• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Roberto Enríquez

Mediación internacional para Venezuela

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La arrogancia nunca ha sido buena consejera. Oír es una cosa y escuchar es otra decía un buen amigo campesino, de esos que tienen esa sabiduría que solometen en la piel los duendes de la naturaleza. “Cuando aprendes a escuchar el trinar de los pájaros y el murmullo de la tierra comienzas a entender la vulnerabilidad del ser humano”, escribió algún poeta.

Séneca dijo que “de lo malo no puede salir nada bueno”. Cuando se abusa permanentemente de un pueblo, nada bueno puede salir, y ese ha sido el pecado capital de las élites venezolanas desde hace mucho tiempo. Hoy, quienes gobiernan vuelven a encumbrarse en el mismo pedestal de prepotencia en el que se encaramaron los autócratas del siglo XIX y la mitad del siglo XX; y los últimos gobernantes de la gloriosa etapa democrática venezolana.

La crisis venezolana es de verdad, no es producto de algún laboratorio macabro de factura imperialista. Después de haber diezmado a nuestra población en medio de guerras, montoneras y escaramuzas estériles en el siglo XIX, se grabó en la conciencia colectiva la inutilidad de resolver nuestras diferencias a balazos. De allí, que el doloroso saldo humano que nos ha tocado sufrir a partir del 12 de febrero sea un golpe terrible a la vocación pacifica del pueblo venezolano. Quizá para quienes hoy gobiernan Venezuela 18 muertos no son gran cosa, a fin de cuentas, ellos aparecieron ante la opinión pública intentando tomar el poder con las armas; pero para el resto del país son muchos muertos.

El gobierno ha banalizado la crisis; para ellos, el problema no es tan grave porque los conflictos se han dado en 18 municipios, ¿es que acaso necesitan que la conflictividad se extienda a los 335 municipios del país para entender el asunto?, lo que hemos visto hasta el momento es apenas la punta del iceberg, aguas adentro de la sociedad venezolana hay un malestar proverbial que está buscando desahogo; y el Gobierno se niega a entenderlo.

El principal y más peligroso problema que estamos atravesando es que el pacto social que garantiza la Constitución a los venezolanos está roto. Hay un sector importantísimo de nuestra sociedad que se siente excluido del proyecto venezolano enmarcado en la Constitución Nacional. Por eso, Venezuela es una olla de presión. Es deber moral de una dirigencia responsable abrir la válvula para evitar que esa olla estalle. 

En la oposición veníamos debatiendo nuestras diferencias ante los ojos del país. Desde Copei fijamos posición clara en contra de la tesis del Plebiscito de finales de 2013 y su alter ego de la tesis de La Salida con que se nos madrugó en 2014. Así cada factor esgrimía sus argumentos para ir encontrando entre todos un rumbo estratégico común. Por su parte el Gobierno, le hacía una lectura equivocada a los resultados electorales de las municipales de 8 de diciembre, continuando con su asfixiante pretensión hegemónica e incapaz de descifrar el trágico laberinto económico en el que metió al país. Mientras tanto, ambos, gobierno y oposición, no nos percatábamos del movimiento telúrico que bajo tierra comenzaba a coger fuerza. Es entonces, como suele ocurrir en cada ciclo histórico terminal, cuando el estudiantado venezolano salió a la vanguardia tomando las calles en todo el país  el 12 de febrero.

La única manera de superar esta crisis  es reencausando al país dentro del marco constitucional. Y eso pasa por un diálogo sincero con resultados concretos; el diálogo hueco, los discursos para la galería serían una nueva frustración para nuestro pueblo. Un diálogo nacional que incluya a todos los sectores, estudiantes, trabajadores, magisterio, empresarios, la MUD y el Gobierno. Un diálogo que tenga como agenda los derechos humanos, sociales, económicos y políticos que nuestra Constitución le garantiza al pueblo venezolano. El único diálogo posible es en base al respeto e irrestricto cumplimiento de la Constitución; esa es la única forma de reconstruir el pacto social venezolano y evitar que esta olla de presión llamada Venezuela estalle.

En la MUD hemos actuado con responsabilidad, hemos condenado sin matices toda forma de violencia y hemos propuesto un diálogo con mediación nacional o internacional. En Copei preferimos que esa mediación sea internacional y proponemos un equipo mediador integrado por  El Vaticano, La ONU y en representación de Unasur al presidente Mujica de Uruguay. El diálogo debe darse con mediación por la sencilla razón de que no nos tenemos confianza. Desde el Gobierno nos acusan de estar tramando un golpe de estado, y desde la oposición estamos convencidos de que el Gobierno estámontando un modelo totalitario, con estos niveles de desconfianza, resulta evidente, que ese diálogo necesita mediación.

Por lo pronto, la protesta pacífica debe continuar, mientras más pacifica se sumará más pueblo, y mientras se sume más pueblo será más poderosa ¡Adelante!