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Marta Colomina

Maduro: despilfarro, crímenes y escasez

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¿No hubo nadie en el gobierno que advirtiese a Maduro que gastar casi un millón de dólares en su viaje a Moscú para “celebrar” los 70 años de la victoria de las tropas del sanguinario Stalin contra la Alemania nazi es una grave provocación a los venezolanos, en momentos en que nuestros enfermos se mueren por falta de fármacos porque no hay divisas para importarlos o producirlos y el pueblo se desespera en largas colas tratando de adquirir alimentos cada vez más escasos? ¿Ni siquiera un parlamentario rojo se atrevió a cumplir con su obligación de defender los intereses populares e intentó proponer un derecho de palabra para hablar de la inconveniencia de ese manirrotismo en un país endeudado, acosado por la criminalidad, la inflación más alta del mundo, la escasez y hasta falta absoluta de lo más necesario? ¿Qué cabe esperar de los apátridas rojos en la AN que niegan un debate sobre como Guyana se está apropiando del territorio Esequibo en reclamación, con la complicidad silenciosa de Maduro, en el que la exploración de la Exxon, contratada por el gobierno guyanés, ya encontró petróleo? ¿Cómo entender que ni una sola voz interna se haya atrevido a recordarle a Nicolás que en los primeros 4 meses del año ya ha dilapidado los 5 millones de dólares presupuestados para los viajes de todo 2015, sin contar esta visita a Rusia? Maduro ha salido del país ese año más de 12 veces sin ningún resultado favorable.

A cambio de mil millones de dólares en efectivo, el BCV empeña el ya escaso oro de las reservas para supuestamente pagar “importaciones” –muchas de las cuales no se realizan porque las divisas a 6,30 bolívares caen en manos a rojas de las empresas de maletín– mientras Maduro dilapida casi un 1 millón de dólares para hacerse una fotografía en Moscú con Putin y Raúl Castro. Las reservas en divisas del BCV alcanzan su mínimo en 12 años: 18.982 millones de dólares, de los cuales apenas 2.000 millones son líquidos. Durante 2015 el gobierno no ha liquidado ni un dólar al sector privado para sus importaciones, señal de que la escasez arreciará. El caos es tal que hasta el rojo Pérez Abad, presidente de Fedeindustria y miembro del Estado Mayor Económico pide a los empresarios que “usen la tasa Simadi porque los dólares baratos se acabaron”. Olvidó decir que se acabaron para todos a 6,30, menos para los rojos muy enchufados. La situación del sector privado de alimentos es tan crítica que Cavidea exige al gobierno pagar a los proveedores. “Nosotros no necesitamos divisas, lo que requerimos es materia prima e insumos para elaborar los productos. Los dólares no pasan por nuestras cuentas. Van directo a los proveedores en el exterior”, con los cuales tienen una deuda que sobrepasa los 1.000 millones de dólares. El control oficial del sector es abusivo: 5.000 fiscalizaciones recibieron las industrias afiliadas a Cavidea, y ahora con 3.815 Consejos Populares de Abastecimiento, muchos de los cuales, según queja rojita en las redes sociales, se dedican a matraquear a comercios e industrias. Los compradores pagan hasta 10 veces más a bachaqueros por productos regulados, de acuerdo con Datanálisis. Imaginemos dónde volarán los precios de los alimentos si se adquieren a la tasa Simadi de 200 bolívares por dólar y no del ilusorio 6,30.

El país está a la deriva: fallas eléctricas generalizadas, no por el calor, sino por falta de mantenimiento del sistema. No hay agua en varias regiones. Muchos hospitales solo atienden emergencias (escasez de medicinas alcanza 95% en hospitales, según la FMV). El despido en el sector automotor continúa y los cesantes podrían llegar a 100.000. Las denuncias internacionales sobre la violación de los derechos humanos continúan. Pdvsa ha sido devastada: hasta el punto de que “eleva ingresos por devaluación, financiando deuda y no por la venta de crudo”. El salario mínimo solo supera al de Cuba y es 6 veces menor que el de Bolivia. Los instructores universitarios ganan menos del salario mínimo. Los posgrados se quedan sin alumnos por falta de becas, y docentes y profesores anuncian conflicto si el gobierno no aumenta sus salarios. A este horror se une la corrupción de los hoy “boliburgueses” retratados en el banco andorrano y otros paraísos fiscales y la violencia desatada que no parece preocuparle a Maduro y su ministro del Interior, expresada en crímenes colectivos Misión Vivienda, 12 personas en fosa común en Ureña o las “Zonas de paz” que encubren el reinado de bandas delincuentes que cometen sus crímenes con total impunidad. Horrores que la censura y cierre de medios no pueden ocultar.

El senado de Brasil recién aprobó un voto de censura contra el gobierno de Maduro “por detención arbitraria de opositores”. Y enorme apoyo recibieron también Lilian y Mitzy en la Cámara de Diputados. Hasta el canciller brasileño dijo que su gobierno “espera que las autoridades venezolanas fijen cuanto antes la fecha de las elecciones legislativas, que aún se desconoce, a pesar de que deben realizarse este año”. “Injerencismo” que no amilana a la desprestigiada Tibi que sigue con sus trampas: aplaudió decisión de la AN de nombrar a dedo los diputados del Parlatino, aprobó la conformación fraudulenta de las circunscripciones y 992 nuevos centro de votación adicionales, que en su mayoría son “centros comunales” y otras maniobras delictivas, incluido el propósito de eliminar los cuadernos electorales de papel y sustituirlos por electrónicos. Los millones que vamos a votar en las parlamentarias, esperamos que la MUD contacte e informe a la ONU, UE y otros organismos internacionales que han mostrado su preocupación por la violación de derechos humanos en Venezuela, sobre las anomalías electorales que ha venido aprobando el CNE y se activen en la presión sobre el gobierno de Maduro para exigir unas elecciones limpias y universales.