• Caracas (Venezuela)

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Alicia Freilich

Miraflores SETV

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En cuarenta años de imperfecta democracia capitalista liberal no hizo falta permiso militar ni entrega al castrocomunismo para admitir que la industria televisiva privada se sostiene sobre competencia mercantil, que busca la mayor sintonía y que en esa lucha surgen mecanismos perversos, fenómeno analizado al detalle desde altos estudios por especialistas universitarios venezolanos, aún activos. Sus testimonios públicos causaron controversia y algunos correctivos por parte del implicado sector político-empresarial.

Sin mordaza, en el ámbito creativo José Ignacio Cabrujas proclamó los defectos de la telenovela nacional desde el vientre mismo del monstruo, y como guionista en la pionera RCTV estrenó un modelo criollo denominado “cultural” que dejó varias muestras ejemplares. Entre el 92 y el 94 la teleserie Por estas calles de Ibsen Martínez denunció la corruptela gubernamental y mostró la creciente miseria. Con niveles de audiencia inusual se la acusó de motivar la antipolítica. Ni prohibida ni censurada por el gobierno, luego fue acusada de propiciar la destitución de Carlos Andrés Pérez.

Por su parte, la literatura moderna, entre otros, los venezolanos Eduardo Liendo en El mago de la cara de vidrio (Monte Ávila, Caracas 1973) y Alberto Barrera Tyszka en Rating (Anagrama, (México 2011), el peruano Jaime Bayly en su reciente La lluvia del tiempo (Santillana, Estados Unidos, 2013) ficcionan sus vivencias profesionales en ese medio para desnudar, con distinta calidad narrativa, una parte del trasfondo que moviliza dañinos intereses personales y de grupos. Sus autores son blanco de críticas opuestas, pero solo ahora el puro y compasivo régimen venezolano, patrón de colectivos, pranes, milicias, matones sueltos y uniformes soleados con tráfico de narcóticos, verdugo de Franklin Brito, de Iván Simonovis y tantos prisioneros por el pecado de disentir, sistema que esclavizó a la población con el soez discurso discriminador del teniente coronel comandante eterno y su  dirigencia, tan pendientes de la educación moral comunitaria, encontró por fin el remedio fijando límites de trama, escenas y lenguaje de la novela burguesa, un tradicional melodrama que inspiró la mejor ópera mundial y permite catarsis colectiva desde la radio y la TV centradas en amor, despecho, venganza y redención. Aquí, para la camarilla ilegal, es causa primaria de la criminalidad que les abona sus casi 200.000 víctimas hasta hoy.

Los encapuchados, hoy cortesanos, que en democracia escupieron contra el centenario folletín audiovisual no aprovechan la oportunidad de engendrar el suyo porque ya se emite a diario: un palacio, sede monárquica de todos los poderes antes constitucionales, ofrece el mejor elenco, pues lo habita un joven exreposero pobre fungiendo de protagonista. No quiere conocer(se) ni que se reconozca su origen porque nace ungido por un dios particular que le sirve de padre y guía; su pareja actual, que fue muy humilde, representa la materna brujería santera, importada y protectora; hijos y parientes, reconocidos o no, imitando la ruta paterna, vienen de la nada para los reclamos de rigor; el coro viceministerial de aplaudidores gritones apoya las consignas y amenazas del héroe principal, una fúrica hada madrina que ama la delincuencia organizada y se vale de artilugios para conservarla; esclavas rojas en desfile; un alto funcionario de la seguridad, oficial de asalto armado a la Casona de un expresidente; el mago de  la luz no lava su mano ensangrentada en el portón de una estación televisiva; el cortejo ministerial en papel de vengadores con clones en asamblea... Y pare de contar.

Se habla pestes pero no se muestra al enemigo, un villano espiado y temido antagonista preso que dirige la derrota de ese equipo en el poder y de repente llega con el victimizado pueblo Fuenteovejuna 2014. Tragicomedia, suspenso, magna farsa, socialista siglo XXI reality show.

La vida puede ser una telenovela sin pantalla. Este régimen es pura pantalla sin la noble, que puede ser cursi pero zanahoria, y sanadora telenovela de otros tiempos.