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Luis Ugalde

Molesta Navidad

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Nota previa: El proceso electoral más ventajista y abusivo del poder ha concluido con resultados agridulces para ambos bloques.

La Palabra de Dios “vino a los suyos y los suyos no la recibieron” (Juan 1,11). También hoy Jesús es rechazado por muchos que, proclamándose “suyos”, no reciben al pobre, al hambriento, al encarcelado, al desterrado… (Mateo 25, 42).

Mandela nació y vivió en un horrendo sistema de apartheid donde solo la minoría blanca era gente. La justa indignación lo llevó a la violencia contra ese sistema y a una larga cárcel de 27 años en la que se encontró con su pueblo de otra manera: en la oscuridad externa se iluminó la luz interna: “Nadie tiene más amor a otro que quien da la vida por él”. Salió a dar su propia vida para que en Suráfrica negros y blancos juntos tuvieran vida. Hoy su muerte es vida espiritual y luz para la humanidad.

Solo reciben a Jesús quienes escuchan y entienden: “Lo que hicieron con uno de estos más pequeños conmigo lo hicieron” (Mateo 25,40). Este es el misterio humano-divino de la Navidad. El papa Francisco siente gran resistencia de quienes diciéndose cristianos rechazan la inseparable dimensión social de la vida de Dios hecho humano y hermano en Jesús; y en la reciente exhortación “Alegría del Evangelio” (Gaudium Evangelii) expresa su justa indignación papal sobre esa resistencia atrincherada en prejuicios e injusticias:

“¡Cuántas palabras se han vuelto molestas para este sistema! Molesta que se hable de ética, molesta que se hable de solidaridad mundial, molesta que se hable de distribución de los bienes, molesta que se hable de preservar las fuentes de trabajo, molesta que se hable de la dignidad de los débiles, molesta que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia. Otras veces sucede que estas palabras se vuelven objeto de un manoseo oportunista que las deshonra. La cómoda indiferencia ante estas cuestiones vacía nuestra vida y nuestras palabras de todo significado. La vocación de un empresario es una noble tarea, siempre que se deje interpelar por un sentido más amplio de la vida; esto le permite servir verdaderamente al bien común, con su esfuerzo por multiplicar y volver más accesibles para todos los bienes de este mundo” (N. 203).

Ya algunos acusan al papa de complicidad con el comunismo por afirmar que no basta la economía de mercado para que una sociedad marche bien. Hay sociedades que, con ética personal, responsabilidad social e instituciones, hacen que la “economía de mercado” funcione como un buen instrumento para la vida y dignidad de todos; y otras en la que el mercado endiosado e intocable inmola millones de seres humanos ante el altar del dinero y del poder. Ningún papa condenó tan tajantemente como Pío XI el comunismo leninista-estalinista, hasta afirmar en 1931 que “nadie puede a la vez ser buen católico y verdadero socialista” bolchevique (Quadragesimo Anno n. 120). Pero al mismo tiempo él señaló la enfermedad capitalista y las consecuencias del espíritu individualista, sin sentido de responsabilidad social y sin ley que lo encauce y frene sus abusos: “La libre concurrencia se ha destruido a sí misma; la dictadura económica se ha adueñado del mercado libre; por consiguiente al deseo de lucro ha sucedido la desenfrenada ambición de poderío; la economía toda se ha hecho horrendamente dura, cruel, atroz” (Q. A. n 109). Ese mundo sin alma provocó el triunfo bolchevique en Rusia (1917), la Gran Crisis de 1929 y el triunfo nazi (1933) en una Alemania derrotada y en la miseria, humillada y deseosa de revancha; y llevó a las 2 guerras mundiales más espantosas con 100 millones de muertos.

Hoy y aquí la verdadera Navidad molesta a los que tienen el poder y desde el gobierno violan sistemáticamente la Constitución, abusan con el árbitro electoral y con el estatismo destruyen la educación democrática, la vida económica productiva y las bases mismas de la democracia social en libertad y justicia. A otros molesta que la Iglesia no se arrodille ante el altar del dios absoluto e intocable del mercado y pida equilibrio y contrapesos entre libertad ciudadana y económica y las instituciones públicas de bien común, con responsabilidad social de ciudadanos y empresarios; todo alimentado espiritualmente por la ética y el amor al prójimo.

En esta Navidad 2013 es imprescindible que los “suyos” (en principio somos todos) recibamos a Jesús con el compromiso de ir a la reconstrucción democrática nacional contra viento y marea, basados en el reconocimiento del otro y en la ética. Sin prosperidad y oportunidades para los pobres no hay futuro para nadie en Venezuela. Y no habrá futuro para los pobres si no florecen las libertades y creatividad personales y si ellos no se convierten en 10 millones de trabajadores aliados a empresarios con ética, capacidad empresarial y responsabilidad social.

¡Feliz Navidad con responsabilidad que se extiende hacia el año nuevo!