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Fernando Ochoa Antich

¿Hasta cuándo Maduro?

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El título de este artículo debió haber sido la famosa frase de Cicerón, el gran orador de la república romana: Catilina, Catilina, ¿hasta cuándo abusáis de nuestra paciencia? Lamentablemente, la demagogia comprometió la república y la condujo al imperio. Estoy seguro de que los venezolanos, en las largas colas que tienen que hacer diariamente para adquirir cualquier producto de primera necesidad, cuestionan con dureza el desgobierno de Maduro y, quizás, lleguen a pensar en esa frase. No es posible continuar aceptando las permanentes mentiras de unos funcionarios que, a través del abuso de la propaganda, tratan de justificar el inmenso fracaso del régimen. Hay que convencerse de la imposibilidad que existe de encontrarle solución a los grandes problemas nacionales mientras no se modifique totalmente la actual orientación ideológica imperante en este gobierno. La única manera de lograrla es a través de un profundo cambio político, que rechace el estatismo, el totalitarismo y reconozca el pluralismo democrático.

La estratagema del gobierno es clara. No podemos dejarnos engañar. Por un lado hablan los ministros mostrando la gravedad de lo que ocurre, y por el otro aparece Nicolás Maduro acusando a todo el mundo de los graves errores de su gobierno. Buenos ejemplos son: la bendita guerra económica y la supuesta amenaza del gobierno de Estados Unidos que, según la propaganda oficial, atenta contra  la estabilidad del régimen y la soberanía nacional. De todas maneras, es imposible ocultar la verdad de lo que ocurre: corrupción, inflación, escasez, inseguridad y más pobreza. Lo triste es conocer que más de un millón y medio de venezolanos, jóvenes y bien preparados, se han ido de nuestro país ante la imposibilidad de lograr un destino promisorio. Una tragedia nacional. Esta triste realidad debería movilizar a nuestro pueblo. Es un momento particularmente favorable para impulsar ese cambio político. La caída de la popularidad de Maduro es una realidad que está a la vista.

No es fácil movilizar a una sociedad que se encuentra sometida a la represión y al abuso de poder. El último artículo de Leonardo Padrón, “Perdigones en la cédula”, y la dolorosa pero gallarda historia de Ivonne, una valiente joven que no se doblega ante la tortura y la amenaza, me permitieron valorar la capacidad de lucha y la dignidad de  nuestro pueblo. Es verdad, que la rutina de la vida dificulta la acción política. Eso siempre ha sido así. De allí, la necesidad de que el liderazgo nacional, político y no político, logre crear un mensaje que produzca esperanza y fe en nuestro pueblo. De hacerlo, estoy seguro de que existirá una firme respuesta de los venezolanos. El resentimiento en contra del régimen madurista es una realidad que crece todos los días, en particular en la empobrecida clase media y en amplios sectores populares. La mejor demostración son las colas. Capitalizar ese inmenso descontento es el reto de la oposición. Obliga a una permanente protesta y a una constante movilización

La unidad, como paradigma, es una exigencia permanente para fortalecer la oposición. Construirla, en medio de la diversidad ideológica que caracteriza a los sectores democráticos, exige de una importante madurez en nuestro liderazgo y un constante esfuerzo de negociación. El “llamado a los venezolanos a un acuerdo nacional para la transición” realizado, en estos días, por María Corina Machado, Antonio Ledezma y Leopoldo López es un primer e importante paso en ese camino. Además, se da respuesta a una sentida exigencia de amplios sectores de la opinión pública que han planeado la necesidad de establecer una estrategia para enfrentar la inmensa crisis política, económica y social que vive Venezuela. Ojalá que esta invitación al diálogo sea recibida con amplitud por la mayoría de los sectores que constituyen la oposición. Lograr, con ese respaldo, un gran acuerdo nacional es el único camino posible para impulsar, dentro del marco constitucional, un verdadero cambio político.

fochoaantich@gmail.com

@FOchoaAntich