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Diómedes Cordero

Montaje: Cantar y beber

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Todos cantando, todos tomando (Caracas: Monte Ávila Editores, 2013), Premio del Concurso para Autores Inéditos, Mención Ensayo, edición 2011, del joven filósofo y ensayista Víctor García Ramírez, pareciera dibujar la poética de su escritura en la relación de sentido trenzada en los tres epígrafes principales del libro, que como dice Genette, funcionarían como “un comentario del texto, que precisa o subraya indirectamente su significación”: “Toda interpretación es el contrapunto del misterio”. Alessandro Baricco, y, “Yo afirmo, con toda seriedad: la Ópera de tres centavos o los discos de las canciones modernas, tan queridos por la juventud actual, son igual de legítimos”. Hans-Geör Gadamer;  o como “anexo justificativo del título”: “¿Te has preguntado alguna vez por qué un borracho comprende más?  Porque la embriaguez es sufrimiento”. E. M. Cioran.

García Ramírez en “Todos tomando, todos cantando”, el primero de los siete ensayos breves que, además le da nombre al libro, de los siete que lo conforman, traza el centro de su poética: “Quien diga que Latinoamérica no tuvo, al igual que Europa, un siglo XX atravesado por el existencialismo no ha escuchado nunca rancheras ni tangos. Si hay algo en lo que se abracen los dos extremos de este continente es en la clara visión de su destino. Lo que iba a  ser bueno ya ha sido, la condena se sabe larga y, desde entonces, todos los días son el día antes de morir. Por eso no hay mucho más que hacer que no sea cantar. Cantar y beber. En el punto más lato del mapa las rancheras, los corridos, los huapangos; en el punto más bajo las milongas, las zambas y los tangos. Tequila en México, vino en Argentina. Y en el medio, del Caribe hasta los Andes, ron, cerveza, guarapa, pisco y aguardiente, al son de la cumbia, el danzón, la salsa, el vallenato, la guaracha y el bolero. Todos cantando, todos tomando”. Poética que, como a las composiciones de José Alfredo Jiménez, según Monsiváis, García Ramírez, denomina como “una épica de la embriaguez”. Y que complementa “en el final de la borrachera, el canto de Enrique Santos Discépolo”, que, según García Ramírez, “nos advierte: pobre de aquel que se entrega a los panfletos de los ideales colectivos, el que cree en el amor romántico que no traiciona, el que apuesta por la solidaridad de los hombres que no son más que una bandada de ‘chorros’; pobre de él porque no es más que un ‘disfrazao sin carnaval”.

En el segundo ensayo “La supermujer nietzscheana: de Perú para el mundo”, a propósito de La Tigresa del Oriente, García Ramírez, traza el procedimiento (teórico y narrativo) que serviría de comprensión y posible justificación de su poética: “Claro todo esto entendiendo el arte pop como el resultado de un mundo donde la banalidad adquiere niveles sagrados una vez que, por un lado, los dioses y las prácticas religiosas han sido puestas al margen del espacio público, y, por el otro, la expansión de la democracia y con ello (aunque no tendría por qué) la expansión también de la idea, de algún modo maravillosa pero el fondo falsa, de que cualquier vida es buena sólo por el hecho de ser deseada”. Embriaguez y arte pop como visión de mundo y forma intercambiables de una experiencia de vida que aguardaría en “las ciudades desconocidas”, en las que “todo lo que no sabremos, todo lo que no bautizaríamos. Esa es nuestra mayor riqueza. Nos queda sólo disolvernos en el allí indeterminable, mirar de reojo, desgastados, como un borracho de ranchera que se queda quietecito, que se ríe sin saber por qué, que sentado en un rincón de la tasca, bebiendo ya la del estribo, mirando el pasado, innombrable, espera la canción que ha pedido y que, finalmente, no llegará”, como posible lugar cercano a una epifanía nietzscheana: un cuerpo haciendo lo que todavía no es: la vida como una obra de arte y la filosofía como una estética del vivir, como García Ramírez parece apostar en el ensayo final del libro: “Las ciudades desconocidas”.

Los otros ensayos de Todos cantando, todos tomando: “El conjuro del mal” sobre la película Anticristo, de Lars von Trier: “Una historia que después de todo, es la historia de la condición humana, de su falta de concordancia consigo misma, que en medio de su desesperanza conjura el mal para sí. La historia de la distancia del hombre con lo divino, de los hombres entre los hombres, que replica la enemistad más difícil de llevar, la de cada hombre consigo mismo”; En “El festival imposible” acerca de la experiencia de un concierto, y de la obra musical, de Antony and The Johnsons, García Ramírez reconstruye la vida y experiencia artística de Antony Hegarty que desembocaría en el grupo con los distintos músicos Johnsons, y que García Ramírez vive como una experiencia fundamental y excesiva: “Lo ocurrido en escena fue la prueba de la manifestación creadora de la naturaleza en el arte, de esa forma que tiene algunos artistas de operar haciendo brotar vida espontáneamente a su paso. Se nos entregó la vida de un mundo dentro del mundo, que no se nos reveló como el más verdadero, porque la verdad no es sólo lo que pensamos o lo que enunciamos, sino el fundamentalmente lo que, una vez aceptado, compartimos y que, desde entonces, nos fundamente y excede”; “el río delirante” presenta El río del tiempo, de Fernando Vallejo no como un ciclo autobiográfico, así como tampoco “las novelas no pertenecientes a este ciclo –El desbarrancadero, La rambla paralela e incluso La virgen de los sicarios–  sino “como un ciclo desbiográfico, es decir, como socavamiento, como terrorismo de lo que consideramos biográfico”, en “el que sería mejor considerar todos sus escritos”. Invitando a leer a Vallejo quijotescamente, García Ramírez concluye: “Es que El río del tiempo, así como el resto de su producción literaria hasta ahora publicada, consiste en un diálogo y no de un monólogo, como se ha malentendido. No es un simple yo decantándose hasta la saciedad. Es la palabra de un loco, de un demente en su mente, de un Don Fernando de medallo, de metrallo, donde nos toca ser la contraparte, donde nos sale ser Sancho Panza; y ya sabemos lo que eso significa: batallas falsas de la que, sin embargo, podemos salir mortalmente heridos”; y “Sinécdoque sardinata”, ensayo en el que García Ramírez recrea, recobra, narrativamente, la experiencia de la infancia en un pueblo rural con sus correspondiente viaje a la finca de los abuelos: “Un lugar en el que tal vez, para algunos, se puede vivir, sí. Para los descreídos, para los esperanzados, para lo que piensan que los niños dejarán de perseguir gatos y destripar sapos. Para ellos sí, para ellos. Pero no para nosotros, a los que el fin del mundo nos dejó esperando”.

Polémico, irreverente, provocador, heterodoxo, intuitivo, reflexivo, Todos cantando, todos tomando, intenta, discutiblemente, y no podría ser de otra manera, dada su filiación nietzscheana, hacer compatibles la experiencia individual con la colectiva, la estética con la histórica. Leer la prosa del mundo, vivir el mundo de la prosa.