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Nelson Rivera

Reinhart Koselleck (III)

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Revolución es un concepto ubicuo. Ha sido tan reiterada su aplicación en la ciencia, la política, la economía, la historia, la cultura, el desarrollo técnico o en las artes que parece imposible referirse a un proceso en cualquier ámbito de la actividad humana donde la palabra no se inserte de diversos modos.

Hasta en los ambientes más conservadores, como las empresas, se la utiliza para fines de la organización o del mercadeo. Proviene desde finales de la Edad Media: habría sido en Italia donde tuvo un primer uso político, para luego extenderse por Europa. Señala Reinhart Koselleck (comento aquí Historias de conceptos.

Estudios de semántica y pragmática del lenguaje político y social, publicado por Editorial Trotta, España, 2012). A partir de la Revolución francesa, el concepto adquiere dos connotaciones principales: por una parte, se refiere a los disturbios generalizados que pueden derivar en alguna modificación del orden vigente.

En otro sentido, revolución describe el cambio de carácter estructural que, con fundamento en el pasado, puede afectar el futuro de los grupos humanos.

Aunque el concepto de revolución tiene raíces y connotaciones premodernas, es un concepto inseparable de la modernidad (en otro libro suyo, Modernidad, culto a la muerte y memoria nacional, ya traducido al español en Madrid por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Koselleck analiza algunos de los criterios discordantes que se han puesto en circulación para fijar a partir de qué momento de la historia comenzó la época moderna).

Hacia 1800 el concepto de revolución ya se ha cargado de sus distintas capas, texturas y proyecciones. Koselleck establece la peculiaridad del término: "Casi no hay conceptos históricos fundamentales que reúnan en sí lo singular y lo repetitivo, lo diacrónico y lo sincrónico, como hace el concepto de revolución.

El concepto moderno de revolución despliega una serie de principios tales como la singularidad diacrónica, también procesual, las adiciones innovadoras y la repetición de elementos y estructuras (...) El concepto posee un impulso histórico que lleva a la innovación, pero asimismo también numerosos aspectos de discreta permanencia o repetición".

La riqueza de los elementos que confluyen en el vocablo "revolución" sugiere un potencial que no se ha agotado: su disposición metafórica hace pensar que ahora mismo la palabra podría estar cargándose de nuevos significados o que en el futuro podría adquirir connotaciones adicionales. La experiencia señala que revolución sugiere un agolpamiento o aceleración de la realidad.

Esta capacidad podría anunciar que muy pronto ella sea inevitable para describir los puntuales asuntos de nuestra vida cotidiana.