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Fausto Masó

Chávez se parece a Pérez...

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Chávez repetía que nada le gustaba tanto como un debate, pero tan pronto surgió la ocasión de realizar una verdadera confrontación de ideas salió corriendo. Chávez no es un Salvador Allende que llegó a la presidencia sin ocultar sus ideas, sino un hábil político de mil caras. Le queda entonces, en vez de refutar los planteamientos de Capriles, echar mano a los traidores.

Primero intentó destruir moralmente al candidato de la oposición acusándolo de cuanta bajeza cabía imaginar, ahora pretende refutar su principal promesa de campaña con una maniobra de guerra sucia, lo que representa de una forma tortuosa un reconocimiento a lo acertado del mensaje político de Capriles, que le ha movido el piso al chavismo, porque no encaja en el tipo de adversario que deseaba: un representante del pasado y de los intereses reaccionarios.

Frente a la tesis del progreso de Capriles, Chávez se quedó sin argumentos. En estos largos 14 años ha estado solo en el cuadrilátero, le ha faltado un contendor, a su habilidad política innegable se agregaba que la oposición creyera cosas tan absurdas como que la abstención lo deslegitimaría...

El chavismo juró que la unidad de la MUD duraría lo que un merengue a la puerta de una escuela, a continuación dijo que jamás se celebrarían las primarias y que los candidatos perdedores no respaldarían al ganador, y terminó enfrentando una campaña inteligente de un hombre joven partidario de la justicia social y que no quiere volver al pasado. Capriles Radonski lo ha obligado a un debate de ideas, pero a Chávez le faltan argumentos frente a los electores, porque sencillamente maneja una sarta de lugares comunes que intenta representar como un pensamiento original.

Capriles defiende a los pobres, reconoce que su gobierno se preocuparía primero por ellos, ha escogido un lema, El Autobús del Progreso, con lo que ha unificado a la oposición. Capriles no está pidiendo privatizar Pdvsa, entregarle el país al imperialismo, sino algo más sencillo: defender los intereses nacionales, administrar bien nuestra riqueza, demostrar que con el petróleo a 100 dólares el barril Venezuela se desarrollaría con facilidad, y anda de pueblo en pueblo desenmascarando las promesas incumplidas, la inmensa mentira de este socialismo chambón.

La contracampaña chavista no ha convencido a nadie de que en la MUD hay una pelea de cuchillos, Acción Democrática, Copei y un Nuevo Tiempo no apuestan por la derrota de Capriles; al contrario, desde un Pablo Pérez hasta todos los alcaldes adecos trabajan fervorosamente por la derrota de Chávez. Un William Ojeda cumple su parte en esa estrategia, pero también algún que otro economista le proporciona municiones al adversario, cuando pide privatizar empresas estatales, aplicar el programa de shock de Pérez. Los que manejan este discurso actúan de buena fe, pero conviene que aclaren que hablan en nombre propio, no del programa de la MUD, porque caso contrario estarían llevando agua, sin saberlo, al molino del chavismo.

El estilo personalista, sobrado, salvador del mundo, sabelotodo, de Pérez resucitó en Chávez. Chávez, no Capriles, es quien se parece a Pérez, sin ser, como Pérez, capaz hasta del martirio por fidelidad a la democracia.