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Diómedes Cordero

Montaje: Pensando el país

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Como lo cuenta José Mendoza Angulo, hace cerca de una década, “cuatro antiguos Rectores de la Universidad de Los Andes: Néstor López Rodríguez, Miguel Rodríguez Villenave, Genry Vargas Contreras –y él mismo–, tomamos la iniciativa de promover en Mérida un foro abierto a la discusión de asuntos de interés para los ciudadanos”. La tertulia de los martes. Pensada, genealógicamente, desde la crítica, en el sentido que le da Barthes, “(recordemos una vez más que criticar quiere decir poner en crisis)”, de la universidad y del país, los cuatro rectores se propusieron crear en Mérida “un espacio plural para la discusión de las cuestiones relacionadas con la vida política del país, los problemas económicos y sociales de Venezuela, la marcha del sistema universitario y, en particular, de la Universidad de Los Andes, las vicisitudes de los merideños de la ciudad y del estado y, sobre todo, la preocupación de contribuir al surgimiento de un liderazgo nacional nuevo, con sólida formación y con una visión renovada del país, del estado y de la universidad”.

Con el sentido crítico y, desde el distanciamiento de la práctica partidista de la política, Mendoza Angulo, López Rodríguez, Rodríguez Villenave y Vargas Contreras, concibieron la tertulia como la expresión política, cívica y cultural a la que los obligaba su condición común de rectores de la Universidad de Los Andes, entendiendo con Mariano Picón-Salas, “probablemente la mente más lúcida del siglo XX merideño” como señala Mendoza Angulo, “las especialísimas relaciones que desde hace más de doscientos años vinculan a la universidad y a la ciudad”, derivadas de la peculiaridad de que Mérida sea “una universidad con una ciudad por dentro”, y de que, “la Universidad de Los Andes era la más grande empresa histórica que habían acometido los  hombres y mujeres de la sierra de Mérida”.

Su condición singular de universitarios, “a diferencia de otros centros urbanos de Venezuela que son sedes universitarias desde hace mucho tiempo, anteriores incluso a Mérida como Caracas, en –‘la ciudad de los caballeros’ por el tamaño de la universidad en relación con la ciudad, por el peso de la actividad económica que promueve la academia en la entidad federal y porque la sociedad merideña históricamente ha tenido a muchos de sus integrantes vinculados siempre a la casi totalidad de las actividades de la institución, los que hemos sido Rectores de la Universidad de Los Andes y permanecemos en la ciudad luego de dejar tan honrosas funciones, de muchas maneras, por el trato que se nos dispensa tanto pública como privadamente, tenemos que seguir siendo rectores, para los universitarios y para los ciudadanos, prácticamente hasta el fin de nuestros días. Haber dirigido a la vetusta Casa de Estudios nos obliga permanentemente con la institución, con la ciudad y con el estado como seguramente no llegue a ocurrir con ex –Rectores de otras universidades del país” (cursivas nuestras), no sólo les da la autoridad y la legitimidad ante los ciudadanos merideños sino que su comprensión de la crisis cultural de la universidad y el país, perfiló desde el origen la identidad libre, democrática y plural de la tertulia: “una sociedad civil, o para decirlo en el lenguaje usual de este tiempo, una ONG sin relación de dependencia con la universidad, sin nexos obligantes con intereses económicos, gremiales o partidistas, que escogió su nombre como expresión y continuidad de la experiencia que durante un tiempo largo nos congregaba los martes en nuestras residencias familiares”.

Pero, paradójicamente, el origen universitario de los fundadores de la tertulia condicionó moralmente el espacio físico, la puesta en escena del foro público: “la decisión de  realizar nuestras actividades fuera de los recintos universitarios. Por una parte, no quisimos correr el riesgo de intentar un ejercicio intelectual que quedara confinado a los límites de la universidad y terminara interesando solamente a profesores y estudiantes. Y por la otra, a pesar de la estrecha relación entre la universidad y la ciudad, deseábamos superar los obstáculos que muchas veces cohíben, sin prohibir, a los no universitarios el acceso a los locales académicos porque  sospechan, o piensan infundadamente, que allí tienen lugar actividades reservadas a quienes se han iniciado en, las a veces, recónditas y misteriosas preocupaciones del intelecto. Para decirlo de manera directa, a veces la gente común, o que se ocupa de cosas comunes, siente temor o pena de importunar con su presencia asuntos que solo le interesan a los universitarios. Queríamos promover un espacio donde se dieran la mano hombres y mujeres de diferentes generaciones; profesionales de las más variadas ramas y ocupaciones; gente de partido e independientes, personas con diferentes ideologías; empresarios y trabajadores; gentes de Mérida y de otras partes de Venezuela, convencidos todos, o cuando menos interesados, en la posibilidad de abordar discusiones de cualquier asunto, al más alto nivel,  con la más absoluta libertad de criterio, en un ambiente de seriedad y de respeto mutuo:” El territorio de lo privado como garantía y legitimidad del ejercicio público de la discusión e intercambio de bienes intelectuales y culturales: el pensamiento como ejercicio libre y privado de la libertad.

Con cerca de doscientas sesiones, con invitados provenientes de todo el país y de Mérida, la tertulia ha convocado políticos, académicos, escritores, poetas, empresarios, periodistas, profesores, investigadores, críticos, especialistas, expertos, sobre los más diversos temas que conforman la agenda nacional y regional y ha organizado decenas de foros especializados  y encuentros sobre temas de interés especial en algunas de las más importantes capitales municipales del interior del estado, con “un resultado […] verdaderamente maravilloso. Cada uno de nosotros ha ido descubriendo lo enriquecedor que resulta compartir, en igualdad de condiciones, un espacio en donde todos somos, al mismo tiempo, diferentes”. Sin negar el carácter político de oposición la tertulia de los martes ha creado en Mérida una de las aventuras intelectuales de mayor trascendencia cultural en la región andina y en el país: ser parte de la construcción “de nuevos caminos que deberían conducir a la edificación del país renovado que nos merecemos” y “de un futuro menos azaroso”. Como lo refiriera Américo Martín en la sesión última de la tertulia, pensar el país es una condición y necesidad política y moral indispensable e ineludible para los intelectuales en estos tiempos de oscuridad: la tertulia de los martes de los rectores José Mendoza Angulo, Néstor López Rodríguez, Miguel Rodríguez Villenave y Genry Vargas Contreras, que se ha convertido en  patrimonio cultural de los merideños, pone en crisis la crisis nacional, semana a semana, pensando el país.