• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Froilán Barrios

¿Mambrú se fue a la guerra?

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Los recientes anuncios de creación de milicias obreras y de armar a los trabajadores desde el Poder Ejecutivo, tienen el objetivo preciso de propagar cortinas de humo ante el tenso clima laboral presente en toda la geografía nacional y de controlar bajo la disciplina militar la protesta diaria por violaciones de convenios laborales y de los sindicatos.

Ahora bien, la iniciativa gubernamental no es nueva, desde el gobierno del presidente Hugo Chávez (2008) se anunció la creación de milicias en las empresas del Estado, ministerios e instituciones públicas, y se cuantificó a más de 200.000 trabajadores bajo entrenamiento militar ante probables invasiones del imperio, recordemos el cuento de la guerra asimétrica ante el posible asalto de las instalaciones petroleras de Paraguaná. De hecho, bajo el concepto de reservas, patrullas, milicias se organiza a trabajadores militantes del PSUV para impedir paros y justas movilizaciones de protesta por la creciente precarización laboral.

La política gubernamental no se detiene con medias tintas. Por la crisis en el sector eléctrico se decretó la creación de un Estado Mayor del Sector Eléctrico, y a la par se impuso la prohibición de la protesta por razones de seguridad. Aun cuando persiste transitoriamente en la LOT la figura de los directores laborales en el marco de la cogestión.

De allí que el armamento no es nada nuevo en sectores laborales. Veamos el caso en Guayana de la Muralla Roja; esta ha sido brutal contra los trabajadores y dirigentes sindicales de Bauxilum, Venalum, Ferrominera (2011). Así lo planteaba un militante de Control Obrero, al manifestar su desengaño por la actitud del presidente de Bauxilum y de la actual gobernadora del estado Monagas ante el personal golpeado, para luego festejar con parrilla la hazaña de enviar a la clínica a ocho de sus compañeros de trabajo.

Lo curioso es que en nombre del socialismo, la revolución y el obrerismo se ataca despiadadamente toda posición contraria a la aberrante política estatista de desconocer contratos colectivos, el diálogo sindical, desmantelar la prosperidad laboral, y se cataloga como privilegios de la burguesía y delito tener servicios de salud óptimos o institutos educativos de calidad para los hijos.

Este relato no es más que una anécdota de las que suceden a diario en las empresas del Estado, ministerios, alcaldías, gobernaciones oficialistas, donde a la vista de todos se implementa un proceso de militarización de las relaciones de trabajo, y todo transcurre como si fuera un proceso normal en la vida laboral de estas instituciones.

En resumen, el objetivo es anular con los conceptos militares la autonomía y la libertad sindical, esta establece el diálogo social, el reconocimiento igualitario de las partes para dirimir conflictos entre trabajadores y empleadores; la institución militar exige obediencia al superior. Aniquilar el potencial de los trabajadores y de los sindicatos es la estrategia, creando las SS sindicales y la farsa según la cual la lucha de las milicias obreras no es armada.

 

*Movimiento Laborista