• Caracas (Venezuela)

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Pablo Pérez

Miedo a la protesta

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El gobierno está aterrorizado. La crisis estalla poco a poco, mientras carecen de ideas y recursos para abortar el colapso que parece estar muy cerca. Mientras el país se deteriora, aumentan los niveles de protesta en la calle. Ya se pierde la cuenta de las manifestaciones que por distintas razones ocurren todos los días en el país y a eso el gobierno le tiene miedo.

A la par que Venezuela colapsa, aumentan los reclamos populares, el miedo del gobierno se incrementa y recrudece la represión. Quieren tapar el malestar popular y por eso presionan a los medios para que no muestren lo que ocurre en diversas ciudades, mientras los cuerpos de seguridad buscan asfixiar la calle.

Al igual que en Caracas protestan los damnificados que no han recibido sus viviendas, en Mérida hacen lo mismo los estudiantes exigiendo seguridad y sus compañeros del Táchira además de reclamar por la inseguridad, piden el abastecimiento de alimentos.

Es inevitable que las calles reclamen por sus derechos. Son 15 años de desastre, ineficiencia, corrupción y cinismo. Aún pretenden achacar a los demás sus debilidades. Pero esas debilidades se están convirtiendo en una amenaza. Ante esta realidad el gobierno debe mantener la cordura.

Si pretende criminalizar la protesta eso funcionará como un combustible que nunca podrá apagar el fuego del malestar. Los políticos tenemos que aprender a escuchar todo, incluyendo lo que no nos gusta o desfavorece. Arreciando la represión no se arreglará nada.

Es irresponsable el trato dado a los estudiantes que protestan en Mérida y Táchira, porque los han querido hasta involucrar en un supuesto atentado contra la residencia del gobernador. Si esos muchachos no tienen nada que ver, deben liberarlos. Bájenle dos o más a la represión.

En Margarita acusan como terroristas a un grupo de venezolanos que protestaban contra la injerencia cubana en Venezuela a una muy larga distancia del hotel donde estaba la selección cubana. Hasta los propios peloteros antillanos afirmaron que ni se enteraron de lo ocurrido.

Sin embargo, el gobierno mandó a los supuestos “terroristas” a una cárcel para malandros. Igual hacen con los detenidos en Mérida y Táchira. La mayoría son jóvenes que sólo quieren un futuro más digno. Eso es inaudito. Ojalá actuaran con la misma fiereza contra los delincuentes que hacen desastres en las calles de nuestros pueblos y ciudades.

El gobierno no puede satanizar el reclamo popular porque eso se revertirá en su contra. Les aconsejo a los cabecillas del oficialismo que no sólo moderen sus acciones, sino también sus discursos. Ya olvidaron los llamamientos al diálogo. En un diálogo hay que ir preparado para escuchar lo que nos gusta y lo que no. Tienen que escuchar al pueblo, no sólo tomarlos como elementos de un discurso.

La estrategia de culpar a cualquier de sus propias fallas se agotó. El modelo socialista fracasó. Y el Estado represor no es la solución. Aún estamos a tiempo de parar la violencia. Abran válvulas al reclamo. Asuman sus responsabilidades y den la cara a los venezolanos.

El país se encamina por senderos muy peligrosos porque a la crisis económica que luego será social y al mismo tiempo se convertirá en política, debemos agregar la represión gubernamental. Estamos marcados por altos niveles de conflictividad. Este 12 de febrero piensen en la juventud y en el futuro de tantos estudiantes que pierden la esperanza, pero no para castigarlos, sino para ayudarlos. En un caos generalizado no gana nadie y todos perdemos. Venezuela se merece un gobierno que admita sus errores, asuma los correctivos y plantee soluciones.