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Pedro Llorens

Maduro no vuelve a verde

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El musiú Marco Antonio Lacavalerie hubiera gritado: “¡Venga pa’ que los vea!”... Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, en una tribuna instalada en la plaza Caracas, rodeados de militares, con el puño izquierdo en alto (el ministro de la Defensa, Diego Molero, en primer plano), durante un acto con público, autobuses y todo lo necesario para una cadena de radio y TV, mientras el vicepánfilo garantizaba: “Jamás volverán a voltear sus armas contra el pueblo”. Lo hicieron hace 24 años con motivo del Caracazo y estuvieron a punto de repetirlo el 11de abril de 2002 por mandato de Corazón de Mi Patria (desacato del general Rosendo)… Y el jueves pasado lo estaban conmemorando (allá ellos), lo que no deja de ser raro, pero ¿por qué nombran una comisión para buscar culpables…?

Creo que fue Umberto Eco el que dijo: “Las pobres palabras de que está dotado el lenguaje natural de los hombres, no son suficientes para describir ciertas cosas…”, y eso lo hemos podido comprobar quienes, en algún momento, nos hemos creído capaces de poner en evidencia la maraña de embustes, artificios, cuentos, calumnias, trampas, tergiversaciones de este (perdón, el anterior) Gobierno, ante algún inocente, bien intencionado visitante.  

La oposición especula sobre la salud de Corazón de Mi Patria y con ello ayuda a mantener la estela sepulcral, macabra, mortuoria que flota sobre este país de mentiras... (“No son los muertos los que en dulce calma, la paz disfrutan de la tumba fría… muertos son los que tienen muerta el alma y viven todavía”, recitaba un amigo, conocedor del teatro romántico español, cada vez que se emborrachaba)… Mientras, en el partido de gobierno (PSUV, un esqueleto forrado de billetes) luchan a brazo partido los que pugnan por oficializar un desenlace cuanto antes y los que buscan mantenerlo (formalmente) vivo contra viento y marea (en lo que ya fracasaron los cubanos)…

En un mismo día se producen declaraciones pesimistas, casi de capilla ardiente y también mensajes de un optimismo desaforado como los del “oficializado” de Corazón de Mi Patria, que afirma haber conversado durante cinco horas con su comandante en jefe, sin que éste dejara de mostrar “un ánimo extraordinario”…

Quién quita que al vice de todos los vices le haya dado por identificarse con Hamlet (¡la cagada!): “¡Respóndeme, no me dejes estallar en ignorancia!… ¿Qué sueños podrán llegar en ese sueño de muerte, cuando nos hayamos desenredado de este embrollo mortal?”…

Lo único que queda claro es que plátano maduro no vuelve a verde.