• Caracas (Venezuela)

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Álvaro Requena

Marionetas ceduladas

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Es la descripción de un tipo de ciudadano automático, engrasado y obediente ejecutor de órdenes. Algunos lo verán como un insulto, otros como la definición de un jalabolas y habrá quienes se den cuenta, por primera vez, de que tales personajes existen.

Hasta aquí la descripción somera de un tipo de maquinaria de carne y hueso que decidió seguir la corriente de la vida parasitaria y obsecuente como alternativa al esfuerzo de ser independiente y autónomo en criterio y actuación, además de respetuoso de los valores, ideologías, pensamientos y actitudes de los demás. Personajes que consideran la intolerancia, el fanatismo y el sectarismo excluyente, como razones suficientes para justificar cualquier acto en contra del ciudadano, la Constitución y otras leyes. Ni que decir del abuso desde las posiciones de poder, de los carnets altisonantes o de los chantajes y otras penalidades injustas, corruptas y extorsionadoras, en uso corriente en los ambientes gubernamentales.

Puertos y aduanas, certificaciones, autorizaciones, compra de insumos para la construcción, licencias, pagos de deudas en monedas diferentes al bolívar fuerte, etc. Menciónelo usted y tendrá otro elemento más de entrabamiento y posible corrupción del otorgante o del facilitador.

Esa es la realidad que vivimos. Dinero fácil, habido por el camino del chantaje, la complicidad y el aprovechamiento de la debilidad del pagador.

También a niveles más profundos e íntimos se observa esa mecanización de la voluntad, manejada a distancia y premiada con promesas incumplibles, pero por lo mismo generadoras de fantasías inimaginables en el individuo orientado, inducido y finalmente “entubado” al uso de una libertad que ya perdió, para ejercer una voluntad que no es la de él, pues no tiene ni la posibilidad de generarla ante el influjo de estímulos comprometedores y chantajistas que le acosan. Órganos del pueblo que no son para él. Instituciones estadales que no tienen respeto por la Constitución que los creó. Representantes populares que obedecen a un mandante y una palabra que implica una acción que es irreal y abusiva: co-mandante. La palabra implica que mandamos juntos, pero no es verdad. Manda él, obedecemos todos, gústenos o no, estemos de acuerdo o no. Por temor o por respeto o yo no sé por qué, pero así es. Vemos la debacle y el abuso y seguimos, pasivamente, quejándonos y argumentando…

Los votos de la mayoría justifican el oprobio de la minoría y quienes hoy somos minoría, acostumbrados al respeto de las mayorías, luego de tantos años de vivir la democracia imperfecta que nos enseñó a padecer del instrumento con que hoy nos arropan y anulan, estamos como pajaritos en grama, picando y piando, con horizontes limitados y puras fantasías de corrección, respeto, aceptación e inclusión en el futuro de Venezuela.