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Heinz Sonntag

¿Marxismo-leninismo?

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La dupla indicada en el título está siendo usada casi siempre cuando se hace referencia a las bases ideológico-políticas de los regímenes surgidos a partir de la Revolución de Rusia en 1917. Insinúa que el pensamiento de Carlos Marx y el de Vladimir Iljitsch Uljanov, alias Lenin, tienen nexos epistémicos y teóricos que permiten el acoplamiento de los dos en un solo concepto. Sin embargo, la realidad es bastante diferente y la dupla una simplificación.

Empezamos por recordar que Marx, cuando Friedrich Engels le propuso que la base del Manifiesto Comunista de 1848 tenía que ser el pensamiento marxista, le escribió que no había creado ningún “ismo” en el cual pudiera encerrarse su obra y que esta era el análisis científico y crítico del desarrollo y funcionamiento económico, social y político del capitalismo. La teoría crítica de Marx como dialéctica se reconoce condicionada por la praxis, esto es: el movimiento real de la sociedad capitalista y como tal la expresión más consecuente del pensamiento sobre la realidad del siglo XIX.

Marx expresaba su creencia apasionada en el individuo y una profunda desconfianza en dogmas abstractos. No consideraba solamente el papel de la clase trabajadora ni la producción material un fetiche. Les dedicó especial atención a los sectores medios. Su preocupación por la economía fue un resultado de su pretensión de reducir el poder de la misma sobre la humanidad. Su materialismo fue compatible con convicciones morales y espirituales, razón por la cual veía al socialismo como suma de las herencias significativas de libertad, derechos civiles y prosperidad material.

Para citar a Teodoro Petkoff, “el socialismo no comenzó a aparecer por donde se le esperaba, en los países capitalistas avanzados, sino precisamente en los mas atrasados. El primer ejemplo fue precisamente el Imperio Ruso. Como dijera Marx, ‘la historia parece desenrollar su madeja por el otro extremo”. Aunque en la segunda mitad del siglo XIX había progresado la industria en ese país, su estructura económica era todavía predominantemente agraria. Como decía Lenin en 1897: “De los 125,6 millones de habitantes, 97% son población agrícola”. Aun en estas condiciones, la revolución había comenzado a principios del siglo XX, sobre la base de un desarrollo capitalista. Sin embargo, ambos cambios no habían podido transformar de manera trascendente las estructuras sociales y políticas del reino autocrático. Una capa amplia de clase media y pequeña burguesía prácticamente no existía.

Sin embargo, dentro de la sociedad existía un pequeño grupo que quería cambiar las estructuras sociales de su país, si era necesario a la fuerza: la intelligentsia. Aun con la rigidez de las estructuras políticas, este grupo empezó a crecer y a crear partidos y movimientos. El más importante fue uno que se parecía a la socialdemocracia, en el que jugaron papeles importantes Alexander Herzen y Georgi Plejanov. Lenin se afilió al grupo a finales del siglo XIX. Su primera contribución esencial fue el libro ¿Qué hacer? Allí modificó la unidad de la “teoría” y la “praxis”. Como abandona la fundamentación filosófica de la práctica y de la praxis, el leninismo no se puede entender sino solamente como una doble realidad dialéctica: por un lado como “teoría” (que se entiende como conjunto de instrucciones para la práctica) y por el otro como práctica revolucionaria misma. En otras palabras, Lenin, basado en ciertas afirmaciones de Engels, convierte la teoría crítica de Marx en un libro de enseñanza parar la acción. Esto es: Lenin modifica al pensamiento de Marx porque la práctica de la lucha revolucionaria lo obliga a modificar los conceptos de la teoría crítica de Marx y a llenarlos de nuevos contenidos. Esto implica que abandona la esencia humanista de la teoría crítica de Marx y la convierte esencialmente en un método.

Al proceder de esta manera, las expresiones de Lenin se modifican muchas veces según la situación en la cual son efectuadas. La mayoría de los trabajos de Lenin son “trabajos de ocasión”. Menciono tan solo un ejemplo: en 1916 publica un libro titulado Estado y revolución. En el mismo, siguiendo más a Engels que a Marx, argumenta en favor de la desaparición del Estado y de su sustitución por otras formas de organización política y administración de la “res publica”, a través de las comunas. En Febrero de 1917, en una conferencia ante los estudiantes de la Universidad de Swerdlow, insiste en la necesidad de un Estado fuerte para conducir el proceso revolucionario.

En fin, para Lenin son secundarias las condiciones económicas y sociales de la revolución, como las analizó Marx. La base de la revolución es amplificada por las condiciones políticas. Ciertamente, a Marx y Lenin les une la idea de la revolución, pero los separa – entre otras cosas – la imagen de las condiciones, las cuales deben estar dadas para Marx y Lenin pretende crearlas con la revolución política.

Que la dogmatización del “marxismo-leninismo” en varios sentidos fue fatal para el movimiento revolucionario internacional es hoy un hecho históricamente probado. Sobre todo la conjunción de dogmatización y papel dirigente de la Unión Soviética condujo a que la revolución mundial fuera puesta al servicio de la revolución soviética porque fue considerada como la materialización histórica del “marxismo-leninismo”.

¿Hasta cuándo entonces “marxismo-leninismo”?