• Caracas (Venezuela)

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Freddy Lepage

Maduro, el profeta…

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Maduro, poco a poco, se va convirtiendo en profeta del desastre nacional. Y, después de la presentación de la Memoria y Cuenta (?) ante la Asamblea Nacional, también, en un erudito en materia de citas de todo tipo, condición que no le conocíamos antes. Pero bueno, son cosas de los asesores y escribidores de discursos que en Estados Unidos llaman “speach writers”, trabajo, por lo demás, muy bien remunerado por esas latitudes.

La inspiración divina comenzó cuando lanzó, en un arranque de demagogia y populismo aderezado con arrestos de dominación, esa especie de decreto de “guerra a muerte” contra los comerciantes (los trabajadores y los especuladores boliburgueses juntos) arengando a la población para que dejaran los anaqueles de las tiendas de electrodomésticos y línea blanca vacíos. Pues bien, esa suerte de “mandato” apoyado por las bayonetas (o mejor, por fusiles de guerra) para resguardar le “paz y el orden”, mientras angustiados compradores hacían larguísimas colas con números en los brazos como señal de haber llegado primero, se va convirtiendo por arte de la cruda y mostrenca realidad en una especie de profecía perversa.

Ya no solo están vacíos los anaqueles de Daka y otros negocios similares, sino también y para desgracia de todos, los de los supermercados, las panaderías y ventas de alimentos. Esto, sin contar las faltas de repuestos de toda índole y, algo peor aún (en esta revolución siempre hay algo peor), las necesarias reposiciones de equipos médicos y de medicamentos que ponen la salud de los venezolanos en riesgo. Practicarse un examen de laboratorio se convierte en una lotería habida cuenta de que no se consiguen muchos de los reactivos necesarios.

Para las amas de casa obtener los productos básicos se ha convertido en un humillante vía crucis que depende del azar, de que se corra la voz de que llegó harina, aceite, azúcar, leche o papel tualé a algún establecimiento. Claro, estos bienes ni siquiera tienen tiempo de ser colocados en las estanterías, sino que son descargados directamente al piso para que cada quien se las apañe como pueda, luego de una larga espera. A esta pesadilla hay que agregarle la ausencia de partes para computadoras, impresoras, celulares y artículos de higiene y uso personal…  

Ojalá, amigo lector, no corra con la mala suerte de que su vehículo se quede sin batería o falle por alguna causa. En este caso, sus penurias serán similares, no obstante, la revolución le puso la mano a las fábricas de acumuladores. Las carencias de suministros son el pan nuestro de cada día (aunque ya esta frase tampoco podrá ser de uso habitual). La escasez de autopartes ha llegado a tal punto que los talleres mecánicos tuvieron que dar vacaciones colectivas hasta nuevo aviso.

La sequía de divisas (aunque el régimen no lo reconozca) y las indefiniciones gubernamentales han trastocado la vida del ciudadano común, de la gente de a pie. La incertidumbre y la zozobra no solamente se han apoderado de empresarios grandes o medianos, sino también de bodegueros, carpinteros, peluqueras y de todos los que tienen un pequeño comercio. Viajar es una odisea y un tormento, y ni hablar de los estudiantes que se están formando en el extranjero que han quedado abandonados, a la buena de Dios.

Ya ni siquiera se consiguen bombillos, hojillas de afeitar ni servilletas. Esto, literalmente, se lo llevó la inflación, la corrupción, la especulación y el desabastecimiento. Al profeta Maduro le toca un 2014 bien complicado. ¿Podrá salir de este atolladero, de este caos?, parece muy difícil. Si las cosas siguen como están no habrá diálogo que valga. Estamos en conteo regresivo… Sálvese quien pueda.