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Eduardo Semtei

Maduro versus Maduro

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Tuve oportunidad de asistir a la grabación del programa de televisión de José Vicente Rangel entrevistando a Henri Falcón y a Aristóbulo Iztúriz. Tenía tiempo que no hablaba con Rangel, ya entrado en años. Anda por los 84, si no me equivoco. Perfecto ejemplo de quien más sabe por viejo que por diablo (no por ello menos diablo). Me pareció que el afrodescendiente se acaloró un poco, más de lo razonable, en la defensa ultra petita del gobierno. Si bien fue un debate “dialogante” los “dialogadores” no aterrizaron en propuestas concretas, digeribles, educadoras. El gobernador oriental se empecinó en darle un carácter suprapolítico, mientras que el centroccidental no pudo, por la dinámica descrita, describir la forma y estilo del gobierno que adelanta en el estado Lara y que buenos frutos le ha dado.

Es necesario aterrizar en estrategias concretas que gobierno y oposición puedan presentarle al país. La vaina anda fea. Una de las frases que dejó en claro el rojo rojito se refería a que Maduro había sorprendido a propios y extraños por su forma de gobierno y en el llamado al diálogo. Ambos entrevistados coincidieron plenamente. Este servidor cree que efectivamente el presidente dejó atrás el estilo de gerencia del fallecido primer mandatario. Maduro primero liquidó a sus más encendidos opositores a lo interno. Puso en su puesto a Diosdado al ascenderlo a capitán, pues entre líneas puede leerse que simplemente le dijo: Así como te asciendo te desciendo; así como te ratifico presidente de la Asamblea igual te puedo remover”. Y en cuanto al consejo de ministros, todos nombrados por Chávez, les pidió simplemente la renuncia, para luego, con algunos cambios, decirles a sus altos funcionarios: Así como yo nombro y designo, asimismo raspo a quien se insubordine. Entonces, en el primer strike, podríamos concluir que el Maduro alimentado por Chávez ya no existe. Hay un Maduro nuevo. Maduro viejo versus Maduro nuevo.

En materia económica también hay dos Maduros. Uno que defendía a ultranza las penalidades relacionadas con los llamados ilícitos cambiarios y otro que evidencia la insensatez de convertir en delincuente a todo aquel que, impedido de obtener dólares de Cadivi o Sitme, opte por negociar fuera del ámbito gubernamental las divisas necesarias para la marcha de sus negocios o para el disfrute de sus vacaciones.

Cómo olvidar el acto relacionado con el 23 de Enero; mientras el difunto obviaba discretamente todo lo relativo a grandes concentraciones para celebrar la caída del dictador Pérez Jiménez, seguramente por ser ambos de origen cuartelario, Maduro se lanzó un acto masivo de conmemoración de la derrota del mencionado general. Maduro militar versus Maduro civil.

Y llama poderosamente la atención lo relacionado con la inseguridad. La violencia. El crimen. No hay ninguna duda, así lo reconoció el propio Aristóbulo, que el gobierno alguna responsabilidad tiene en el “destape” de la violencia en Venezuela. Ahora bien, luego de definir tal culpa, el presidente Maduro convoca a una manifestación contra la violencia. Como bien decía Lucas Matheus en una reunión, el gobierno convoca a una manifestación contra el gobierno. Mayor vaina rara se haya visto. Maduro versus Maduro y sigue la cancioncita.

Apuntaban fuera de cámara que el efecto Daka fue una iniciativa electoral exitosa, que tomó a la oposición por sorpresa y la dejó un tiempo sin habla. Descolocada. Allí se le fueron unas cuantas alcaldías. Pero de la misma forma se concluyó, siempre en off, que aquel mes cuando se decretó la rebajadera y Maduro calculó una deflación de 5%, noviembre 2013, fue precisamente el mes en que la inflación alcanzó la cifra más alta 4,4%.  De manera tal que Daka no tuvo efectos económicos positivos y se limitó simplemente a un acto propagandístico. A fin de cuentas, en política, como suele decir un gran amigo, los únicos que no pueden verse en una mesa de negociación son los ciegos. Saludos.


  @ssemtei