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Diómedes Cordero

Montaje: Lengua y poder

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Lengua y poder en la obra gramatical de Andrés Bello (Caracas: Fundación Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, 2014), del escritor, ensayista e investigador y profesor universitario Belford Moré, más que una “respuesta” a la “relación estrecha entre el poder y el saber lingüístico” en su dimensión histórica;  a las transformaciones propias de los sujetos y los productos y los esquemas de las relaciones del poder y las modificaciones menos evidentes del saber lingüístico sometidas al cambio histórico; sería, para Moré, en el marco de la hipótesis global de las relaciones del poder y el saber lingüístico, que funcionaría a su vez como una forma de soporte para un abordaje históricamente localizado, el enfoque de “la manera en que se configuran las relaciones entre los universos del saber y del poder en un caso concreto: la obra gramatical de Andrés Bello”.

Moré considera las identificaciones de los rasgos fundamentales de las ideas de Bello con “sus antecedentes en el pensamiento europeo y sus proyecciones dentro del contexto de la lingüística del siglo XX”: trabajos como los de Amado Alonso, Ángel Rosenblat, Francisco Javier Pérez y Enrique Obediente y Francesco D’Introno, que desdibujarían las relaciones entre poder y saber al privilegiar los autores sus propios esquemas interpretativos; textos como los de Francisco Murillo Rubiera y Rafael Caldera, en los que la ausencia de una perspectiva crítica en las relaciones de poder y saber, convierte la figura de Bello en “la representación de una especie de héroe civilizador con escasas fisuras”; y, finalmente, “materiales en los que los problemas de la relación entre poder y saber lingüístico pasan a ocupar un primer plano y son enfocados desde una perspectiva crítica que, en buena medida, se subordina a la revisión de los principios de la modernización”, como los trabajos de Beatriz González y Julio Ramos, quienes compartirían el concepto foucaultiano de “política del cuerpo” (Vigilar y Castigar). De esta manera, la obra gramatical de Bello formaría parte de “los diferentes mecanismos usados para el disciplinamiento y formación de los ciudadanos en el seno de la nuevas repúblicas”. Moré valida este principio de interpretación, pero al mismo tiempo lo encuentra limitado: el carácter condensado del mismo impediría el completo delineamiento de “las complejas relaciones que hay entre el saber y el universo del poder en la obra gramatical de Bello”. González y Ramos no destacarían “suficientemente” la singularidad de la obra de Bello al enmarcarla “en una política de uniformización que incluye no sólo la praxis lingüística sino los hábitos sociales en general”. Entre la peculiaridades omitidas, Moré señala “los desacuerdos de Bello con algunos intelectuales destacados de su tiempo”; y centra la posible comprensión de las carencias de los trabajos citados, en el propósito común de los autores de considerar a Bello como “una figura que ilustra en alto relieve una política general que ambos autores estás interesados en destacar con mayor intensidad”. 

Para resolver “la insuficiencia” anotada, Moré acude a la “sustentación teórica” de la sociología del lenguaje (Fasold y Fishman) y su “inventario de problemas sobre la importancia que tiene la lengua para los grupos humanos”. Observa que “muchas de las cuestiones ligadas al diseño e instrumentalización de una política lingüística se ubican más allá del ideal uniformador y que se definen en una escala histórica y cultural que trasciende el ámbito hispanoamericano del siglo pasado”. Los imperativos del poder vinculados con  la idea de uniformar no pertenecerían exclusivamente a una etapa histórica determinada, por lo que “la confección de cualquier política de uniformación se asienta en un complejo de actitudes, valoraciones, conexiones con la tradición y objetivos relacionados que son determinantes de sus características específicas”. Frente a las limitaciones que también presenta la sociología del lenguaje, “la más importante de todas”, la perspectiva de una focalización no crítica de los procesos de dominación que, por la mirada aséptica de la disciplina, acaba en la validación “de las actitudes y decisiones que se instauran desde las esferas del poder”, y en su conversión instrumental del poder mediante recomendaciones para la acción efectiva del mismo, Moré opta por un enfoque de carácter ecléctico: “Asumimos en su valor teórico algunos conceptos que son útiles para la comprensión de ciertos aspectos involucrados en nuestros ejes de atención, pero integrándolos en una perspectiva crítica en la que se pretende poner en primer plano la relatividad de toda acción del poder y, de modo particular, de los objetivos, alcances y fundamentos de la obra gramatical de Andrés Bello.”

