• Caracas (Venezuela)

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Américo Martín

Mensaje con destino

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Que Vladimir Villegas y yo nos llamemos amigos es simplemente porque lo somos. Aprecié mucho al bravo Cruz Villegas y por extensión a su familia. En tiempos nublados de sarcasmo, semejante aclaratoria resulta indispensable.

Aprovecharé las menciones de Vladimir en este diario para insistir en el tema de la unidad y aunque me refiera a la MUD en tanto que instrumento para superar sin pólvora y fuego la tormenta que se cierne sobre Venezuela, interesa a tirios y troyanos, güelfos y guibelinos.

No pretendo edulcorar las tensiones que sacuden el barco de la oposición. Solo quiero explicarlas para ayudar a enmarcarlas en el esquema unitario. Es la diferencia con las del gobierno, como se comprenderá al recordar que el oficialismo no convive civilizadamente con los demás. Necesita imponer su versión socialista gústele o no a quienes piensen distinto. Su ideólogo Cabello proclamó que con la burguesía no se dialoga.

La oposición no se divide porque no es partido único. Esa es su fuerza, no su debilidad. Venezuela es plural, están en ella todas las corrientes del pensamiento. Si se quiere un sistema democrático de fuerte sensibilidad social y enorme productividad, solo caben coaliciones plurales, no partidos únicos y deidades iluminadas.

Podrían dividirse los partidos de la MUD, pero no el frente común. En este caso, insisto, habrá “desacuerdos”. Por eso se trata de resolverlos en nombre del interés común, que predomina claramente sobre las diferencias de cualquier orden o las legítimas ambiciones presidenciales.

Para un frente plural como la MUD es excelente que sus componentes estiren músculos y postulen líderes. Para un partido único como el PSUV, es peligroso. Parece reproducir éste las religiones monoteístas del Medioevo, que combatían a muerte la “herejía” del rival. En la actualidad el papa Francisco despliega una tolerancia extraordinaria, bien respondida por otras religiones, salvo el fundamentalismo de endemoniadas organizaciones como Al Qaeda o el ISIS.

Disentir de la pasión exaltada e ideología divina asoma en el PSUV la división. Cada vez más grupos internos lo asumen cuando anuncian protestas y declaran que este gobierno no representa a la base chavista.

Los componentes de la oposición deben aprender a manejar el equilibrio entre la meta unitaria: el sistema plural y abierto, y aquello que los separa. Cada uno puede organizar sus iniciativas y fortalecer su liderazgo, siempre que no vayan contra la unidad porque entonces sí que nadie ganaría. Al final, con primarias y consenso, la MUD supo seleccionar brillantemente sus candidaturas. Más de tres millones de electores votaron en aquella jornada y al concluir, todos reconocieron al vencedor.

Lo que une, lo que desune. Manejarlo con destreza es el arte de la política. El padre Ugalde subrayó otro ángulo: el cambio “pasa” también por el PSUV. En ese partido se quejan por la pésima gestión, la represión obrera, la dedocracia, el derecho humano de elegir y la descomunal corrupción. El diálogo está abierto, preservando las diferencias.

Bajo la dictadura de Pérez Jiménez al editor Miguel Ángel Capriles se le encimó un joven comunista que lo consideraba el diablo encarnado. Me contó Miguel Ángel que lo paró en seco con estas palabras:

“joven, usted y yo nos odiamos ideológicamente. No obstante tenemos que unirnos para remover la situación que nos impide seguir odiándonos, pero en el marco de la libertad y el derecho”

Como exageración pedagógica, la boutade de aquel viejo-diablo puede ayudarnos a entender y manejar las complejidades de nuestra atormentada Venezuela.