• Caracas (Venezuela)

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Diómedes Cordero

Montaje: Tina

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“Tina tuvo premura de amor; por eso justifico el desbordamiento de su juventud”. El epígrafe de Tina (Mérida: Ediciones El otro, el mismo, 2013), segunda novela del biógrafo y narrador Ángel Vicente Marcano, contendría, posiblemente, el cronotopo que determinaría el universo de la diégesis de la novela: el erotismo. En ese aprieto, apuro, prisa, urgencia instancia, como el DRAE define lo incontenible del deseo sexual que experimenta Tina: “Fue durante los días en que Tina lidió infructuosamente con el estado de inanición en que yacía su padre cuando ella se percató de su propia naturaleza: era una mujer nacida para la satisfacción de una insaciable lujuria. Entonces, a sus dieciocho años, poseía una sed de afectos, una simpatía innata y un cuerpo atractivo y perfecto”, se encontraría el centro semántico dominante al que las demás historias: la de Francisco, el primer esposo y la escena de violación consentida y posterior divorcio por el adulterio femenino; la de Gilberto Luciani, el don Juan de Nivaldo, pueblo en el que se produce “el hechizo [de] su encuentro con Tina”, y espacio dominante de los acontecimientos de la novela, el segundo esposo con el que repite como un hado la escena de la violación que como un designio parece regir el primer encuentro sexual de Tina, independientemente de quien sea el amante, relación que se terminará cuando Gilberto “empezó a buscar excusas para no copular con la reiteración que entonces predominaba e intentó otras salidas”, separación que provocará la irrupción de los celos y de la anorexia que afectará el “ánimo” de Tina y se apoderará “de su cuerpo de manera violenta y concluyente: su muerte; y la de Cirilo, el hermano de Tina, que con un correlato de la historia política, económica, social y cultural del país, por medio de la narración de acontecimientos relevantes del proceso democrático venezolano como la guerra de guerrillas de los años sesenta y la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez, culminará con la muerte simultánea de Cirilo y Gilberto, a disparos entre ellos, tras la búsqueda de la venganza de Gilberto, por la muerte de Guillermo, su hijo, como consecuencia del comercio de la droga en el que lo introdujo Cirilo: la muerte como posible alegoría de relación filial y amorosa de Tina con el hermano y el amante.

Al hacer depender la diégesis de la novela de la pasión sexual de Tina, Ángel Vicente Marcano imposibilitaría el entramado narrativo, el tejido textual de los cronotopos de las otras historias de Tina: el encantamiento erótico textual devendría así en una imposibilidad del juego de la ficción y la realidad. Potencia de la escritura y la ficción (la desmesura de la sexualidad de Tina) y, al mismo tiempo, literalidad de los otros acontecimientos textuales (Francisco como víctima adúltera, Gilberto como víctima de los celos y la obsesión sexual y Cirilo como víctima de la ambición desmedida).