• Caracas (Venezuela)

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Perkins Rocha

Merengue mental

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Dos manuales manejan al país desde que el fallecido expresidente Chávez dejara estas tierras: El libro verde de Gadafi y el Sutra Vahini de Sathya Sai Baba. Uno justifica armar a los obreros de las fábricas y ofrece el socialismo como única salida de redención; el otro le permite hablar con los grandes líderes a través de los pájaros. El primero insiste en la guerra económica sin cuartel y se apodera de comercios sin procedimientos legales, solo con “instrucciones” presidenciales; el segundo trata de comunicarse con su yo interno a través de silbidos y entender que todos tenemos nuestro propio destino o karma, el cual podemos “limpiar” con arrepentimiento. Si a las enseñanzas que se desprenden de estas singulares lecturas les agregamos un intento por comprender lo que contiene el Manifiesto comunista, sumados a unos recesos caminando por los jardines de la casa de Misia Jacinta, oyendo en voz en off extractos de Las venas abiertas de América Latina, podemos entender por qué estamos en un país que posee dos satélites espaciales y, al mismo tiempo, graves problemas de suministro continuo de electricidad, y carencia de papel sanitario.

Tal bagaje intelectual hace posible que entendamos que estamos frente a un grupo de personas que, realmente, no quieren gobernar, pero que lo hacen obligados por la historia, porque son “los elegidos”, que nacieron de una “tormenta en el sol de una noche en penúltimo mes”, y que lo que en definitiva los mueve es asumir su destino karmático, pero con profunda convicción miliciana, siguiendo las precisas instrucciones que el Comandante Supremo dejara escritas con tinta indeleble en lo más profundo de sus cerebros, más concretamente, en el lado izquierdo del mismo.

Por ello, conceptos como “materialismo histórico”, instrumento marxista por excelencia para entender nuestra realidad social, deviene por visión suprema cantada en una mañana con el trinar de algún pajarito, en un “materialismo histérico”, que no es otra cosa que la reconceptualización neokarmática de ese viejo dogma que puede perfectamente concretarse en un objeto inanimado de uso común, como un plasma de 60 o más pulgadas. Seguro que el Padre eterno estaría muy feliz de saber cómo sus hijos dilectos consiguieron la perfecta forma de conciliar teoría y práctica en un aparato de 60 pulgadas.

Es ahí donde el otro lado del país –obcecados como somos– que adversamos a estos muchachos no entendemos la verdadera raíz del problema: ellos están allanando el camino para darnos a todos, próximamente, una gran sorpresa sobre lo que descubrieron en sus profundas lecturas filosóficas de Engels, Marx, Sai Baba y Proudhon: que el significado actual de “comunismo”, liberado de su karma endógeno, no es otro que “consumismo”, mucho más liviano, con menos resistencia y de fuerte penetración social.

Pero como estamos en Navidad, nos sentimos obligados a ver las cosas con optimismo, y no podemos perder de vista que en el país hacemos vida un grupo creciente que no hemos claudicado. Que mantenemos firmes nuestras convicciones democráticas, conscientes de que solo la magnitud de los terribles momentos económicos que se presagian son los que motivan al gobierno a colocar la estrategia del acercamiento humano de Sai Baba, estratégicamente, por encima del manual de Gadafi. Que no olvidamos a quienes pasarán esta Navidad enjaulados por culpa del cerco institucional que nos rodea, el mismo que no mueve un dedo para que cese la violencia y la delincuencia en nuestras calles. La esperanza está en quienes nos negamos a embriagarnos con ese cóctel ideológico del gobierno y a bailar su fatal merengue de destrucción social.