la apreciación analítica de un outsider sobre la crisis venezolana como manifestación particular en un país del Sur donde la grieta de su división política es parte de la urdimbre de una crisis de amplitud mundial que a cada individuo, país, unión regional e imperio cubre y desgarra por su complejidad y alta dinámica de cambios (cursivas nuestras)”. Páez Monzón con la metáfora del dazibao‒impreso chino de material político y de opinión pública y publicación mural, ajeno a la prensa nacional‒, a la vez que enuncia el contenido de su ensayo: la grieta ‒primera crisis del chavismo‒, marca el uso de la red de redes como pared de su publicación, con la intencionalidad explícita de colocar el carácter crítico y reflexivo de su pensamiento en el punto de vista de la mundialización; es decir, colocar el entendimiento de la crisis venezolana en el horizonte de “un discurso sobre el nuevo orden internacional”, para comprender “las dimensiones de los encuentros entre soberanía y globalización”, y su posible efecto en “la gobernabilidad en los Estados-Nación”, dentro del “proceso (de la) globalización”, creado por el neo-liberalismo.

La grieta venezolana derivada de “la reacción neo-radical” del chavismo y su privilegio “en modo extremo (de) la idea de soberanía y de anti-globalización en el diseño de sus políticas domésticas e internacionales”, ha provocado “el conflicto interno con las élites domésticas”, orientadas estas a las “conexiones con agentes de la economía global” y su derivación extrema en “economías de guerra”, que “afectan la institución del Estado-Nación”. El conflicto y la negociación como formas de posibilidad de la sociedad abierta y plural, que al mismo tiempo que posibilitan la solidaridad y la tolerancia en el espacio de “la complejidad de las sociedades contemporáneas, plurales, diversas, multiculturales”,determinan “la visión metódica de la sociología del absurdo (Lyman y Scott)”, como “una herramienta poderosa para el análisis y la mayor comprensión debido al énfasis que presta a la libertad y a las acciones humanas, a los acontecimientos como pliegue de la historia en su conformación y a la ética del discurso de su actores políticos para dar cuenta de sus responsabilidades”.  Diseñado el episteme de la grieta venezolana, Páez Monzón, después de haber referido la “grieta política planetaria”: El Norte y el orden político democrático, el orden económico de libre mercado y la economía global de libre comercio de bienes y servicios, atravesado por “la grieta del polítical divide” en EEUU y su correspondiente “moral divide” de las dos culturas: “una (…) observante, obediente, tradicional, sacralizada y moralista. Otra (…) disidente,  (de) mentalidad abierta, secular y relativista”; la observación de “un political divide que agrieta” la Unión Europea y “el movimiento del péndulo político de sus gobiernos de centro-izquierda y progresista y centro derecha conservadora”, bajo el impacto de la globalización y sus consecuencias en el multiculturalismo, la religión y la inmigración como factores que diferencian “las visiones de la nueva y de la vieja Europa”; la grieta en el Sur: África y la violencia de élites que ha originado la división política y étnica y las guerras internas asociadas a los negocios y la extracción ilícitos de los recursos minerales, vinculados ambos a la economía global; y la grieta de “la declinación de los Estados-Nación del Sur” producida por “la voracidad de las élites domésticas para asociarse ilícitamente a las fuerzas de la globalización”, en el contexto de la globalización económica;  centra el análisis en la grieta en Latinoamérica: la historia del fin del régimen colonial y los discursos occidental y salvaje como alteridades discursivas políticas y culturales, de las que “la versión venezolana (…) del árbol de las tres raíces y el discurso bolivariano”, de Hugo Chávez, sería la representación ancestral (el pasado), en contraposición al “sentido de crear futuro en el modo del cuádruple camino”, este último creación de J. M. Briceño Guerrero; y que Páez Monzón sintetiza en una frase aforística: “Mudo ha estado el pensador mientras el indio manda”.

La disidencia y la exclusión, para Páez Monzón, son “una invariante en el proceso republicano nacional” que en determinados momentos históricos, bajo el discurso de la revolución, es convocada al teatro de lo político y lo público, y que cuando se invoca desde “el estamento militar se convierte en el discurso del autócrata perpetuo”. Representación fantasmática de la revolución: el “nuevo régimen del autócrata”. Páez Monzón sitúa la crisis venezolana como la expresión y encarnación de la grieta, tras los éxitos y fracasos de las élites domésticas del Pacto de Punto Fijo,  que posibilitó “la aparición del teniente-coronel que a todos nos ha perturbado con su vehemencia, su personalidad trastornada y su discurso descontextualizado y sin perspectiva de futuro creador”. A la legitimidad de origen del gobierno de Hugo Chávez, contrapone el “análisis (de) los factores que han desnaturalizado y deslegitimado, frente al cuerpo social venezolano, su acción de régimen ejecutivo”: la “deslegitimidad de desempeño”. La horadación de la grieta venezolana: la práctica de gobierno del autócrata perpetuo; la unión cívico-militar y la instrumentalización del pueblo y la pobreza como centro del discurso bolivariano revolucionario “que identifica en lo próspero la fuente de los males sociales y que propone demoler lo construido como acción privilegiada de la acción de poder”; “la incorporación de los disidentes y excluidos de izquierda al nuevo pacto militar-cívico” y la moral revolucionaria de exclusión de los incluidos como manera de igualación forzada; la esperanza y la promesa fallidas de inclusión de los excluidos y las diversas misiones; el control y la demolición de la institucionalidad de la FAN; la captura, control y destrucción de PDVSA internacionalizada y moderna; la expropiación y  destrucción de importantes empresas privadas extranjeras y nacionales; el control de las divisas y finanzas nacionales; como políticas propias de “un régimen orientado a imponer un modelo de producción/consumo de socialismo rentístico cuya base está en el control de PDVSA y de la aceptación del mercado petrolero global”.

Desaparecido el autócrata perpetuo, la grieta venezolana se ha vuelto más ancha y profunda: la segunda crisis del chavismo –actualmente en acto‒, con sus bolivarianos: los representantes de los poderes públicos; el aparato policial, opresivo y represivo, que diría José Mendoza Angulo; los colectivos; individuos todos “de alma negra, de alma negra”, por un lado; y los estudiantes y la sociedad civil, convertidos en enemigos y víctimas por el poder del Estado y la violencia paraestatal de los colectivos, conscientes y convencidos del peligro real de la puesta en escena, constitucional y de justicia, cívica y democrática,del “debate ético de los discursos, en las instituciones, en los medios, en los tribunales, en las mesas de negociación y sobre todo en la calle”, por el otro; convierte –una década después‒ el dazibao de Páez Monzón en un ensayo que ilumina la cultura de la sociedad civil venezolana de la libertad y la democracia frente a la barbarie del autócrata perpetuo y sus continuadores cívicos-militares. Como decía Benjamin: “No existe documento de cultura que no sea a la vez documento de barbarie”.

En su extranjería intelectual, Charles Páez Monzón, posiblemente, encuentre la relación entre la moral y la esperanza contenidas en la grieta venezolana: “Ser un outsider no impide que tome partido. Mi esperanza apuesta a lo debido, mi conocimiento aplasta mi esperanza. Sigo siendo extranjero en aquello que dicen debe ser mi patria”.