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Martín Dinatale

Malvinas: más hechos, menos diálogo

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Como ocurrió pocas veces en un aniversario de la guerra de las islas Malvinas, en los últimos meses sucedieron muchos hechos en torno a la relación de Londres y Buenos Aires que obligan a mirar el conflicto desde otra perspectiva.

A 32 años de aquella lamentable guerra del Atlántico Sur la cuestión Malvinas se erige como un eje central no sólo de la política argentina, sino también de Gran Bretaña y de los propios malvinenses. A juzgar por los siguientes sucesos habrá que seguir con detenimiento varios acontecimientos:

  • El referéndum

 

El 11 de marzo del año pasado los malvinenses hicieron un referéndum para ratificar su continuidad como territorio de ultramar británico y, a partir de allí, empezaron a potenciar su estrategia diplomática en el exterior. En un intento por aglutinar la atención mundial y desestimar ese referéndum Cristina Kirchner comparó aquella consulta con la que se hizo recientemente en Crimea. Así, habló del doble estándar de Londres que avaló el referéndum de Malvinas y rechazó el de Crimea. Como respuesta, el gobierno británico dijo que a diferencia del referéndum de Malvinas "el de Crimea era ilegal, mal organizado, no representativo, injusto y en condiciones de interferencia directa militar externa". Quizás haya que remarcar, como lo han señalado varios analistas de política internacional, que los casos de Crimea y Malvinas no son comparables por una simple cuestión: la población del Atlántico Sur es implantada mientras que los habitantes de Crimea, que en su mayoría son rusos, viven allí desde hace miles de años. En tal caso, la decisión de Cristina Kirchner de reflotar ahora el referéndum que se hizo en Malvinas hace un año no hizo más que resaltar en la comunidad internacional una consulta que estaba olvidada y tuvo poca trascendencia mundial. ¿O acaso la Presidenta sólo usó como excusa esa idea del doble estándar del referéndum para alinear posiciones con Rusia?

  • Interés por América latina

Está claro que el apoyo que la Argentina cosechó en los últimos tiempos de la Unasur y de otros foros regionales latinoamericanos surtió un efecto práctico: muchos países acordaron no aceptar en sus puertos a barcos con bandera de Malvinas. Ante este hecho, la diplomacia británica hizo un giro y replanteó su estrategia hacia América latina. Gran Bretaña abrió varias embajadas en la región y reforzó el personal en otras. No sólo esto, el canciller británico William Hague expresó: "La retirada de Gran Bretaña de la región ha terminado, y ahora es el momento para un avance y vamos a tratar de establecer asociaciones intensas con los países de América latina". En el Foreign Office aseguran que este cambio de estrategia no tiene nada que ver con las Malvinas.

Sin embargo, lo concreto es que las autoridades de Malvinas usaron buena parte de la estructura de la diplomacia británica en América latina para atraer inversores a las islas. Así, una misión comercial del gobierno de Malvinas estuvo hace poco en Montevideo para "incrementar los negocios" entre los kelpers y Uruguay. "Le trajimos a las empresas uruguayas la expectativa que tenemos sobre el petróleo, para que sumen a los esfuerzos de incrementar la economía de las Falkland [Malvinas] en los próximos tres a cuatro años a través de la exploración y explotación de petróleo", confirmó Roger Spink, uno de los 14 integrantes de esa comitiva.

  • La ilusión de una mediación papal

Cristina Kirchner se ilusiona cada vez más con una mediación del Papa Francisco con Londres por la causa Malvinas. Así lo deslizó en su reciente visita al Vaticano. Para que no queden dudas de esa intencionalidad del Gobierno, el director de la Secretaría de Asuntos Relativos a Malvinas, Daniel Filmus, se reunió hace 10 días con el Papa y luego comentó: "Francisco insistió en la necesidad de avanzar en la búsqueda del diálogo y yo le manifesté justamente que para el gobierno argentino la única alternativa era seguir trabajando en el camino del apoyo al diálogo bilateral con el Reino Unido".

Mañana, la Reina Isabel II se reunirá con el Papa en Roma y en la Cancillería argentina ayer había esperanzas de que Francisco saque a relucir el tema Malvinas. Pero Londres ya tiene aceitado un discurso: "El Vaticano nos ha expresado con claridad, que su postura de larga data de neutralidad en este tema se mantiene vigente. Lamentaríamos cualquier intento de tergiversar la posición reconocida de la Santa Sede en este tema", expresó a LA NACION un funcionario de la diplomacia británica.

Está claro que la figura del Papa Francisco es un nuevo actor positivo que se suma en este conflicto, pero la pregunta que se reitera en el Vaticano es uniforme: ¿Se arriesgará un papa argentino a someterse a una mediación en la que pueda mostrar claras señales de parcialidad?

  • Nueva secretaría

La decisión del Gobierno de crear la Secretaría de Asuntos Relativos a Malvinas y poner a un hombre del kirchnerismo como Filmus también es una muestra de la Casa Rosada de querer potenciar toda la estrategia diplomática por las islas. Filmus no sólo recorrió el mundo con el mensaje de búsqueda de diálogo con Londres sino que desplegó una importante batería de gestos para que todo el arco político argentino se sume a esta causa.

  • La militarización

En los últimos meses creció en la Argentina el debate por la supuesta militarización británica en las islas Malvinas. De hecho, el canciller Héctor Timerman presentó una denuncia en la ONU para plantear el rechazo argentino a la militarización. Allí denunció que Londres envió un submarino nuclear, con capacidad para transportar armamento nuclear al Atlántico Sur. Gran Bretaña rechazó esa versión en forma tajante y planteó que "las sugerencias de que Reino Unido está militarizando la región son totalmente falsas".

Según datos oficiales del gobierno británico, actualmente la defensa de las islas Malvinas representa sólo el 0,5% del presupuesto total de Defensa del Reino Unido y menos del 0,1% del gasto público total. No obstante, el secretario de Defensa británico, Phillip Hammond, destacó: "Estamos comprometidos con la protección del derecho de los isleños a la autodeterminación".

Todos estos hechos ponen en evidencia que el conflicto abierto entre Buenos Aires y Londres que lleva 32 años no cierra. Por el contrario, los signos de acercamiento son cada vez más lejanos y peor aún: no hay muchos esfuerzos de ambas partes por incorporar en el debate a los malvinenses que hoy viven en las islas..