• Caracas (Venezuela)

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María Amparo Grau

Memoria extemporánea

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El control parlamentario de la gestión administrativa es uno de los aspectos fundamentales de la separación de los poderes como principio cardinal del Estado de Derecho. Los poderes del Estado (Legislativo, Ejecutivo y Judicial) tienen sus funciones propias (legislar, administrar y juzgar), cuyos efectos inciden en la vida de los ciudadanos, y deben ejercerse con independencia y apego a la ley.

Pero, además, estos poderes se interrelacionan entre sí en un sistema de frenos y contrapesos que impide la arbitrariedad. Este régimen de control (en derecho comparado: checks and balances o sesión de control) se manifiesta, entre otros, en los mecanismos que establece la Constitución, siendo uno de ellos el control que ejerce el Parlamento sobre la gestión administrativa del Ejecutivo, a través del mensaje presidencial y la memoria y cuenta de sus ministros, así como lo es la autorización al presidente para la salida del país, en la que se controla el lugar, naturaleza y propósito del viaje y su relación con el interés público.

El artículo 237 de la Constitución establece, en efecto, que el presidente de la república debe presentar ante la Asamblea Nacional mensaje dando cuenta de los aspectos políticos, económicos, sociales y administrativos de la gestión realizada durante el año inmediatamente anterior. Este informe debe presentarlo personalmente, en sesión ordinaria y dentro de los diez días siguientes a la instalación de la Asamblea Nacional, ocurrida el 5 de enero de 2015, de allí que el plazo vencía el 16 de ese mes.

La poca importancia que las regulaciones constitucionales tienen para el gobierno y en general para los poderes públicos constituidos en Venezuela, bajo la excusa de una revolución que no tiene fin, se puso de relieve, de nuevo, en la aplicación de la norma antes citada. El Estado de Derecho en Venezuela es definitivamente una farsa, hay Constitución, poderes públicos constituidos, leyes, sentencias, pero en el fondo la revolución justifica, siempre bajo la parafernalia del acto oficial, que se incumpla todo el ordenamiento jurídico. Toda una pantomima, aquella del estilo de la comedia infantil  británica, la que no se limita a la mímica, que incluye el diálogo, la danza y el canto y ridiculiza las obras tradicionales de la Navidad y el folklore.

Aquí, en cuatro actos, exponemos la pantomima del mensaje presidencial al Parlamento.

Acto I: Estando en Rusia, de nuevo, cuando Putin decidió recibirlo, la prensa daba cuenta de que ese día, 15 de enero, el presidente asistiría también a la sede del Parlamento en Venezuela a cumplir con su obligación de presentar el mensaje. Es decir, que aparentemente el presidente podría estar en los dos lugares a la vez, pues el asunto sería solucionado, conforme a la información divulgada en la prensa, por el cambio de horario entre un hemisferio y otro.

Acto II: Como tal comparecencia personal era evidentemente de imposible realización, el vicepresidente concurrió el jueves 15 a la oficina del presidente del Parlamento para entregar el mensaje escrito en un documento y en esa misma oportunidad se daba cuenta en la prensa de que el presidente acudiría el martes 20 a las 5:00 de la tarde. Obviamente tal circunstancia no daba cumplimiento a la exigencia constitucional, pues la comparecencia debía ser personal, es decir, del propio ciudadano presidente, ante una sesión formal, solemne y ordinaria de la Asamblea y no en las oficinas del presidente de la misma, y dentro de los 10 días siguientes a la fecha de instalación.

Acto III: Luego, se propagó la noticia de que el presidente simplemente no concurriría a la Asamblea, es decir, que no se cumpliría en lo absoluto con la obligación constitucional, y por los medios de comunicación se enteraba el país de que el viernes 16 el presidente se encontraba en Lisboa, en una parada técnica no programada.

Acto IV: Finalmente, y de forma contraria a la noticia anterior, el miércoles 21, que no el martes 20 como se había anunciado, y casi una semana después de lo exigido, se dio la comparecencia del presidente en la Asamblea, en sesión especial, y no solo fuera del plazo señalado en la norma, sino que para un final digno de la pantomima en el referido sentido del teatro infantil musical británico, el mensaje tuvo un discurso totalmente político y de anuncio de ciertas medidas, y en modo alguno constituyó el rendimiento de cuenta de la gestión de gobierno desarrollada en el año anterior.

Dijo el presidente en su mensaje: Habrase visto, querer desconocer que hay una Asamblea bien constituida en la que la mayoría respalda el proyecto revolucionario, cuando lo cierto es que una Asamblea bien constituida es aquella que ejerce sus funciones de manera independiente, acatando la Constitución y el ordenamiento jurídico que la regula, y en igual sentido ejerciendo a cabalidad el control del Ejecutivo y de la gestión administrativa, haciendo valer la norma constitucional y exigiendo su respeto por parte de la autoridad controlada, en este caso, el propio presidente de la república.

La condición de parlamentarios les imponía a todos, afectos o no al partido de gobierno, exigir al presidente el rendimiento de cuentas en los términos previstos en la Constitución. Sin embargo, respecto a aquellos partidarios de la revolución, esta les impuso todo lo contrario, pues las normas ceden ante los hechos de quienes la conducen. Los de oposición, que se supone no se someten a las ejecutorias de una revolución que desconoce a su conveniencia el orden jurídico, lamentablemente limitaron su acción a una protesta sin efectividad alguna, con pequeños carteles, en lugar de mediante la acción parlamentaria exigir como punto de orden que se dejase constancia de la extemporaneidad del mensaje y de la impropiedad de su contenido, y de que en definitiva se expresase en la propia sesión e incluso antes o después de ella, que el presidente no permitió el control político de su gestión administrativa del año precedente, como ordena el texto fundamental.

Hubo ceremonia, hubo acto, pero no hubo aplicación real de la norma jurídica, toda una pantomima, pero, a diferencia del subgénero teatral británico, la nuestra no es comedia es, por el contrario, un verdadero drama.