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Diómedes Cordero

Montaje: Fijar Cubagua

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Alejandro Bruzual, poeta, ensayista, crítico e investigador literario, musical y cinematográfico, en Cubagua. Enrique Bernardo Nuñez. Estudio y edición crítico-genética (Caracas: Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, 2014), fija el texto de la novela de Nuñez, mediante una “edición genética” que “ofrece como texto-base la voluntad final del autor, que no había sido publicada hasta ahora. Para ello, reconstruimos la versión que incluye sus últimas correcciones sobre un ejemplar de la tercera edición, que seguramente comenzó a realizar una vez publicada ésta, o sea desde finales de los años cuarenta, aunque en la portada de la carpeta que incluye esta versión corregida colocara 1955 como fecha de revisión, si bien también intuimos que no detuvo el proceso de cambios hasta su muerte en 1964”. En “Premilinar” Bruzual reconoce, además, “que ésta no es la mejor versión de la novela, pues las modificaciones no le fueron favorables en términos literarios y redujeron su complejidad conceptual, no obstante la presentación genética, con numerosísimas variantes del proceso preeditorial y de todas las que aparecieron en las otras ediciones en vida del autor, apuntalan la idea de la escritura como un proceso intensivo de reflexión, que no se detiene ni siquiera después de su definición editorial”. El epígrafe “Desearía escribir una nueva versión de Cubagua, de igual modo que a veces nos viene el deseo de hacer una versión de la vida”, de Enrique Bernardo Nuñez, justifica para Bruzual, “más allá de las complejidades que ofrece al lector, esta visión genética de Nuñez”, al considerarla como “una fascinante enseñanza artística, traducida en un tramado complejo de opciones y decisiones, variable y múltiple, que nos obliga a aceptar la literatura como un acto nunca satisfecho ni definitivo de creación, ratificando la idea de que los libros, más que obras finales y concluidas, son textos abandonados por sus autores, como queda en evidencia en el epígrafe que utilizamos”.

La advertencia de Giuseppe Tavani, “especialista en ediciones genéticas”, al señalar: “«que mientras no se dispone de un texto fidedigno, todas las operaciones hermeneúticas y críticas están expuestas al riesgo de resultar arbitrarias, intempestivas e inseguras»”, revelaría, según Bruzual la falta de fijación de Cubagua y la propiciación de la aproximación genética: “Nuñez fue exageradamente autocrítico con su trabajo intelectual, mostrando siempre una voluntad radical de perfeccionamiento que lo llevaba a corregir sus escritos de manera casi obsesiva. Esta suerte de pulsión irrefrenable dejó rastros profundos en Cubagua, la que modificó numerosísimas veces. Incluso después de sus primeras cuatro ediciones y hasta el final de su vida, creando una situación propicia para el acercamiento genético”, que no sólo colocaría en evidencia “el proceso de formación de esa prosa «castigada» -como la calificó Uslar Pietri-, sino de aspectos de una trama que se fue llenando de ausencias y misterios”. Al constatar que “las ediciones póstumas no llegaron a fijar un texto que respondiera plenamente a las inquietudes del autor”, y que “en los últimos años han circulado al menos tres versiones distintas de la novela –la de la editorial Monte Ávila Latinoamericana, la de Casa de Las Américas y la edición de Biblioteca Ayacucho– sin que los editores advirtieran las notables diferencias entre ellas, ni la crítica tomara en consideración los resultados de la comparación respectiva. Se ha procedido a reeditar sin explicar las más importantes variantes, y se ha interpretado una suerte de trama idealizada, obviando que en muchos casos las conclusiones que pueden obtenerse de las diversas versiones son excluyentes”, Bruzual muestra al mismo tiempo los vacíos de la industria cultural y de la crítica literaria venezolana en relación a los impostergables estudios y ediciones crítico-genéticas de las obras literarias del canon nacional.

En “Consideraciones genéticas e historia del texto”, Bruzual reconstruye el “recorrido escritural” de la novela de Nuñez, por medio de “una gran cantidad de materiales pretextuales”, con rigor y exhaustividad histórica, crítica y editorial; y en “Estudio introductorio. Neocolonialismo y escritura. Una visión genética de Cubagua”, en correspondencia baudelaireana con Nuñez, del que afirma en “Preliminar” que “fue un autor complejo, con altibajos estéticos pero con un profundo potencial creativo, además de haber sido un pensador original que comprendió de manera osada y heterodoxa la realidad histórica y social de Venezuela. De modos diversos, el escritor valenciano utilizó su vocación literaria en un sentido propiamente político, no para hacer obras de denuncia en sí, sino para potenciar la comunicación de ideas sociales complejas que excedían lo literario”, realiza una lectura política de la novela de Nuñez, que continúa, esta vez con la comparación de las diversas versiones del texto, ampliando y profundizando la realizada en su libro anterior Aires de tempestad. Narrativas contaminadas de Latinoamérica (Caracas: Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos 2012), para demostrar, al comparar los dos finales revelados por la visión genética de la novela: Si “Nuñez estaría  proponiendo, hacia 1930 y sosteniendo hasta al menos 1947, un proyecto de nación que pasaría por la concientización histórica de esa burguesía burocrática representada por Leiziaga, con el liderazgo del concepto-Nila, es decir, de una rebeldía modernizada y propia”; en la versión de la edición con correcciones del Ministerio de Educación , 1947, el final de Leiziaga, “solo en las playas de Cubagua, «la isla muerta»”, sin “proyecto posible de futuro, conciliación ni alternativa alguna”,  representaría que “la trama vuelve al lugar del pasado y de la explotación destructiva, a las catacumbas, al espacio del rito, a la necesidad de la historia, pero ahora como derrota”. Bruzual considera que: “Este final y última versión resulta un testamento de decepción durante los años finales de la vida del autor, que quizá sea producto de la desilusión ante la propuesta militar-desarrollista de la dictadura y el perezjimenismo (1948-1958), así como ante la orientación que tomaba el país con la socialdemocracia en el poder, quizás porque ambas mantuvieron una actitud condescendiente con las empresas internacionales explotadoras de los recursos, y más bien permitieron la consolidación del proyecto neocolonial por él denunciado desde principios de 1930”; pero respondiendo con rigor intelectual e inteligencia crítica, Bruzual, en un giro propio de lo literario, sostiene que: “Sin embargo, creemos que la novela resiste la lectura del doble final, es más que se hace necesaria. Pensamos que no debe primar uno sobre otro, siendo ambos válidos como aproximación crítico-genética más la ser un texto que, al fin y al cabo, fue escrito y reescrito durante casi 36 años, reaccionando quizás también ante la escasa lectura de la obra hasta ese momento, que aceptó con facilismo la calificación de hermética y difícil”.

Alejandro Bruzual ha creado otra Cubagua: como él mismo lo dice al referirse a “uno de los grandes aciertos de Nuñez, [como] fue [el de]  ahondar en la inestabilidad y pluralidad de los puntos de vista, como propuesta de una realidad entendida como un hecho de múltiples verdades coexistentes”, su libro Cubagua. Enrique Bernardo Nuñez. Estudio y edición crítico-genética, “propone sentidos distintos, pero equivalentes, de la misma Cubagua”.