• Caracas (Venezuela)

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Raúl Fuentes

Cinco Minutos

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Tengo para mí que Bertrand Russell era tanto o más jodedor que filósofo. Sustento esta falta de respeto en un alegato suyo según el cual “No hay ninguna imposibilidad lógica en la idea de que el mundo haya aparecido hace cinco minutos, exactamente como está y con una población que ‘recuerde’ un pasado completamente irreal”. Pues bien, con base en esa hipótesis podríamos imaginar que el chavismo y su cola madurista son males pasajeros o fugaces alucinaciones ; pero, infortunadamente, la tierra de cinco minutos del sabio británico no pasa de ser un admirable “argumento escéptico” y la realidad es que tenemos 17 años aguantando los abusos de una satrapía militar que ha destruido las instituciones, pervertido las leyes y confiscado el espacio y el tiempo ciudadanos con un claro objetivo: gobernar per sæcula sæculorum.

No sé cuántas veces escuché a un Director de Mercadeo o a un Gerente de Marca — Chief Marketing Officer y Brand Manager deben haber rezado sus fatuas tarjetas de presentación— repetir, con pretensioso registro magistral y el swing con son qué sabrosón cubano o un cadencioso voseo rioplatense, que las investigaciones sobre el comportamiento y preferencias del consumidor se enseriaron cuando los dueños de las empresas se dieron cuenta de que sus prejuicios, el parecer de sus esposas y los dictámenes de amigotes y parientes no eran soportes suficientes para planificar la comercialización de sus productos.

Tal vez esta historia no sea más que una leyenda forjada por alguna agencia de Madison Avenue como anzuelo de sobremesa para sus business lunchs; quizá la inventó Mr. George Gallup para promover el American Institute of Public Opinion donde desarrolló la otrora famosa encuesta fundamentada en muestreos aleatorios. A pesar de sus dudosos orígenes, el cuento, como toda buena fábula, tiene propósito ejemplarizante — ¿moraleja?— y pretende enseñarnos que, para tomar decisiones, lo que queremos oír nunca coincide con la percepción de las mayorías.

El que figura al mando en este país que ya semeja un campamento de refugiados, pero carece de autoridad —Dime de qué presumes y te diré de qué careces—, no se conforma con los hallazgos de esos modernos oráculos que ampliaron su radio de acción hacia la política y hacen de la ideología mercancía transable y del electorado simple destinatario de melódicos, coloridos y dogmáticos mensajes publicitarios. Tampoco gustan los sondeos a quienes cortan el bacalao. Tanta resistencia al escrutinio público mediante consulta contemplada en los artículos 71 y 72 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela —capítulo IV, sección segunda—, revela que se tragan a pies juntillas lo que el sobrino, la cuñada o el camarada piensan de sus compañeros de trabajo y parranda o de sus vecinos; consecuencias de tamaña desviación son las fútiles refutaciones a los resultados de pesquisas calificadas que ni siquiera el más lame suelas de sus asesores puede desvirtuar; por ello, adulteran estadísticas, manipulan información y terminan presumiendo que la luna es pan de horno.

Como la verdad duele, el régimen recurre a los infundios de espías, soplones y agentes de su “inteligencia militar”, atroz contradictio in adjecto ridiculizado por Groucho Marx, y desdeña eficaces instrumentos de indagación probados con apreciable margen de fiabilidad por empresas especializadas en opinática; menosprecio que se explica porque su poder se erige, como el de toda dictadura, “sobre la falta de responsabilidad social de las masas” (Wilhelm Reich, Psicología de masas del fascismo). Tal es así que, a partir de la activación de la Carta Democrática Interamericana y del tira y encoge sobre un diálogo que ha colocado Venezuela en el ojo de un huracán cuyo epicentro —Miraflores, Fuerte Tiuna o La Habana— y objetivo —escatimarle tiempo a la disidencia y alentar a la oposición maximalista, la del todo o la nada— lo inviabilizan, funcionarios de alto coturno, con la canciller de primer chicharrón, aseguran que en este país, inocultablemente al borde de la hambruna y de una crisis humanitaria, se vive mejor que nunca y sus habitantes están ahítos de felicidad ja-ja-ja-ja. ¿Seremos acaso faquires capaces de soportar prolongados ayunos y suplicios inimaginables? El muñecón rojo tiene nexos espirituales con la India.

Cinco minutos dedicó esta semana el gobierno a buscar soluciones a la escasez —el lunes, Maduro activó, en un dos por tres, Abastecimiento Soberano, una misión, ¡otra!, para que Padrino, presidente en funciones por delegación, se dé con furia en la “guerra económica”—y poner trabas a la adquisición de alimentos y medicinas— en cinco minutos, no más, Vielma Mora decidió frenar el tránsito peatonal hacia Cúcuta.  Si es factible suponer que el universo entero tiene esa cortísima edad, cómo es posible que a estas gentes sus magines les den para tan poco y no adviertan que cada cinco minutos muere un pedazo de Venezuela.

 

 

rfuentesx@gmail.com