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Elsa Cardozo

Mirar a otro lado

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Hace falta mirar a otro lado, de rato en rato, para ganar perspectiva, para no dejarse atrapar por la pesadez y todas las manifestaciones de violencia que nos sofocan. No es cuestión de evadir, sino de procurar comprender mejor por dónde anda Venezuela, fuera de la monotonía tóxica de la incesante campaña oficialista.

Al mirar hacia Estados Unidos, para apenas hacer un alto de norte a sur en noticias recientes de algunos lugares del mapa hemisférico, encontraremos interesantes referencias en el mensaje del Estado de la Unión. Barack Obama, recién reelegido y juramentado, fue al Congreso a hablar en primera persona del plural ante diputados y senadores que representan a una sociedad plural. El Presidente fue a exponer su diagnóstico y sus propuestas de políticas para atender fragilidades sociales y educativas, de infraestructura y vivienda, desafíos económicos, ambientales y de seguridad nacional. Todo fue dicho con franqueza, firmeza y sin asomo de descalificación u ofensa a sus detractores, para convocar a los ciudadanos, desde su diversidad, a ser autores de la historia que se hace cada día.

En Brasil, la presidenta Dilma Rousseff, como balance de continuidad y ampliación de los programas sociales de la Bolsa Familia de su antecesor y mentor, ha presentado resultados de la iniciativa Brasil sin Miseria que desde 2011 ha sacado de la extrema pobreza a 22 millones de brasileños. Lo ha hecho no sólo a través de transferencias de dinero, sino con inversión en mejora de servicios públicos, educación y oportunidades de empleo. El orden en las finanzas y las políticas para impulsar el crecimiento económico diversificado no ha impedido acumular y respetar las reservas internacionales más grandes de América Latina. Y corrupción, sí que existe, pero también hay jueces que, como los del Tribunal Supremo, entre ellos el instructor del caso de las “mensualidades”, Joaquim Barbosa, no dudaron en condenar hace pocos meses a 25 acusados, entre ellos figuras ligadas al partido de Rousseff y Lula da Silva.

Para añadir otros matices, también puede uno detenerse en Ecuador, donde el presidente Rafael Correa acaba de ser reelegido por segunda vez. Aun las más ásperas y por demás justificadas críticas a una manera personalista de asumir el poder, sofocar la crítica, endeudar el país e inflar el sector público, le reconocen que ha utilizado ingresos petroleros extraordinarios para mejorar infraestructura y servicios.

Y en tonalidades más sombrías, es inevitable ver y verse en Cuba. No tanto porque de La Habana acaba de volver en la penumbra el convaleciente presidente Chávez, sino porque de allá han dejado salir en estos días en gira internacional, con derecho de regresar, a Yoani Sánchez. Su emoción, la más visible entre las de los beneficiados con el permiso para viajar, produce sentimientos encontrados: qué bueno que, aun con restricciones, sea ahora posible para algunos cubanos salir a mirar otros lados; pero qué terrible, qué representativo del control totalitario ha sido el encierro de los cubanos, por su propio gobierno, que ahora presenta estos permisos como encomiables.

Volver a lo nuestro, mirar y mirarnos aquí es el ineludible y necesario final de este arbitrario y limitado ver hacia otras latitudes. Lo es para oponerse responsablemente al terco andar gubernamental, sin atisbo de orden en cuentas y cuentos, contra lo que trae prosperidad y tranquilidad.