• Caracas (Venezuela)

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Oscar Hernández Bernalette

Ministerio para la “defensa” mundial de Venezuela

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Una incongruencia más de las cientos a que nos ha acostumbrado este gobierno desde hace 15 años. Se creara el Ministerio para la Defensa Mundial de Venezuela.

Tengo la impresión de que tamaño despropósito no será sino un despilfarro del dinero de las arcas del Estado ya de por sí muy mal administradas y abusadas durante estos últimos años. Una nueva instancia comunicacional del Estado que podríamos entenderla como una gran contradicción en su concepto, y seguro una estafa en su eficiencia.

En primer lugar, no es cierto que se tenga una guerra mediática y una campaña internacional contra Venezuela. De ser así habría que corregir, no es contra Venezuela sino contra el gobierno que rige los destinos de la nación. Venezuela no es solamente su gobierno. En segundo lugar, no existe tal campaña, como la anuncia Maduro cuando afirma: “Es un gran reto para cualquier país poder enfrentar la guerra comunicacional, que se ha desatado contra el país, la revolución y en especial contra mí como presidente”.

¿Cuál guerra? Que los medios recojan diariamente información sobre las manifestaciones, sobre los atropellos a los estudiantes, la criminalidad y la corrupción en Venezuela es fuente noticiosa que sería imposible que no la reflejaran en un mundo globalizado. Sobre lo que está pasando en el país se ha escrito hasta el infinito. Son muchos los articulistas, las cadenas televisivas internacionales y de radio (para algunos más bien dicen poco) que se han visto obligados a narrar sobre los desmadres de los últimos dos gobiernos en ejercicio. Dos ejemplos, cuando circuló la noticia del maletín de los 800.000 dólares que llevaba Wilson, quién invento la noticia; o cuando Chávez en el podio de Naciones Unidas exclamo que olía a azufre en contraposición al presidente Bush, ¿quién creó la noticia? Serían cientos los ejemplos de mala praxis comunicacional vergonzosa del gobierno y de corruptelas que obligan a los medios a dirigir las antenas a esta parte del continente.

Entonces no es cierto tampoco cuando Maduro dice: ¡“Buena parte de la arremetida que hemos vivido desde febrero bajo la consigna de la ‘salida ya’ estaba conectada a un plan internacional contra Venezuela, que logramos derrotar gracias a nuestra fortaleza en la escena mundial”!

Ni había un plan ni han controlado nada, simplemente se creó una matriz de opinión internacional debido a la crisis y a la manera antidemocrática de actuar de este y el anterior gobierno. Muestra de que han invertido ya de por sí cuantiosos recursos para mejorar su imagen internacional es cuando “otorga entrevistas”, usa a The New York Times, usa servicios de cabildeo, por ejemplo, en Estados Unidos e invita  a personalidades y elementos mediáticos como modelos para ganar imagen, sin dejar de excluir la cantidad de millones de dólares invertidos en programas  sociales que no se justifican y de dádivas a escala mundial que incluyeron hasta combustible para la calefacción a zonas deprimidas del país más rico del mundo. Pura inversión publicitaria.

Por otra parte, de acuerdo con Maduro, su gobierno goza de prestigio en foros de las Naciones Unidas, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, la OEA y la Unasur. Aquí hay que decir que eso no es verdad. Las burocracias internacionales no generan simpatías internacionales. Estos organismos reaccionan a las demandas de los gobiernos y su eficiencia depende muchas veces de su capacidad de relacionarse dentro de ellos y del pago de las respectivas cuotas y otros financiamientos que hacen más eficientes esos organismos para los países miembros interesados.

Para finalizar, la mayor de las contradicciones es querer montar un organismo para la misión antes señalada cuando para eso se tiene una Cancillería. Se invierten millones de dólares con más de 100 misiones internacionales y se les cancela altos salarios a sus embajadores para que cumplan cabalmente, entre otras, su función de informar sobre las políticas del gobierno. Maduro se encargó de destruir la diplomacia profesional para crear al diplomático nuevo que, como se ha visto en las redes sociales, han demostrado falta de profesionalidad y capacidad para las exigencias de la diplomacia.

Además, hay que recordar que parte de la información sobre lo que pasa en Venezuela la generan los miles de “periodistas y diplomáticos” sin sueldo que se han convertido en la vanguardia comunicacional del país en el exterior gracias a las redes sociales y a la profunda indignación que les produce haber tenido que dejar su país debido a la crisis. Insistimos en que esperamos que esta nueva instancia no termine siendo un mamotreto que contrate los servicios internacionales de una empresa multinacional de comunicaciones e imagen, y drenemos más dinero del fisco para fines poco nobles.