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Eduardo Semtei

María Corina

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“Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo”, frase que se atribuye a François Marie Arouet universalmente conocido como Voltaire (1694-1778). Escritor y filósofo francés que figura entre los principales representantes de la Ilustración. Ya veremos las razones de la cita.

Cuando mis “años mozos” en el chavismo (por cierto, nunca congenié para nada con los jefecitos y menos con los jefezotes. no se tragaban mi independencia ni mis reclamos, recuerdo que siempre decía: “Vendo chaqueta roja con poco uso”), en otrora, comento, critiqué públicamente a María Corina. La acusaba de utilizar la plataforma de Súmate como un mero instrumento para incubar sus aspiraciones políticas. Le reclamaba que se lanzara al ruedo. Que asumiera su figura partidista. Que abandonara el cascarón electoral en donde hibernaba y fundara su organización. Ahora que María Corina es una dirigente política bien planteada. Con apoyos importantes. Con figuración internacional y con “aquellos” adminículos que Margaret Tatcher y Golda Meir exhibían en su intimidad, propios de otro género, no puedo menos que respetar su opinión, pero, sobre todo, defender su derecho de formular propuestas, fijar posiciones y promover políticas.

La democracia es fundamentalmente libertad. Debatir ideas para que sean juzgadas y ponderadas por el pueblo en su actividad deliberante y electoral.  Comparto las críticas y señalamientos formulados en torno a #lasalida.  Defiendo la tesis tantas veces expresada por Henrique Capriles y Henri Falcón. El camino es electoral. El diálogo es nuestro y necesario. No hay caminos cortos ni veredas violentas. Pero con igual o mayor empeño defiendo el derecho de María Corina de expresarse con libertad.

Algunos me dicen a voz queda y furtiva que la Machado tiene una agenda oculta. Si la tiene o no la tiene, no lo sabemos, por ser precisamente “oculta”, pero qué verdad tan simplona, es propia del doctor Pedro Grullo. De lo oculto no opino, pues no lo sé, pero de lo público y abierto, digo nuevamente que está dentro de su libérrisima gana y voluntad. No dudo ni por un instante de que participarán en las primarias para diputados y tienen todo su derecho, se lo han ganado. Tenderles emboscadas y trampas para que sus líderes no lleguen a la Asamblea Nacional es un chavismo de nueva cepa. Tampoco tengo dudas de que en las primarias para seleccionar nuestro próximo candidato opositor María Corina y Leopoldo López (insólito caso de presidio politiquero, pues se le acusa de tener pensamientos inconstitucionales, na’guará de abuso) se presentarán como una dupla presidente/vicepresidente. Y van a sacar votos. Y bastantes. No suficientes para ganarle a la posible combinación Capriles/Falcón.

Así que, amigos todos, no puedo reclamar ni criticar a María Corina sin antes abjurar, despreciar e indignarme por los atropellos descarados y miserables hechos contra ella, como son, entre otros, despojarla de su inmunidad y prohibirle salir del país. Prefiero la existencia de mil María Corinas debatiendo en la calle y defendiendo sus ideas a nuestras viejas amigas de la izquierda que callan y comen, que se arrodillan, que voltean para otro lado ante tanta corrupción, fracaso, exclusión y miseria. Que participan por acción o por omisión de un descalabro civil, de un hundimiento económico y de un salvajismo político.