• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Beatriz de Majo

Modi y China, ¿una alianza viable?

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La República de India y la República Popular China nacieron con dos años de diferencia, en 1947 y 1949. Pero a pesar de su cercanía geográfica las dos naciones nunca han congeniado política o emocionalmente. Por ello ha sorprendido la inusitada y extensa cobertura periodística que recibió en toda China el evento político electoral en India en el cual resultó triunfador Narendra Modi.

Igualmente es trascendente que la prensa oficial manejada por el Partido Comunista haya considerado que la asunción del poder en India por parte de Modi animará considerablemente las relaciones entre ambos gigantes de Asia. Ocurre que los chinos se retrotraen, en múltiples escritos y programas televisivos, a un importante legado dejado por el ahora primer ministro en 2011, en la ocasión de un viaje suyo a China como premier del estado de Gujarat.

En aquel momento y por la vía de los símbolos, el hindú dejó claro, en todas sus apariciones públicas, las estrechas ataduras económicas que buscaba con sus vecinos. Su tarjeta de visita o de presentación –un instrumento cultural chino de enorme importancia porque a través de su entrega, mano a mano, un visitante establece el primer contacto formal con cualquier interlocutor– venía escrita en chino y en color rojo, con lo cual el visitante dejaba claro a sus contrapartes que perseguía para los dos países una misma cosa: bonanza y buena fortuna. Más importante que lo anterior es que Modi no escondía que su propósito en esa visita era aprender las claves del éxito del dragón asiático, para aplicarlas más tarde en su país natal.

Hoy los líderes chinos esperan que ese desiderátum sea puesto en ejecución y así lo hizo saber el premier chino Li Keqiang al recodar las importantísimas inversiones hechas por su país en el estado de Gujarat, el más industrioso de la India, inversiones que hoy alcanzan los 1.000 millones de dólares y que fueron efectuadas a instancias de Modi. 

A Modi lo distinguen sus credenciales como un destacado ejecutor de políticas públicas y las promesas de reformas desarrollistas con que se presentó a la elección. Son estas credenciales las que los chinos consideran que servirán para acercar a los dos países, ya que ambos compartirán la pasión, la dedicación y el foco en el desarrollo. Algunos analistas chinos han llegado a precalificar el desempeño futuro de Modi como uno capaz de implantar un “milagro” en el segundo más populoso país del orbe. 

El gran interrogante es cómo se materializará este acercamiento mutuo entre una India que parece emprender una vuelta radical a la derecha y la China comunista de Xi. El punto de contacto entre Dehli y Pekín tendrá que ser el económico, un área de excelencia del nuevo gobernante hindú y el terreno que le valió la aplastante victoria electoral. Le tocará al nuevo gobernante repetir el “milagro” alcanzado en Gujarat, donde fue gracias a la alianza con China que puso a crecer su estado por encima de 10%, mientras el resto del país lo hacía apenas a 5%.

Por ahora, explotar ese explícito entusiasmo chino por el estrechamiento de la relación bilateral se convertirá en una prioridad para el gobierno de Modi. Los escollos a sobreponer no son pocos: la memoria colectiva hindú tiene presente aún la amargura de la guerra con China de 1962, y conflictos territoriales recientes han generado resentimientos nada deleznables.