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Diómedes Cordero

Montaje: Miradas múltiples

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Compilado por Jonatan Alzuru Aponte y Oscar Pérez, con prólogo de Enzo Del Bufalo, Miradas múltiples. Homenaje a Rigoberto Lanz (Caracas: bid & co. editor, 2014) podría ser definido y caracterizado como un libro pensado o imaginado por Rigoberto Lanz: como afirman Alzuru Aponte y Pérez en “Presentación. Genealogía y Hermeneútica”, “La pluralidad de voces que se alternan en el texto” y “la diversidad de trayectorias posibles que nacen desde el pensamiento, el testimonio y las prácticas de intercambio, reconocidos como multidimensionalidad en la personalidad que nos ocupa”, “son la base de la arquitectura de este libro. Dimensiones diversas del personaje que nos convoca se piensan, se reflexionan o celebran. Y no se tematizan sólo sus planteamientos, sus ideas y su pensamiento, también el sujeto encarnado es rescatado junto a la hojarasca de la razón. Y es que en esta individualidad son indisociables la amistad y el liderazgo intelectual, la fiesta y ligereza celebratoria con la labor rigurosa y disciplinada, el goce de la vida con la tensión de los compromisos, el derroche afectivo con el debate pedagógico, el intercambio entre iguales como norma que promueve una comunidad cultural desde sus actos. No hay dispersión en este libro, hay una impronta eruptiva, multiforme y generosa, una pulsión reactiva frente a una identidad maltratada y un afán de transferir a la palabra el íntimo deseo de fuga de las prisiones del tiempo”, en el que “la contingencialidad cobró su espacio. Por supuesto ello no disminuye la calidad del amasado ni el arte del libro, pero si es bueno advertir al lector que, comprendiendo esa lógica adorniana [ ̒de oponerse  a lo dado, al devenir, sabiendo que siempre hay puntos de fuga, y que en toda planificación saltan las contingencias̕ ], no se sorprenda porque todos los textos no se encuentren reseñados en el prólogo, más bien, asúmalo como una sorpresa encantadora”.

Del Bufalo en el prólogo “Múltiples miradas”, tras haber narrado con precisión y elegancia su encuentro, “un día de junio del año 1989, si mal no recuerdo, recibí una llamada de Rigoberto Lanz para discutir el proyecto de creación de un centro de estudios transdiciplinarios”, el Centro de Investigaciones Post Doctorales (CIPOST) y la revista RELEA, en la Universidad Central de Venezuela, y “su exitosa tarea de formar  grupos de investigadores en todo el país”, dice: “Además de gerente académico, militante político, promotor de grupos de investigadores, y partero de ideas, Rigoberto Lanz fue también un intelectual original de primer orden de cuya extensa obra comentaré a continuación algunos de sus aspectos más trascendentes. Pero más que confiar en mi propia memoria lo haré analizando su pensamiento tal como se refleja en las contribuciones a su memoria en este libro. Por lo general seguiré el orden establecido por el editor del libro, con una excepción, puesto que empezaré por el último artículo, que es el de Jonatan Alzuru, que aunque es el editor del libro escogió el último lugar para su testimonio, quizás para ser el último en despedirse del maestro, o por astucia pensando en aquello de que los últimos serán los primeros”.

Del Bufalo subraya las ideas nietzscheana con la que Alzuru Aponte interpreta lo que Lanz denominó “Posmodernidad Crítica Radical”, para resaltar “que este Nietzsche moderno demasiado moderno es el que, como recuerda siempre Deleuze, sabe que la posmodernidad no es, como insinuó el pensamiento débil, una negación de la modernidad, sino la plena realización de la modernidad liberándola, creo yo, de las cadenas despóticas que impiden su plena realización, y en este sentido es una modernidad que va más allá de la modernidad porque la modernidad histórica es el compromiso incompatible e insuperado  entre el principio de sumisión y el postulado de igualdad. Nietzsche el teórico de la transvaloración de los valores es fundamental para todos aquellos que quieren mantenerse en la tendencia hacia la sociedad de hombres libres e iguales”. Con esa “visión nietzscheana”, que sugiere Alzuru Aponte “para aproximarse a la vida y obra de Rigoberto”, según la interpretación de Del Bufalo, “el lector podrá orientarse mejor entre la multifacéticas contribuciones que al homenajearlo lo dispersan en las múltiples experiencias de vidas en las cuales influyó”.

Del Bufalo comenta y crítica, cuestiona y contradice, reconoce y valora, indistintamente las contribuciones de Antonieta Rodríguez (la relación del origen de  las “inquietudes intelectuales” de Lanz y “la herida del militante de izquierda de los años sesenta”); Jesús Puerta (el drama de la Misión Ciencia “que se convirtió en comedia, y la reforma universitaria); y Alex Ferguson (la provocación, la lealtad y “su postura erótica ante la vida”); que conforman el capítulo I. “Miradas en clave de perfil”.

