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Vladimir Villegas

Monagas: unidad para perder

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Recuerdo aquellos años ya remotos cuando la izquierda venezolana demostraba su incapacidad para encontrar fórmulas que la condujeran a la unidad electoral y así presentarles a los electores una alternativa creíble, que al menos abriera un espacio político con perspectivas de penetrar en el mercado cautivo del otrora poderoso bipartidismo. Entonces una consigna que esgrimía el PCV era “unidad para vencer”, aunque en sus entrañas se movían todo tipo de resistencias a aceptar siquiera por asomo la unidad con el MAS, y mucho menos con Teodoro Petkoff. Y los masistas tampoco se quedaban atrás en su sectarismo y su prepotencia de fuerza “superior”.

Esos recuerdos vienen a colación muy a propósito de lo que está pasando en el estado Monagas, donde la oposición va dividida con dos candidaturas. Una de ellas, la del disidente del chavismo, José Gregorio “Gato” Briceño, es la que reúne, de lejos, la mayor suma de voluntades, pero la de Soraya Hernández es la que cuenta con el respaldo oficial de la Mesa de la Unidad  (nacional). Es un enredo difícil de solucionar a estas alturas, a menos que la candidata Hernández decida retirar su nombre. La lógica electoral indica que así debería ser, peeeero…

Tal y como lo dice Alberto Quirós Corradi en su artículo de este domingo en El Nacional, “no hay acuerdo inmodificable cuando cambian las condiciones que lo hicieron posible”. Y es obvio que las condiciones cambiaron en el estado Monagas desde el mismo momento en el cual el “Gato” dejó de pertenecer a las filas del chavismo al oponerse a que se les suministrara a los habitantes de Maturín agua presuntamente contaminada con partículas de petróleo derramado en el  río Guarapiche. Y cambiaron aún más cuando se produjo el apoyo del gobernador a la candidatura presidencial de Henrique Capriles Radonski.

¿Quién entiende que respetar un acuerdo electoral derivado de unas condiciones que ya no existen es más importante que evitar un triunfo que sería emblemático para el Partido Socialista Unido de Venezuela, porque se trata de la cabeza de un disidente? ¿El mensaje a la potencial disidencia chavista de mañana es que mejor es quedarse calladito en las filas pesuvistas?

Y hago la pregunta en estos términos porque sabemos que para el Gobierno en estas elecciones regionales hay al menos cuatro gobernaciones que significan algo así como la joya de la corona: Zulia, Miranda, Lara y Monagas. Las dos primeras, obviamente por el peso electoral de esos estados, y porque son fortalezas opositoras. Zulia le ha sido esquivo al chavismo cuando se trata de elegir gobernadores, y Miranda es la tierra donde actúa políticamente un líder que acaba de obtener alrededor de seis millones y medio de votos. Mientras que en Lara y Monagas el objetivo es dar escarmiento a quienes abandonaron el PSUV, y mostrarles el tramojo a los eventuales disidentes de mañana, para que quede establecido como un principio inconmovible que todo aquel que abandona al chavismo será convertido, de verdad, verdad, en polvo cósmico.

No faltan quienes argumenten que no vale la pena apoyar al “Gato” porque mañana éste puede convertirse en un nuevo Arias Cárdenas. ¿Por eso es mejor para la oposición que gane la candidata del PSUV, Yelitze Santaella?  Vaya lógica… Por ese camino todo el mundo es sospechoso, si nos remitimos a lo que pasó con William Ojeda y el copeyano Aldo Cermeño.

 

Caso Afiuni

Pena ajena da la postura de quienes desde instancias oficiales anuncian una  demanda por difamación e injuria contra la jueza María Lourdes Afiuni, luego de que ésta denunciara, en un libro escrito por el periodista Francisco Olivares, haber sido violada en su celda del INOF. En casos como éste, que implicarían una grave afrenta a la dignidad de la mujer, lo que se impone es impulsar una investigación, y no la criminalización de la presunta víctima.