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Leopoldo López Gil

Monstruos y monstruosidades

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El jefe del Estado declarando que podría convertir a un ciudadano venezolano, sin juicio y mucho menos sentencia, en objeto de permuta, cual saco de calderilla, es simplemente monstruoso.

Esta oferta demuestra inmoral ignorancia al proponer públicamente una acción violatoria del artículo 50 de la Constitución y el derecho fundamental que tiene todo venezolano.

El pretendido canjeable es inocente, pues aún no se le ha juzgado. Así rezan nuestras leyes. El mandatario sabe que este preso de conciencia está retenido por sus órdenes, y no lo puede indultar sin antes ser sentenciado.

La oferta presidencial evidencia desprecio por la independencia de los poderes públicos. Alguien debe asesorar al jerarca, son demasiados yerros los que comete cuando opina sobre este preso. El canje, al proponer el intercambio de un venezolano por un terrorista extranjero, reconoce el secuestro de la justicia y ejercicio de autocracia. Proponerlo es inmoral y una monstruosidad constitucional. Apercibimiento que debe angustiar a quienes hoy constituyen la fuerza de apoyo que somete dictatorialmente a la nación. El gerifalte merece orientación para evitar  errores con los que menosprecia a los venezolanos.

Oscar López Rivera, ciudadano norteamericano, terrorista confeso, juzgado, sentenciado y condenado por la justicia de su país, reconoció ser culpable de actos criminales al colocar bombas que inmolaron a inocentes. Uno de esos jefes de grupos terroristas que hacen del crimen su bandera política; cabeza de una organización que, por defenderla, el presidente podría ser calificado de terrorista.

Puede que el aludido, conociendo que esto puede suceder, se carcajee y burle lanzando improperios a quienes luchan en defensa de la libertad y la justicia. Lo hará, aunque luego manifieste deseos de mejorar las relaciones con el imperio.

Monstruo es quien abusando del poder mantiene a un compatriota, líder político, secuestrado y lo ofrece en ilícito canje por un extranjero terrorista.

La causa de ese preso no es materia de trueque, es la lucha por la justicia; lucha acrecentada al reconocerle como preso político enfrentado a procesos injustos. Las palabras textuales que le indician, fueron dichas públicamente en cadena: “La única forma de que yo usara las facultades presidenciales que tengo para liberarlo es para montarlo en un avión que vaya a Estados Unidos, lo deje allá y me entreguen a Óscar López Rivera; pelo a pelo, hombre a hombre”.

Hombre a hombre debe ser, sin temor ni miedo, en cumplimiento de nuestras leyes.