• Caracas (Venezuela)

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Marianella Salazar

Militarismo ramplón

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Los ascensos militares reflejan la continuidad del militarismo ramplón impuesto durante el gobierno autócrata de Hugo Chávez. La nueva ley de Recluta – ley de Registro, Alistamiento y Servicio Militar- que incluye no solo a personas naturales sino jurídicas, además de la extensión de la edad militar hasta los 60 años de edad y la creación de las milicias obreras revela connotaciones ideológicas dirigidas a lograr un ejército en armas, que se complementan con la actual milicia bolivariana y los colectivos armados.

La militarización de la sociedad que se evidencia hasta en las colas que se forman cuando aparecen productos de primera necesidad en los mercados, hasta la seguridad ciudadana, implementada en esa aberración del Plan Patria Segura, no ha hecho otra cosa que favorecerla barbarie, el abuso de autoridad, los delitos y el uso indebido de las armas, como quedó demostrado en el monstruoso crimen por parte de miembros del Ejército y de la Guardia Nacional, en Coro, estado Falcón, con las infortunadas madre e hija, que por un desgraciado y fatal equívoco fueron acribilladas a mansalva dentro de su vehículo, que recibió al menos 70 impactos de bala.
Crisis militar

A pesar de las graves circunstancias que atraviesa el país, el liderazgo político, encarnado en la Mesa de la Unidad Democrática, no ha podido implementar acciones contra la ilegitimidad de un gobierno que esgrime a cada instante una retórica belicista. La sociedad civil, resistida a obedecer como si hiciera vida en un cuartel y, el actual ambiente político, impregnado de estremecedoras tensiones sociales, económicas y hasta de salud pública, pueden llegar a ser incontrolables y están favoreciendo acciones contundentes por parte del liderazgo político democrático, antes que la posibilidad de un inminente golpe de Estado se haga realidad.

En la Fuerza Armada puede estallar una crisis militar, hay un gran descontento, hay chavistas que quieren sacar del poder a Maduro, no aceptan la subordinación al régimen castro-comunista, afirman que el poder de los cubanos se acabó con la muerte de Chávez, se resisten al nombramiento de la nueva ministra de la Defensa, la almirante Carmen Teresa Meléndez, no por ser mujer, sino por ser ficha de los hermanos Castro e impuesta por Cuba.

Además esgrimen que Maduro es extranjero, de ser cierto es un asunto explosivo, constituiría un grave delito y una violación a la Constitución -artículo 227-, que exige que el Presidente de la República sea venezolano por nacimiento. Hasta en el nuevo Alto Mando Militar hay quienes exigen que Maduro demuestre su nacionalidad con su partida de nacimiento, que ya estaría en manos de los verdes oliva.

Nicolás Maduro no puede seguir haciéndose el loco con el tema, está obligado a comprobar que no nació en Cúcuta ni en Bucaramanga. De no ser venezolano por nacimiento ¿cómo sería la actuación de la Fuerza Armada Bolivariana?, ¿estarían dispuestos a exigirle la renuncia y facilitarle su salida del país para no enfrentar la posibilidad de un proceso judicial por violación a la Constitución? Uno de los escenarios que se maneja es el que la Fuerza Armada, con resolución y coraje, se reivindique ante la nación como garante de la institucionalidad.

Mientras tanto, la dirigencia opositora no asume las responsabilidades que el momento histórico está demandando y para mayor desconcierto, su única prioridad es preservar y mantener los escasos espacios políticos que les ha permitido un CNE tramposo y solo parece concentrarse, con miopía total, en las elecciones municipales de diciembre permitiendo que las botas invadan las áreas que nos pertenecen a la sociedad civil.