• Caracas (Venezuela)

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Marcelino Bisbal

Miedo y pánico a la libertad de comunicación

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I

Manifestaciones de dignidad

En el tramo de estas dos primeras semanas del mes de agosto, en Venezuela se han producido dos hechos que son relevantes de comentar. Por un lado, el aniversario por los 71 años de recorrido desde que El Nacional salió a la palestra pública. Historias de libertad y progreso fue el título de la edición especial. Como se nos dice en la presentación: “…páginas producidas en tiempos en los que este diario ha sufrido uno de los más feroces e impenitentes ataques por parte del poder… A su manera, esta edición es una respuesta a la adversidad impuesta por un régimen que es enemigo de la libertad”.

Desde otro espacio se levanta la voz de compromiso y solidaridad con Tal Cual y su editor, frente a la acusación del presidente de la Asamblea Nacional por difamación e injuria y por la acción judicial que se le sigue a este diario y su directiva. La solidaridad se expresó en el conversatorio “La agonía de la libertad de expresión en Venezuela”.

Lo más significativo de estos dos hechos es su naturaleza. Se trata de levantar la voz de la dignidad porque sentimos cada vez más cerca cómo la libertad de comunicación del país se va perdiendo. Si bien es cierto que el horizonte se ha ido oscureciendo, también es cierto que cada vez más venezolanos se dan cuenta de que esta situación no puede continuar y que debe haber reacciones inteligentes y pragmáticas que tengan como principio ético y político la unidad para alcanzar la libertad.

 

II

La irrestricta libertad de expresión

La democracia es connatural a la existencia de medios de comunicación libres e independientes del poder gubernamental. El llamado “pluralismo” y la diversidad de opiniones y de creencias ideológicas son fundamentales para la existencia de un sistema democrático y para su buen funcionamiento.

La idea de la libertad de expresión e información forma parte de los llamados derechos liberales. El conjunto de los derechos liberales, es decir, el conjunto de los derechos civiles y políticos, fue impulsado por la Revolución Francesa, y en diciembre de 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. En ese documento, particularmente en el artículo 19, se expresa claramente el derecho a la libertad de expresión como derecho a la libertad de información.

A comienzos del año 1999, apenas a un mes de la toma de posesión, Hugo Chávez convoca a una Asamblea Nacional Constituyente y a la elaboración de una nueva Constitución en donde sus artículos 57 y 58 consagran lo relativo a la libertad de expresión y a la libertad de pensamiento. En esos artículos se prohíbe la censura; se indica que la comunicación es libre y plural; que toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos; que toda persona tiene derecho a la información oportuna, veraz e imparcial.

Desde los mismos inicios del gobierno del presidente Hugo Chávez se resaltó la significación estratégica de los medios de comunicación. Pero desde el comienzo de ese gobierno la retórica descalificatoria y de expresiones agresivas hacia los medios y periodistas, los ubica en el centro del debate político.

Sobre la base de lo anterior, las dificultades para ejercer a plenitud la libertad de expresión durante este período que han llamado socialismo del siglo XXI, se han dado por dos vías bien definidas. Por un lado, la promulgación de un conjunto de leyes dirigidas a generar mecanismos de censura, autocensura e intimidación y, por el otro lado, acciones violentas contra los mismos medios y periodistas.

 

III

Prácticas lúgubres

En Venezuela existen tres instituciones que son organizaciones no gubernamentales – Espacio Público, Instituto de Prensa y Sociedad y el Programa Venezolano de Educación en Derechos Humanos– que se han dedicado de manera muy minuciosa a diagnosticar el estado de la libertad de expresión en nuestro país desde el inicio de la “era Chávez”. Estos diagnósticos apuntan: 1.794 casos con 2.288 denuncias de violaciones a la libertad de expresión; violencia (ataques y agresiones), intimidación y censura son los patrones más recurrentes; y procesos judiciales y administrativos con más alcance restrictivo.

El des-orden se quiere convertir en práctica social gubernamental, cercando el espacio de la libertad, que en definitiva es el mayor bien del hombre. De allí el miedo y el pánico que genera en el gobierno la libertad de comunicación.