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Julio Bolívar

Michelle Ascencio, un corazón que aún tiembla

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Apenas me levanto y estoy recibiendo la taza de café que me lleva Estela a la sala y suena el celular con su timbre peculiar del WhatsApp. es Fernando Escorcia que me dice que se supo temprano de la muerte de Michelle Ascencio. Consulto a otros amigos y me confirman la noticia. Son las siete y media de la mañana de este sábado. Lo que debería ser una noticia de un acto tan privado, de una familia, es un dolor y una perturbación en nuestras cabezas. Lo primero es que lamento esta nueva pérdida del pensamiento y la creación venezolana. Lo segundo es que el mundo de la cultura pierde a una de sus más firmes investigadoras y escritoras. Dice Escorcia que no es tiempo para que se nos mueran más intelectuales, o algo parecido. Pienso en esta idea y la puedo compartir, pero no sé. Tal vez no es tiempo para que nos mueran más vidas que estaban vivas antes del desastre.

Conocí a Michelle Ascencio hace algo más de diez años, cuando estuve en la dirección editorial de Biblioteca Ayacucho. Allí encontré varias cosas por terminar, entre ellas una edición de un escritor haitiano fundamental, Jacques Roumain, de la que Michelle había hecho un magnífica traducción de su novela Los Gobernadores del rocío y otros textos de aquel narrador desconocido para las nuevas generaciones de lectores, y sobre todo de un autor desconocido en nuestra lengua, apenas una edición cubana existía de él. La hechura de aquel libro de la colección clásica de Ayacucho me trajo varias experiencias inolvidables: como conocer a esta intensa escritora y editar aquella novela. Realmente inolvidable, sobre todo que en la oficina de la fundación se conocía como una mujer difícil, lo que resultó todo lo contrario. Después corrió el tiempo y nos vimos en varias ocasiones. Leímos sus ensayos antropológicos sobre la magia y nuestras creencias. Su primera novela, Amargo y dulzón, mereció el premio de la Bienal de Literatura Latinoamericana José Rafael Pocaterra en 1998. Entre otras obras reconocidas de la autora están Mundo, demonio y carne, y De que vuelan, vuelan. Imaginarios religiosos venezolanos, un libro imprescindible.

Michelle, lo diré con versos de Roumain: “Tu corazón tiembla en la sombra” de tu obra, y tu alma suena como el tambor haitiano de tus ancestros.