Lengua y poder en la obra gramatical de Andrés Bello  presenta, en cinco capítulos, “algunos puntos” de los considerados por Moré como “más relevantes en una primera instancia”: en los tres primeros capítulos, “los aspectos relacionados más estrechamente con la instrumentalización de la política lingüística y que tienen una presencia destacada en los fragmentos de carácter programático que están dispersos en la obra de Bello: En el capítulo I: “La política lingüística en la perspectiva de Andrés Bello” Moré resalta el modo en que los textos de Bello “constituyen el espacio discursivo que resume y esquematiza la representación general del sistema de la lengua. En ellos también se incluye un nivel metatextual que da respuesta a los diferentes problemas planteados por las tareas de control. […] No solo se preocupa por organizar un sistema normativo ni, lo que es aún más notable, por conferir una densidad filosófica a las respuestas que ofrece a propósito de la sutileza y complejidad de los fenómenos del lenguaje. También pretende, por una parte, fijar los objetivos y alcances, estrategias y justificaciones del despliegue instrumental del proceso de planificación y, por otra, precisar el aparato nocional y los fundamentos epistemológicos sobre los cuales considera debe fundarse el saber que, como hemos indicado, constituye el apoyo de la acción política”. Con modo parecido al de Bello, Moré trata los alcances sociales de la política lingüística de Bello, la justificación de esta y la acción del poder en el universo de la lengua: contener la degeneración de la lengua misma y la función trascendente de la política en la esferas de la modernización, el disciplinamiento y las identidad, que conforman los puntos tratados en el capítulo I. De modo similar, Moré procede en el capítulo II: “Autoridad del gramático”, en el que “la manera de entender las cosas” de Bello “hace posible que el control sobre la praxis lingüística se extienda no solo a quienes se espera que encarnen los hábitos legítimos, sino a los propios guardianes de la lengua”; en el capítulo III: “La selección y sus criterios”, en el que Bello, no solo debe enfrentar uno de los “problemas retóricos más evidentes”, como son “la legitimación de su gramática y, en general, de la política lingüística”, sino que “debe presentar lo que en esencia es un conjunto de elecciones cuya instancia de decisión es él como individuo, como si derivara de entificaciones transindividuales y objetivas: el uso de la gente educada, el uso de Castilla, el  uso de los modelos de la literatura castellana”, que Bello resolverá por medio del reenvío constante “a estos tres planos que han sido cargados de autoridad y que son presentados como el correlato empírico que controla el diseño de las representaciones de la gramática”, y que forman parte de los puntos tratados: la selección en el plano dialectal y la selección en la dimensión semiótico-discursiva.

Los capítulos IV y V tratan asuntos que por no menos visibles no dejan de ser importantes: las evidentes implicaciones políticas contenidas entre las relaciones del poder y la configuración del saber, que refieren “el abordaje de la dimensión ideológica de la noción de lengua que sirve de presupuesto a la gramática y a la política lingüística en su integridad”. En el capítulo IV: “Lengua y sistema”, Moré, materializa, con la precisión y el rigor del investigador lingüístico y, a la vez, el tono reflexivo y, en muchos momentos, poético del ensayo, el modo a lo Bello, de “un ejercicio hermenéutico que vaya más allá de las definiciones en su formulación explícita y que enfoque su funcionamiento operativo en enunciados referidos a aspectos concretos de la lengua”, para evitar una perspectiva que coloque a la obra de Bello (las ideas expresadas en el prólogo a la Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos) en un paralelismo con “las de varios autores contemporáneos entre los que destaca Ferdinand de Sausurre, como la que establece Francisco Javier Pérez cuando sostiene “que la concepción de lengua es […] la primera fundamentación que nos equipara las teorías de Bello y de Sausurre. Para ambos la significación de una obra lingüística tenía que descansar sobre el carácter orgánico de interrelación que supone la noción de sistema”. Moré, “sin desconocer la legitimidad y, en menor medida, la necesidad de este tipo de abordaje”, aprecia “poco menos que inadecuado” limitarse al mismo. Este “esquema interpretativo y crítico anacronizante que, en el peor de los casos, manipula el sentido de las expresiones para hacerlo congruente con ideas promovidas por corrientes prestigiadas en otra etapa histórica”, con “el afán obsesivo por conferir relevancia a la obra gramatical de Bello”, propicia que “se obvien las profundas diferencias que existen entre el pensamiento de Bello y esas corrientes, lo que a larga impide que se comprenda su singularidad”. Moré indica lo que Foucault “señala a propósito de las formaciones discursivas: se usa un término para señalar entidades radicalmente distintas”.  En Bello, el sistema, según Moré, “se entiende como una instancia con un alto nivel de generalidad y con un fuerte poder teórico”. El sistema en la obra de Bello  no puede “ser comprendido como una red de oposiciones que se constituyen de manera correlativa. Por el contrario, en él se disuelven las oposiciones y las diferencias. Su designio es reducir la diversidad en la unidad a través de fórmulas cuyo contenido debe estar investido del mayor grado de generalidad posible. Ello se expresa, por lo menos, en dos movimientos. Se descubren los elementos y relaciones que prevalecen bajo la aparente caoticidad de los fenómenos, con lo que se determinan sus instancias rectoras, y se diseña una nomenclatura que sintetiza verbalmente y, a modo de fórmula, la relación entre esos elementos”. El rol discursivo de las nociones generales, la noción de lengua en los estudios sobre la obra de Bello, la definición de lengua (que tendrá la coda: la noción de lengua al final del libro) y la noción de sistema son los puntos que componen el capítulo; finalmente, en el capítulo V: “Noción del signo”, Moré dice “que se puede decir que el concepto usado por Bello es de carácter transemiótico”, al considerar que Bello, para quien el signo “ es aquello que está en lugar de algo, un sustituto que en función de este carácter no solo se presenta a sí mismo, sino que representa lo ausente”, al referirse “a los signos no solo piensa en signos comunicativos”,  sino que los piensa juntos a “algunos que cumplen la función representacional sin que jueguen un papel directo en la comunicación humana”. Los puntos: los signos del lenguaje humano, los signos lingüísticos, la dimensión ideológica de la noción de signo y  la mencionada coda: la noción de la lengua  estructuran y cierran este último capítulo.

Belford More posiblemente ha pensado y escrito uno de los libros más importantes de la escena lingüística venezolana: como él dice de Bello, ha procedido a su modo. Los lectores eventuales de Lengua y poder en la obra gramatical de Andrés Bello, como los eventuales lectores del gramático, “pueden tener la [misma] confianza de que se ha construido una visión intelectual de la realidad que, como el propio Bello lo indica, es el rasgo definitorio de la teoría”.