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Diómedes Cordero

Montaje: En el entretanto

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En En el entretanto (Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana, C. A 1999) la narradora, dramaturga y cronista Elisa Lerner reúne catorce crónicas fechadas entre 1986 y 1998. Considerada por Alexis Márquez Rodríguez, en la presentación “Mi amiga Elisa”, como “una de las escritoras más originales de la Venezuela contemporánea, quizá la más original de todas, dueña de una prosa que no se parece a ninguna otra de hombre o mujer en nuestro país”, Lerner en En el entretanto trazaría, antológicamente, el retrato literario y político no sólo de la singularidad de su escritura sino también de su irónica perspectiva sobre el poder y la cultura del país, es decir, por un lado, cruza indistintamente en el espacio de la crónica la dicción poética con la fidelidad referencial del periodismo (lo íntimo y lo público), y, por el otro, interviene política y culturalmente en la escena pública (lo individual y lo colectivo).

Lerner haría del uso de la primera persona el procedimiento central de la escritura de la crónica para subrayar la corta distancia entre el autor y el narrador característica del género, desde los precursores Martí, Darío, Vallejo, para, como ellos, alejarse del mito de la objetividad de la práctica periodística relacionada con la lógica del mercado, y acentuar, en cambio, la mirada subjetiva sobre los seres, objetos y acontecimientos del mundo. Esta estrategia narrativa, en Lerner, se acentuaría en su manifiesta y voluntaria vocación de escritora, presente ya en la familia y en su infancia (“La vocación de escribir siempre estuvo en la familia”. “El espejo de mi cuarto de baño, nada didáctico, muestra la silueta de una mujer menuda. Reminiscencias de una primera precocidad: la de la niña que, a los once años, manifestó al padre que quería ser escritora”); en la condición del tiempo intermedio (de frontera, de pasaje) presente desde “en el entretanto” del título; y, en la relación de los espacios autónomos de la poesía y del periodismo manifiesta y reconocida en el reconocimiento que Lerner hace a la poeta y periodista Ida Gramcko: “A la memoria de Ida Gramcko, poetisa importante, autora de La vara mágica y Poemas. Ida subyugó nuestra infancia con sus reportajes dominicales publicados en el diario El Nacional y, después, la adolescencia y entrada a la juventud en razón de los reportajes y artículos que en el mismo diario aparecerían, entre 1949 y primeros años de la década de los cincuenta”.

Pero, quizá, el rasgo que singularizaría de manera relativamente dominante la escritura de En el entretanto, sería la relación del tiempo y los acontecimientos (la cronología y los hechos) que soporta la actualidad periodística (el momento inicial de su publicación) y la condición literaria (reafirmada al ser reunidas después en libro) de las crónicas de Lerner. Lerner como cronista cruza, combina, la estrategia de la causalidad temporal que rige la verdad del acontecimiento real característica del periodismo, que por una parte es parte del discurso de la crónica, con la imaginación y la memoria como maniobras discursivas, que sin destruir la veracidad del relato, contaminan del aura del verosímil literario al lenguaje y la narración, la otra parte que es parte del discurso de la crónica.

En “Memoria algo inventada de don Mariano Picón Salas” (“Lo veo surgir de un avión que lo trae de la misión cumplida en una embajada. O quizá [porque se trata de 1949: año fatídico para la democracia venezolana] de una temporada como profesor visitante en alguna universidad del extranjero”. “Pero la verdad, es que miento: a sabiendas. Nunca, en 1949, estuve en el aeropuerto de Maiquetía viendo como don Mariano Picón Salas salía de un avión que lo había traído del extranjero”. “De manera que, tampoco renuncio a dejar sin el abrigo con que me gusta imaginarle avanzando hacia la salida del aeropuerto de Maiquetía, al gran prosista de Comprensión de Venezuela”. “Como ya lo terminé de afirmar, hacia 1949 nunca llegué a conocer a Picón Salas. Pero una chica venezolana de unos  dieciocho años sí le llegó a conocer, personalmente, en marzo o abril de 1952. Una joven desconocida, una muchacha que hacía reportajes en una revista de poca circulación, osó llamar a la casa del gran  escritor y quitarle parte de su tiempo dedicado a la confección de páginas de sagaz hermosura”),  Lerner mostraría el “genio” literario con el cual urde la escritura de la crónica: una especie de juego entre el tiempo y los acontecimientos, entre lo  íntimo y lo público, entre el lenguaje y la historia, entre la ficción y la verdad para decir la verdad de lo real.

Lo que Lerner dice de las crónicas de Guillermo Cabrera Infante (“La Jerusalén de Guillermo Cabrera Infante”) se podría decir de las de ella misma: “Sus crónicas, detallado y punzante soliloquio en la noche de una rumba vertiginosa y verbal del idioma”. O, también, a la manera de lo que Lerner dice de Susana Duijm (“!Oh¡ Susana”): “Con una espontaneidad que podía parecer caprichosa de muchacha mal educada, Susana Duijm como ninguna otra de nuestras sucesivas reinas de belleza (toda una manera de ver un país al detal), solo anheló el placer irrestricto de la libertad”, es posible decir que Elisa Lerner, en En el entretanto, eleva la crónica a uno de los mayores ejercicios de creación literaria y libertad en la tradición del género en castellano.