Las contribuciones de Roberto Follari (un humus y un ethos asociados a “la sensibilidad  posmoderna”, del que del sentido “de este ethos del que habla Follari”,  Del Bufalo se pregunta, si “tendrá el mismo sentido de esa ética-estética de la que habla Alzuru”); Martín Hopenhayn (“hay que filosofar desde el cuerpo”, al que Del Bufalo le dice: “más que  las enfermedades ̒tropicales̕ del cuerpo, Hopenhayn harái bien en temerle a lo que, para él, es la metafísica tropical”); Carlos Blanco (la “contradicción esencial “ que Blanco “encuentra” en la “vida intelectual” de Lanz, “un gran jodedor”, por haber sido ̔un maestro̕ cuando su propuesta inicial era cortarle la cabeza a los maestros”, Del Bufalo la considera a la luz del “cinismo antiguo”: “Ya sea que el devenir en maestro del joven contestatario de otros tiempos haya sido por cinismo filosófico recuperado por el despotismo como lo fue en el caso de Sócrates que deja perplejo a Blanco, ya sea que haya sido por afán de ampliar el goce estético del pensar o por cualquiera otra razón, Rigoberto fue para muchos el maestro”); Víctor Rago (“Evocación de Rigoberto”), José Colmenares (“Rigoberto Lanz: nómada del pensamiento”); Abraham Gómez (“Desde la ̔exquisita̕ perversión de tu pensamiento”); Rafael Hurtado (“Semblanza del amigo”) y Gonzalo Ramírez (“Maestrísimo”), no “reseñados” por Del Bufalo; conforman el capítulo II. “Miradas en clave de amistad”.

Las contribuciones de Mauricio Mancilla (la posmodernidad como posibilidad de creación de “nuevos conceptos de ciudadanía” en la globalización), Rodrigo Browne Sartori (la alianza entre Lanz y Toni Negri “en busca” de “otra izquierda”, de la que a Del Bufalo le queda la “sospecha de que el Negri con el cual nuestro autor busca una alianza es el Negri del éxito editorial que a mi entender no es el mejor Negri. Pero quizás me equivoco”); Francisco Rodríguez (̒la búsqueda de una sociedad libre y feliz̕, que Del Bufalo ve como una idea “que desde siempre es patrimonio de la tradición  conservadora”); Juan José Hernández (el rompimiento de Lanz con el marxismo dogmático y el empeño de Lanz en la reforma universitaria); Luis Alberto Bracho (Lanz como “precursor de la posmodernidad crítica”); Carmen Irene Rivero (la crítica al nominalismo y el pragmatismo), ”); Víctor Rago (“lo llanero y lo nacional” como “busca de la definición identidad nacional con consideraciones etnoculturales”,  a la que Del Bufalo “a mi juicio “ ve “sumamente peligrosas por estar plagadas siempre de anacronismos , y peor aún por estar constituidas por el esencialismo, que como tal es siempre reaccionario y mal se adviene con un pensamiento posmoderno”); Ana Julia Bozo de Carmona (la argumentación contra “los límites de la democracia y las aberraciones neopopulistas actuales”, que Del Bufalo señala como sesgada por “la confusión entre los postulados de igualdad e igualitarismo”); y Oscar Pérez (“Reinventar la palabra es reinventar la vida: nuevos tiempos y retos por la emancipación”) no “reseñado” por Del Bufalo; conforman el capítulo III.  “Miradas en claves teóricas”.  

Rayda Guzmán (“la philia griega, que fue el phatos  propio de las antiguas comunidades filosóficas cohesionadas en torno al cuidado de sí mismo” y  las “nuevas formas de pensamiento” del CIPOST); Álvaro Márquez-Fernández (el giro filosófico); Javier Biardeau (el desnudamiento de ̒la filigrana microscópica de los engranajes del poder̕ y “un delirio final en el cual RigobertoLanz entra en el Olimpo”); Xiomara Martínez Oliveros (̒la idea de encarar la construcción de nuevos espacios de libertad y de empeñarnos en superar los límites de la política heredada, es decir, de sobrepasar el encierro de la institucionalidad burguesa que se reproduce tramposamente en nombre de la Revolución̕); y Juan Barreto y Héctor Sánchez (“los autores hacen entonces una reseña de algunas tesis de Rigoberto referidas a la actualidad política y social de Venezuela y el mundo , llevados por un aire jacobino, que a ratos barre con todo lo posmoderno y lo posmarxista en Rigoberto Lanz”); Jonatan Alzuru Aponte (“a mí no me queda otra cosa que hacer que asociarme al brindis final de Jonatan Alzuru en honor de Rigoberto y decirle a nombre de todos los que aquí intervinieron: gracias Rigoberto por haber existido”) y Daisy D’ Amario (“Elogio de la incorrección maestra) no “reseñada” por Del Bufalo; conforman el capítulo IV, y último. “Miradas con las claves de la amistad y la teoría”.

Estas “Múltiples miradas” de Miradas múltiples celebran la inteligencia crítica y la pasión de vida de Rigoberto Lanz.